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El crudo séptimo año del padrecismo

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El periodo del gobierno del Estado, legalmente, termina cada seis años. Durante su mandato el gobernante en turno disfruta de aprobación, dependiendo su desempeño, apoyo empresarial, medios de comunicación, y sociedad en general.

Pocos se preparan para el séptimo año: Cuando dejan el poder. Sin gobierno, sin dinero público que administren, sin empresarios a su favor, los gobernantes pasan a ser un político más de la lista: toca el tiempo del juicio ciudadano, mediático, y, ahora, penal. Es lo que está pasando con el padrecismo.

El arrebato

El estilo personal de gobernar del padrecismo, el grupo dogmático que hizo del servicio público un servicio personal y de negocios, fue el arrebato. Se trató de un sistema de gobierno basado en tomar decisiones impulsivas, no pensadas, viscerales, maniqueas (dividían a aliados y “enemigos”), no estratégicas. Era una administración reaccionaria; persecutora contra quien se atreviera a pensar distinto.

Postgolpeteo

Ya fuera del gobierno: El primer error fue de Jorge Morales, el exsecretario de Comunicación Social. Creó un medio de comunicación para cuestionar, día y noche, a la administración priista, a la gobernadora y su familia, a todo lo que oliera a PRI. Lo hizo con el garrote padrecista: Enrique Montejano, subsecretario de Comunicación Social, encargado de golpear a medios de comunicación, la imagen grotesca y repulsiva que cuestionaba a los priistas. Creyeron que seguía la campaña. Burdamente.

Postdifamación

Javier Alcaraz, Víctor Alcaraz y Vicente Sagrestano, se dedican a practicar su especialidad: La difamación en redes sociales (Twitter, WhatsApp). Apoyados con sus cercanos colaboradores, vestidos de troles, siguen cuestionando a medios, inventando falsos en salidas de comunicadores, quieren en cada río revuelto, ganar como pescadores. Pero lo que siguen acumulando es el repudio social. En los tres casos hay investigaciones por malos manejos en sus dependencias.

Postprotagonismo

No sé a quién del PAN se le ocurrió que un exservidor público cuestionado, como Carlos Navarro, podía ser su abogado. La Fiscalía Anticorrupción ha evidenciado que cerró denuncias de corrupción. Dio carpetazo en casos que debió haber investigado.

Postceguera

Guadalupe Ruiz, la excontralora panista, se convirtió al padrecismo: twittea, reclama, cuestiona y habla como ellos. Sin haber castigado a un sólo funcionario de alto nivel, al fallar en la rendición de cuentas, en la red social sólo acumula más y más rechazo.

Agustín Rodríguez, la imprudencia

Sorprende la actuación del exsecretario particular. A su favor está que sí advirtió y señaló a Guillermo Padrés sus errores: no fue escuchado. Presentó su renuncia para que el exmandatario removiera al resto del equipo y tampoco le fue aceptada. Era el más prudente de todos. Pero, desesperado, ha traído al panista de las causas perdidas, Federico Döring, a pelear contra el Estado. Rudeza innecesaria.

La provocación…

Ha sido el regreso de Guillermo Padrés como operador electoral en las elecciones de Puebla. El partido y la campaña se deslindaron, pero sí está como asesor del panismo allá. Es difícil entender que ya pasó su momento. No es ahorita. Tal vez si logra salir libre de todas las acusaciones. Mientras, debería, y deberían, guardarse algunos años.

La cruda realidad

El servidor público debe tener un ejemplar desempeño en su ejercicio, pero, debe preocuparse y ocuparse por cómo dejará su puesto. Hoy el padrecismo vive el séptimo año: Sin poder. Las diputaciones no son suficientes. Hoy sienten la persecución penal histórica de un gobierno, que, pese a fallas que ha tenido en algunos procesos, es real su intención de que alguno de ellos vaya a la cárcel.

Es momento de no hacer sombra, de prudencia política, mesura, autocrítica profunda, de analizar el futuro, pero 3 o 6 años después. No ahorita. Cualquier cosa que hagan desde el Palacio de Gobierno se encargarán que no les salga bien. Y los actuales priistas en Palacio deberán entender que, con la vara que miden, serán medidos. Como ven a los padrecistas, ellos se podrán ver si hacen lo mismo. ¿Se entendió la lección en la clase política sonorense?

Luis Alberto Medina es periodista; director de Proyecto Puente, en Radio Fórmula Sonora; Premio Nacional de Periodismo 2014; colaborador de Denise Maerker, columnista en periódico El imparcial y coordinador de la Licenciatura de Periodismo en la Universidad Kino. @elalbertomedina

(Columna tomada de periódico El Imparcial).

Acerca del autor

Luis Alberto Medina es periodista, director de Proyecto Puente noticiero por internet y en Megacable; Premio Nacional de Periodismo 2014. Colabora con Denisse Maerker en Atando Cabos; con Carmen Aristegui, El Imparcial y Animal Político.

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luisalberto@proyectopuente.com.mx

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