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En poblado Miguel Alemán hay niños que comen solo una vez al día, y es gracias a la iniciativa privada

POR Luis Angel Carlin

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Calles de terracería en mal estado, fugas de agua, encharcamientos, maleza, conexiones eléctricas irregulares en casas de adobe, es el entorno en donde viven los niños orginarios o migrantes en Miguel Alemán. Es común verlos en las calles descalzos y con poca ropa, visiblemente mal aseados y solos.

La falta de empleo, educación y el consumo de drogas, son los principales problemas en las familias que han colonizado las periferias en el poblado rural de Hermosillo, según relatan los propios vecinos, originando con ello una comunidad infantil con carencias, principalmente la alimentación.

En un recorrido que realizó Proyecto Puente se tuvo acceso a una de las casas de adobe y material que se encuentran en esta comunidad, a solo una cuadra de donde se anunció la construcción de un albergue para niños migrantes por parte del gobierno del Estado. Ahí vive José Hernández, quien con su familia lleva 15 años en el lugar. Él relató que hay muchas necesidades en ese sector y confesó que ninguno de los niños que habitan en ese lugar va a la escuela, ¿la razón? dijo que les queda muy lejos, además, no cuentan con documentación, como actas de nacimiento.

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“Necesitamos escuelas, albergues, siempre ocupamos, el centro está lejos, un albergue por acá cerca quedaría mejor porque estamos más cerca, para no ir hasta allá”, relató el hombre de 31 años de edad.

Es originario de Puebla, aseguró que nunca han recibido la visita de algún funcionario público o representante de alguna dependencia para ofrecerles ayuda. Trabaja de jornalero y es prácticamente el único sustento de una familia de seis adultos y siete niños, algunos originarios del estado de Oaxaca.

En la zona se ubicó un desayunador donde se ofrece comida gratuita para los menores cuyos padres -la mayoría- no tienen alimentos que ofrecerles.

Muchos son los niños que nacieron en el poblado, sus padres migraron de estados que se encuentran en el centro y sur de la República Mexicana, llegaron en busca de una mejor calidad de vida con mejores oportunidades de trabajo.

Comedores comunitarios alimentan a menores, es lo único que comen al día

Hay otro lugar, donde se encuentra un comedor comunitario que hasta hace pocos meses operaba de manera independiente. Por casi seis años todos los recursos económicos para brindar alimento a un grupo de niños migrantes salió del bolsillo de Anselmo. Un hombre que decidió no ser indiferente ante la situación por la que atraviesan los menores.

“A veces ve uno tanta pobreza aquí en la Costa y ver tanto niño que sufre por frío, por hambre, verlos descalzos, es muy triste no voltear a ver esa pobreza que ellos tienen, sufrimiento inocente, y yo pues me sentía mal y me he sentido mal arroparme con cuatro, cinco cobijas cuando hay tantos niños que sufren mucho, y pues Dios me da la oportunidad de mi trabajo y pues sacó mis mejores esfuerzos para echarles la mano cuando puedo, y hasta donde puedo”, relató.

El fundador del comedor, relató a Proyecto Puente que hay casos de niños que los únicos alimentos en el día son los que ingieren en sus instalaciones, se trata de niños de familia de migrantes que viven en extrema pobreza.

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“Y es que aquí en esta área, si usted voltea a ver, mucha gente duerme en el suelo, con una sabanita, y pues no tiene que comer, hay gente aquí que la única comida que come en el día es la que come aquí”, aseguró.

Durante el tiempo que ha estado operando el comedor, Anselmo ha conocido muchas historias que lo han marcado, como la de una madre de familia, que lleva a su única hija al comedor, una niña de tres años de edad, ambas viven en el interior de las ruinas de una casa abandonada, sin techo, sin cama, sin nada.

“Ayer me tocó visitarla y llevarle un catre al monte, allí donde ella vive, y me impresiona tanto que en la mañana platicaba con ella y me decía que se cayó del catre porque no sabe dormir en el, ella y la niña, y así, muchos niños huérfanos, que viven solos, que los padres los dejan solos tres cuatro días, pues sabe qué problemas tendrán pero así viven muchos niños, y como le digo es la única comida que comen ellos aquí”, explicó.

Proyecto Puente acudió al lugar para corroborar las condiciones en las que viven y conocer su historia, pero no se encontraba en el lugar. En compañía de Anselmo y personal que labora en el comedor, se tuvo acceso al terreno baldío donde se encuentra el lugar señalado.

Ahí están las ruinas de una casa abandonada hecha de adobe, sin piso, sin techo, ni puertas ni ventana. Para ingresar, hay que brincar un pequeño canal de agua potable que proviene de una fuga y caminar sobre lodo. Al interior, una poca cantidad de ropa en la tierra, entre ellas, una cobija. También se observa una pequeña hornilla y sobre ella un recipiente ahumado. En general, visiblemente en malas condiciones de higiene y seguridad. Solo se sabe que la mujer tiene entre 33 y 36 años de edad, es originaria del estado de Durango y vive sola con una pequeña de tres años de edad.

En el momento de la visita, fue el propio Anselmo quien se percató de que ya no se encontraba el catre que un día antes le había regalado para que ambas no durmieran en el suelo. Dijo no tener idea de que pasó con la pieza.

