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El poder sin límites de las redes sociales

Luis Alberto Medina

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Literatura que advertía. Eric Arthur Blair, conocido bajo el seudónimo de George Orwell, escribió en 1948 que un gobierno totalitario nos vigilaría.

En 1949 se publicó en Europa su obra, “1984”, que describe “El gran hermano”. Pero se refería a un sistema de gobierno que todo lo veía, escuchaba y vigilaba.

En el libro aparece, incluso, la policía del pensamiento que asediaba a los ciudadanos en sus acciones e hijos que vigilaban y denunciaban a sus padres.

Blair vio nacer a la televisión y la radio como instrumento ideológico en la Segunda Guerra Mundial. Predijo lo que podría venir.

Durante décadas el libro fue motivo de debate internacional. Se equivocó en la fecha en que llegaría la hipervigilancia oficial, pero no en el fondo.

Pero lo que no dijo Orwell es que eran los ciudadanos los que ejercerían la vigilancia desde un celular, computadora, con tener activada una red social en Twitter o Facebook, los que portarían el poder en el futuro.

El italiano Giovani Sartori describió la videosociedad en su célebre libro “Homo Videns”, que hablaba de la sociedad teledirigida por la televisión, que crea personas desarrolladas en la imagen y video, y de la videopolítica, de los candidatos y gobernantes de imagen, sin preparación, como forma de gobierno.

Fue en 1997 (Taurus) cuando advertía de la revolución digital que se venía y los riesgos que representaría. Pero no hablaba de las redes sociales digitales.

El poder del celular…

El poder de las redes sociales no tiene límites. Han llegado para cambiar toda la vida del ser humano.

La comunicación, convivencia, formas de trabajo, estudio. Han modificado la forma de gobernar y protestar.

Su efecto es sistemático en toda la vida institucional, pública y social. No hay nada que las detenga.

Hoy cualquiera que tenga un celular o teléfono inteligente, puede protestar, señalar, criticar, blasfemar, insultar, proponer, elogiar, comprar, ligar, aprender, con sólo tener Internet, grabar y fotografiar lo que pueda.

Y también satisfacer placeres visuales, sexuales, culinarios. Conocer el mundo, sin necesidad de viajar. Todo está en Internet. El escritor colombiano, Gabriel García Márquez, decía que todos tenemos derecho a una vida pública, privada y secreta. Hoy se perdió.

El poder del Facebook

Frédéric Martell, investigador francés, publica en su libro (Taurus, 2014), llamado “Smart: Internet (s), la investigación”, que Facebook es utilizado por uno de cada siete habitantes del mundo.

En cuatro años que llevo dirigiendo contenidos de Internet, la estadística de consumo digital en páginas web es que ocho de cada 10 sonorenses, ingresan a las noticias por Facebook desde su celular. El 80% de la población. La mayoría. Un nivel de penetración de la misma radio, que es considerado el medio más accesible para la población porque la mayoría de la gente tiene un radio en casa o su auto; hoy en el teléfono, también.

Vivimos en una era de la información y transparencia que no está siendo comprendida y nos genera muchos dolores de cabeza. Más a los gobiernos y a quien se ve envuelto en un escándalo por ser grabado y captado en alguna circunstancia incómoda.

Pero la privacidad se ha perdido. Por más candados que le pongas a tu cuenta de Facebook, Instagram o Twitter, si tienes 10, 20, 50, 100 seguidores, tienes la misma cantidad de oportunidades para que tu foto, video, comentario que pongas en tus redes, sea compartida por tus seguidores.

Los que estamos expuestos públicamente sabemos que toda persona puede opinar, señalar y cuestionar, también, desde una cuenta falsa.

Los riesgos…

Le pasó a la maestra Clarisa de Cajeme, al colega Sergio Romano; a los jóvenes del antro en Hermosillo: fueron linchados en las redes sociales por errores que cometieron. Fueron llevados a juicio público.

Todos se convierten en expertos en temas de violencia, moralidad, adicciones en redes sociales.

El juez que llevamos dentro sale para emitir juicios comparativos, ofensivos y denigrantes. Nos hemos vuelto implacables. No dejamos pasar nada. En el Twitter y Facebook todos somos iguales.

Esto apenas empieza. Ha llegado el momento de la conciencia y responsabilidad: Cuidarnos en lo que hacemos, decimos y ponemos en nuestras redes sociales fuera del trabajo, en el restaurante, donde andemos, sabremos que alguien nos puede estar vigilando y no es el gran hermano.

Luis Alberto Medina es periodista; director de Proyecto Puente, en Radio Fórmula Sonora; Premio Nacional de Periodismo 2014; colaborador de Denise Maerker, columnista en periódico El imparcial y coordinador de la Licenciatura de Periodismo en la Universidad Kino. @elalbertomedina

(Columna tomada de periódico El Imparcial).

Acerca del autor

Luis Alberto Medina es periodista, director de Proyecto Puente noticiero por internet y en Megacable; Premio Nacional de Periodismo 2014. Colabora con Denisse Maerker en Atando Cabos; con Carmen Aristegui, El Imparcial y Animal Político.

Correo Electrónico

luisalberto@proyectopuente.com.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

3 Comentarios

  • Carlos Francisco Félix Durazo dice:

    Mi estimado Sr. Medina:
    Su nota muy acertada y muy cierta: Esto apenas empieza. Ha llegado el momento de la conciencia y responsabilidad: Cuidarnos en lo que hacemos, decimos y ponemos en nuestras redes sociales fuera del trabajo, en el restaurante, donde andemos, sabremos que alguien nos puede estar vigilando y no es el gran hermano.
    Pero se ha quedado Usted MUY CORTO en sus apreciaciones: desde el punto de vista ECONÓMICO que es uno de los parámetros más importantes de la Economía Familiar, Municipal, Estatal, Nacional y Mundial las Redes Sociales junto con el Internet serán las principales herramientas para mejorar la economía por esos medios y el “Apalancamiento”
    Espero su Acertada Opinión, las gracias Anticipadas.

  • Carla dice:

    Pero no hables de establecer restricciones, o normativa al uso de redes sociales porque te etiquetan como un represor de la libertad de expresión… Y no será sino hasta que un número importante de la sociedad empiece a sentir los estragos de una cruda moral cibernética, cuando tomemos conciencia de la necesidad de establecer límites… Tu derecho termina en donde comienza el mío… Derecho de audiencia, constitucionalmente reconocido, saber quién me acusa para poder defenderme, violado diariamente en redes sociales… Al “fingir” la sociedad como juez, parte y verdugo.. Los troles las principales armas

  • samuel dice:

    Lo que muchos no saben es que alguna de las apps que bajamos por Internet recaban datos sobre nosotros, incluso pueden activar el micrófono de el celular y mandar audio para que nos espíen

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