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¿Piensas que los políticos son corruptos? Lee esto

Tania del Río

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Publicado originalmente en Voices of  Youth

¿Qué harías si tu hija o hijo te dijera que quiere ser político? Si te pareces a la mayoría de los estadounidenses, harías lo posible por conseguir que cambiara de opinión.

La fracción de los encuestados por Harris Poll que consideran que la ocupación de “legislador” goza de nulo prestigio en Estados Unidos ha aumentado en un 118% en los últimos 15 años.

En México, donde no medimos el prestigio ocupacional de manera sistemática, uno de los pocos estudios al respecto revela que para los jóvenes universitarios mexicanos, la ocupación de “presidente de México” se considera menos prestigiosa que la de arquitecto, médico, científico, dueño, director o incluso gerente de empresa, ingeniero petrolero, odontólogo, entre otras varias.

Ojo, no me refiero a la persona que ocupa el cargo, sino a la ocupación en sí. El quehacer político va en decadencia en las mentes de los ciudadanos.

No se necesita ser un genio para explicar el caso mexicano. México está reprobado con 3.5 de calificación en el tema de corrupción, según Transparencia Internacional. De los mexicanos encuestados, el 91% considera corruptos a los partidos políticos, el 83% a los diputados  y senadores y el 87% a los funcionarios públicos. Nos afecta a todos.

La corrupción nos roba dos puntos del PIB nacional. A los mexicanos nos indigna profundamente que nuestros impuestos financien las actividades ilícitas de algunos políticos que actúan sin integridad.

Comprendo entonces que los padres de familia busquen mantener alejados a sus hijos de ese ambiente lleno de lodo. Entiendo al profesionista recién graduado que opta mejor por trabajar en el sector privado. Si en la política sólo hay corruptos, ¿a quién se le ocurriría meterse ahí?

En este texto quisiera invitar a los lectores jóvenes a considerar justamente eso, ingresar en la política. No es locura. Consideren este punto que me explicó un gran profesor.

Él cuenta la historia de un exalumno que se quejaba de la corrupción en su país y le decía que para realmente ayudar a la sociedad, era mejor hacer tanto dinero como Bill Gates y después destinarlo al trabajo comunitario o hacer donaciones para diferentes causas.

El profesor le preguntó si conocía el valor de la fortuna de Gates, estimada en 79 miles de millones de dólares. El alumno lo conocía y observó que se puede lograr mucho con esa cantidad. El profesor a continuación le preguntó cuál era el presupuesto anual del gobierno estadounidense; el alumno no lo sabía.

Resulta que el presupuesto anual es de 3.68 billones de dólares, 46 veces más cuantioso que el valor de Gates. En apenas ocho días, el gobierno de Estados Unidos se gasta una cifra equivalente a la fortuna que le tomó toda su vida acumular al fundador de Microsoft.

Traslademos este cálculo al caso de México. Nuestro empresario más rico ha logrado amasar una fortuna de 72 mil millones de dólares.

El gobierno mexicano, con su presupuesto anual de 157.5 miles de millones de dólares, se gasta ese dinero en seis meses. Y si pensamos que el ‘Chapo’ Guzmán es poderoso, pensemos que el gobierno se gastaría su fortuna entera en tan sólo dos días. Eso es poder.

Dividiendo el presupuesto entre los 500 diputados que lo aprueban, encontramos que el peso de cada voto es cuatro veces mayor que la fortuna entera de Slim. ¿No les parece importante controlar quién está tomando decisiones de tan alto impacto para el país?

Si la gente honesta no le entra, ¿quién queda? Los que desvían recursos, endeudan a sus estados, se enredan con el crimen organizado, la lista es larga.

Afortunadamente, ya han surgido jóvenes como Pedro Kumamoto, que en 2015, a sus 25 años, fue electo como diputado local independiente en Jalisco. Tiene razón cuando señala que los jóvenes tienen un tercio de la responsabilidad del futuro del país, proporcional a la fracción de la población que conforman.

“Creemos que la política la debemos de tomar en nuestras manos y que debemos de empezar a involucrarnos en la toma de decisiones pública,” le dijo a Jorge Ramos. Estoy de acuerdo.

El rumbo de México puede cambiar para bien si producimos más Kumamotos que se lancen al ruedo. Ojalá surja una joven candidata independiente, ojalá algún rarámuri o tzotzil, ojalá haya afromexicanos. Y ojalá sean muchos. Solo así podemos vernos realmente representados en nuestro Congreso o por qué no, en nuestra Presidencia.

Podremos quitarle el estigma a la profesión del político, cuya gran belleza radica en la posibilidad de mejorar las vidas de otros. Tendremos a los políticos que describía Weber, que viven por la política y no de ella.

Tania Del Río Solórzano estudia la maestría en políticas públicas en la Universidad de Harvard. Tiene más de cinco años de experiencia en política exterior. Su pasión es encontrar maneras en las que el gobierno puede mejorar su capacidad de servir a los ciudadanos. Es deportista y mamá.

Acerca del autor

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Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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