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Marte podría ser un planeta donde para prosperar durante millones de años

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Marte resulta sumamente hostil para la vida, al menos tal y como la conocemos. La temperatura media en nuestro mundo vecino es de -63 °C, aunque durante la noche y en las regiones polares pueden alcanzarse los 145 ºC bajo cero. La presión en el planeta rojo es entre cien y mil veces menor que en la Tierra, y su superficie recibe constantemente un letal baño de radiaciones.

Las plantas y animales terrestres no podrían prosperar en ese entorno, pero ¿sería capaz de hacerlo algún microorganismo? En los años 80, se descubrieron los primeros extremófilos, microbios que logran desarrollarse en condiciones de salinidad, temperatura, presión o sequedad que, hasta entonces, se consideraban incompatibles con la vida. Es el caso, por ejemplo, de Pyrolobus fumarii, que habita cerca de las chimeneas hidrotermales del fondo oceánico y resiste temperaturas de hasta 120 grados, o de las cianobacterias Chroococcidiopsis, que soportan la extrema aridez del desierto de Atacama, en Chile. Desde entonces, distintos equipos de astrobiólogos investigan si algunos de ellos podrían sobrevivir en otros planetas y satélites del sistema solar.

Esa información será de gran utilidad cuando se pongan en marcha las próximas misiones destinadas a explorar esos cuerpos, entre cuyos objetivos estará la detección de vida
Ahora, un equipo de científicos de la Facultad de Ciencias del suelo de la Universidad Estatal M. V. Lomonósov, en Moscú, ha estudiado la resistencia de algunos microorganismos a la radiación gamma a muy bajas temperaturas, unas condiciones similares a las que imperan en la superficie marciana.

Para determinarlo, han observado cómo lidian con la radiación las comunidades microbianas presentes en las rocas sedimentarias del permafrost, la capa de firme congelado característico de Siberia y amplias zonas de Alaska, Canadá y Noruega, donde la presión y la temperatura son muy bajas, y que en algunos casos ha permanecido estable durante dos millones de años.

Las citadas rocas se consideran un análogo terrestre del regolito marciano, esto es, el polvo y los depósitos de materiales que cubren el suelo. Los responsables del ensayo consideran que la posible biosfera marciana podría sobrevivir en una especie de estado crioconservado, y que el principal factor que impide que se dé la vida en Marte es el daño que las radiaciones causan a las células.

En este sentido, lo ideal sería definir el límite de su resistencia a la mencionada radiación, lo que permitiría, a su vez, estimar la capacidad de supervivencia de los hipotéticos microbios que vivieran en el subsuelo del planeta rojo, a distintas profundidades.

Supervivientes natos
Los expertos simularon ese entorno en una cámara especial que permitía mantener la presión y temperaturas constantes mientras la bombardeaban con radiación. En ella introdujeron comunidades de procariotas –organismos unicelulares sin núcleo– similares a las que se pueden encontrar en la naturaleza, no obtenidas en laboratorio.

Estas mostraron un gran aguante: tras la irradiación, la cuenta total de células procariotas y de las que mantenían actividad metabólica permanecía en los niveles de control. Por el contrario, el número de otros microorganismos, como las arcaeas o las bacterias, decrecía notablemente, si bien, entre estas últimas, las del género Arthrobacter se mostraban especialmente resistentes. Estas pueden darse a muy bajas temperaturas, como en los glaciares o las fosas abisales, y soportan las radiaciones ultravioleta.

“Si tenemos en cuenta la intensidad de la radiación presente en el regolito marciano, nuestros datos nos permiten asumir que podría conservarse un posible ecosistema marciano en un estado anabiótico –sin vida aparente, pero que podría revivir si mejoran las condiciones– en una capa superficial del mismo, protegido de los rayos ultravioleta, entre 1,3 y 2 millones de años; a dos metros de profundidad, lo haría no menos de 3,3 millones de años; y a cinco metros bajo tierra, 20 millones de años o más.Estos mismo datos podrían aplicarse a otros cuerpos del sistema solar”, señala en un comunicado Vladimir S. Cheptsov, uno de los autores del trabajo.

Cheptsov y sus colegas han mostrado por primera vez que los procariotas pueden sobrevivir a una exposición superior a los 80 kilograys –una unidad que mide la dosis absorbida procedente radiaciones ionizantes–, lo que indica que podría haberse subestimado la resistencia a este fenómeno de algunos microorganismos.

Información tomada de www.muyinteresante.es

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