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Es urgente y necesario albergue en el poblado

En cuanto al proyecto aun no iniciado del Gobierno del Estado a realizarse en esa comunidad que contempla la construcción de un albergue para niños migrantes, el señor declaró que es una obra que debe realizarse, dadas las necesidades y carencias que padecen sus pobladores.

Anselmo es padre de familia, tiene 46 años de edad, es casado, tiene cuatro hijos de entre 15 y 25 años de edad, es propietario de una casa de empeño, es originario de Guachochi Chihuahua, llegó al poblado cuando tenía 11 años de edad. Durante 22 años se dedicó a la elaboración de figuras de Palo Fierro, oficio que dejó hace 12 años.

Actualmente el comedor atiende a 180 niños en promedio, según lo relatado por personal que colabora en las instalaciones son originarios de varias partes del país, hijos de jornaleros, los hay desde recién nacidos hasta los 16 años de edad.

Hace aproximadamente tres meses, el comedor comenzó a recibir ayuda de Sedesol, antes solo ofrecían desayunos, ahora bajo los criterios de la institución se ofrecen también comidas.

Elizabeth, beneficiaria del comedor comunitario, vive al día

Otra de las historias que se pueden conocer en el poblado, es la de Elizabeth Hernández, una joven de 23 años de edad, originaria del estado de Oaxaca. Llegó a la edad de tres años a Miguel Alemán, sus padres la trajeron como a muchos que migran en busca de trabajo.

Tiene tres hijos, un niño de nueve meses y dos niñas de tres y nueve años de edad respectivamente. Los tres desayunan y comen en el comedor, y por las noches, cuando pueden, cenan frijoles, los sábados y domingos cuando no opera el comedor, se ayuda con sus hermanos o busca la manera de conseguir algo de alimento.

Carece de energía eléctrica, al igual que todas las viviendas en la periferia de dicha comunidad tampoco cuenta con servicio de drenaje, el agua potable la “jalan” con una manguera desde una tubería que se encuentra a unos metros del lugar.

Dijo tener poco más de un año de haberse separado de su pareja sentimental, el padre de sus hijos, quien asegura no se hace cargo de ellos.

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Casa Hogar Don Juan Navarrete y Guerrero

Otro de los desayunadores que benefician a la comunidad, es el de Casa Hogar Don Juan Navarrete y Guerrero, administrado por el Patronato de la Costa de Hermosillo. Este, se encuentra en el sector urbanizado del poblado y da albergue a 16 adultos mayores de manera permanente. Como desayunador inició operaciones en la década de los 90.

“Teníamos un módulo, acá más céntrico en el poblado, inician allí los desayunadores, las comidas comunitarias, y es precisamente para atacar la necesidad de hambre de las zonas más vulnerables de aquí del poblado, si tú tienes oportunidad y empiezas a recorrer lo que son las orillas, los sectores a la orilla del poblado, son comunidades de verdad que necesitan mucho apoyo y están en mucha vulnerabilidad”, relató Fermín Jara Suárez.

En la Casa Hogar se brindan desayunos a los niños que viven en la periferia, con el uso de un camión escolar del mismo patronato que pasa por ellos todas las mañanas a las 06:40 horas, otros llegan a pie, solos, en total en promedio son 70 infantes todos los días, algunos pequeños ya van listos para después ir a la escuela, pero otros, casi la mitad, no asiste a clases, oscilan entre los cinco y 12 años de edad. Una hora después, una vez que terminan de tomar sus alimentos, se retiran y dan entrada a los adultos mayores, no solamente a quienes se encuentran albergados, sino también a los residentes que acuden en busca de alimentos, en promedio desayunan en el albergue 50 personas de la tercera edad.

El gerente del patronato relató que fue en enero de este año cuando se integró al equipo de trabajo de la fundación, y desde entonces a la fecha, ha sido testigo del grado de marginación en el que viven los habitantes de la periferia en el poblado, principalmente los niños.

“Hay de todo, hay gente que literal si viven en unas situaciones muy complicadas, algunos que no tienen ni drenaje, unos que no tienen la oportunidad de un baño diario por ejemplo, niños que no tienen la oportunidad de sus tres comidas al día, hemos hecho visitas en esa zona, son casas de adobe, con hule como techo, sin piso, en la tierra, un hoyo hondo como para protegerse del frío en los momentos que están adentro, si son situaciones muy complicadas las que se viven”, comentó.

No han detectado algún problema de salud en los infantes, tampoco señales de violencia intrafamiliar, agregó, pero confesó que hay niños que le han dicho que el desayuno es su único alimento en el día.

Fermín Jara informó que actualmente se cuenta con un albergue para ancianos –proyecto original- todos ellos exjornaleros agrícolas que por alguna razón o circunstancia terminaron solos o en situación de calle.

El patronato es una institución de mucha trayectoria, tiene sus orígenes en 1984, gracias a la unión de un grupo de agricultores de la región, con apoyo del padre Ramón Arvizu, presidente honorífico, su propósito es brindar ayuda y soporte a la población de escasos recursos y que se encuentran en una situación vulnerable en el Poblado Miguel Alemán.

Recientemente y como parte de los servicios que ofrecen a la comunidad, inició operaciones la academia Malala-Costa. Una innovadora academia de artes marciales y reforzamiento escolar auto sustentable, donde niños y jóvenes en condición vulnerable intercambian horas de estudio o tareas por horas de entrenamiento deportivo.

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