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Los riesgos que amenazan a los niños en el ambiente familiar

POR Sergio Oliver

Nuestros niños y jóvenes viven básicamente en tres ambientes: familia, escuela y tránsito entre hogar y escuela, en estos ambientes están expuestos a diferentes situaciones de riesgo y en diferente proporción dependiendo de varios factores.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define familia como “los miembros del hogar emparentados entre sí, hasta un grado determinado por sangre, adopción y matrimonio. El grado de parentesco utilizado para determinar los límites de la familia dependerá de los usos a los que se destinen los datos y, por lo tanto, no puede definirse con precisión en escala mundial”.

La familia es el grupo primario de pertenencia de los individuos. En su concepción más conocida está constituida por la pareja y su descendencia.

Desde una visión objetiva se puede decir que la familia es el mejor lugar para que el niño se sienta querido. Los padres son una constante a lo largo de la vida de cualquier niño, por lo tanto, la familia es uno de los factores que más influyen en su futuro. Los apegos que los niños desarrollan con sus padres y hermanos generalmente duran toda la vida y sirven como modelos de relación a lo largo de su desarrollo.

La OMS hace mención que para tener un buen futuro de las sociedades humanas es fundamental que los niños y jóvenes puedan alcanzar un crecimiento físico y un desarrollo psicológico óptimo.

Sin embargo no por ser considerado uno de los ambientes más seguros para el desarrollo óptimo del niño o del joven este ambiente estará exento de peligros.

Las investigaciones realizadas durante las últimas dos décadas han tratado de determinar cuáles son los factores de riesgo que el niño puede encontrar en su propio hogar, entre los principales podemos mencionar: la conducta agresiva precoz, la falta de supervisión de los padres, el abuso de sustancias, disponibilidad de drogas y sin duda uno de los más fuertes es la pobreza.

Por lo tanto podemos considerar que las familias de riesgo serían aquellas que presentan unas características formales y/o sociales de inestabilidad, desestructuración y falta de seguridad que facilitan una inasistencia en las necesidades de los menores que conviven con ellas. Entre éstas se destacarían los factores siguientes:

* Familias desestructuradas (por separación, abandono, muerte).

* Familias monoparentales con cargas económicas y responsabilidades familiares no compartidas.

* Conflictividad permanente en el hogar (riñas, peleas).

* Conducta anómala en algunos de los miembros de la familia (alcoholismo, drogadicción, delincuencia, prostitución….)

* Presencia de enfermedades mentales o crónicas en la familia.

* Inestabilidad emocional de la familia.

* Falta de competencia y habilidades sociales de los padres para la crianza y educación de sus hijos.

* Excesivo número de hijos, o hijos no queridos.

* Falta de recursos económicos y culturales para hacer frente a las necesidades básicas de la familia.

* Inmadurez, familias muy jóvenes (madres adolescentes).

* Aislamiento social, falta de relaciones sociales y redes de apoyo.

* Historia personal de maltrato o abandono infantil.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), menciona que a pesar que la educación resulta ser una piedra angular en el desarrollo de la población y que constituye un derecho que tienen todos los niños y niñas, aún no se logra una cobertura universal. Conforme a los resultados del censo, en Sonora 4.6% de los niños y niñas de 5 a 14 años no asiste a la escuela.

Los factores que inciden en esta situación son múltiples, aunque destacan los de carácter familiar y los económicos, siendo los más vulnerables aquellos niños y niñas que se encuentran en los estratos sociales más pobres.

Un ejemplo  se puede ver en casos de niños que por cuestiones económicas no se alimentan en casa, por tanto andan todo el día en la escuela con el “estómago vacío” y no se pueden concentrar, ya que la nutrición es uno de los factores que se encuentra más íntimamente relacionado con la salud.

La nutrición fomenta el equilibrio, tanto de las funciones psicológicas simples como de las complejas (aprendizaje, memoria, motivación y percepción).

Junto a estos déficits de tipo económico o de irresponsabilidad familiar, es importante visualizar las carencias de tipo psicológico que son extremadamente  decisivas para la formación de la personalidad y de su futuro social.

Así pues podemos llegar a la conclusión de que si en el ambiente familiar del niño se llegan a propiciar alguno de los factores antes mencionado es muy probable que esto afecte directamente al bienestar del niño, tanto en lo personal, en sus relaciones y sobre todo en la educación.

Por esa razón considero importante la inclusión de programas psicológicos de apoyo a través de profesionales que de forma permanente atiendan a los niños de educación básica en nuestro Estado de Sonora.

Sergio Oliver Burruel es Master en salud mental y educación UNAM-Unison. paecoliver@gmail.com

Acerca del autor

Sergio Oliver Burruel es Master en salud mental y educación, UNAM-Unison y presidente de la Asociación Sonorense de Psicología Aplicada A.C. (ASPA). FB. Psic. Sergio Oliver

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paecoliver@gmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

1 Comentario

  • ROSARIO dice:

    Las carencias de tipos psicológico son extremedamente decisivas para la formación de la personalidad y de su futuro social, coincido profundamente con usted colega los factores psicológicos que se deslinden en cualquier área del individuo es piedra angular para su formacion su habitat su camino, su vida.

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