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Viven debajo de un puente pero superan el salario mínimo

POR Priscila Cárdenas

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Pablo tiene 34 años y vive debajo de un puente donde comparte espacio con un hombre originario de Veracruz que asegura se ganó 1 millón de pesos en un sorteo, pero “se lo robaron”.

Lo más difícil de platicar con él, no es respirar es el putrefacto olor que desprende el canal, sino poder escucharlo, pues constantemente lo interrumpe su compañero, quien reclama que “le quitaron el boleto cuando acudió a cambiarlo”.

Juntos, acompañados de un perro que no tiene nombre, -pero que ladra cuando viene la policía- habitan un túnel subterráneo que nace en bulevar Paseo de Las Quintas, junto a Soriana Luis Encinas y conecta con Plaza Ley Sahuaro.

Entrar al inframundo con ellos no fue complicado, pues basta con entablar algunas palabras desde lejos para que accedan a ser entrevistados y mostrar de cerca el oscuro y pestilente canal que les sirve como hogar.

Mal olor y cucarachas

Desde afuera el tufo golpea. Es una mezcla entre popó, pipí, humedad, comida podrida y sudor de cuerpos humanos amontonados, porque ahí al que llega a dormir “nadie le dice nada”.

El tapete de lo que Pablo y el veracruzano llaman “casa” es un charco de agua sucia y sus muebles son canastas de plástico, de esas que se usan en los mercados para acarrear verduras.

En el suelo hay de todo, desde cáscaras de huevo hasta una almohada que si no estuviese ahí compartiendo espacio con la inmundicia, pasaría desapercibida en la cama de un hotel de 5 estrellas.

A diferencia de lo que se piensa, lo que no hay tirado es excremento. La respuesta está en que cuando hacen sus necesidades utilizan una cubeta de pintura como escusado en la que se sientan, defecan y después lavan.

“Pues está suave, el pinche calor es lo más difícil, uno ya está impuesto”, comentó el indigente mientras levantaba algo de basura para echarla en un costal.

Más adentro, como casi no se ve nada es necesario alumbrar con una linterna, sin embargo al contacto con la luz las cucarachas se asustan y comienzan a correr atemorizadas por doquier.

Cientos de estos insectos recorren el techo y las paredes, abriéndose paso entre trapos, y zapatos que apilan en un borde que para ellos es como un armario.

Dos carritos de supermercado forman parte de sus objetos personales e indispensables pues los utilizan para almacenar cartones y transportarlos.

 

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Trabajan, pero no para comer

¿A dónde los llevan? A su trabajo, porque tanto Pablo como el veracruzano aseguran tener empleos fijos y nocturnos en un negocio donde reciclan materiales.

“¿Pues, qué se puede hacer? Seguir trabajando, cada quien chambea pa’ uno, además la gente se “arrima” a darnos”.

Ambos son parte del 32% de los indigentes de Hermosillo que tienen trabajo y ganan hasta 200 pesos diarios.

De acuerdo con Ernesto Molina Rodríguez, director de DIF Municipal, un estudio realizado a personas de la calle arrojó datos como que sólo el 1.3% trabaja para tener qué comer.

El funcionario detalló que “para realizar el estudio se entrevistaron a 600 indigentes con el fin de conocer el perfil de las personas en situación de calle”.

Entre los que afirmaron tener trabajo, el 26.8% dijo estar ganando entre 151 y 200 pesos diarios, mientras que el 20.9% comentó que obtienen entre 51 a 100 pesos por día.

Un 15% de los entrevistaron dijeron obtener más de 200 pesos diarios y sólo un 7% se van a dormir con menos de 50 pesos en la bolsa después de trabajar en recicladoras, lavando carros, “echando aguas” en estacionamientos o pidiendo dinero regalado.

Aunque ganan más del salario mínimo mexicano, tanto Pablo como el veracruzano siguen viviendo en el puente y antes de terminar la entrevista comienza a ladrar el perro.

El animal corre despavorido hasta perderse en la obscuridad del canal después de avisar que llegó la policía. Pablo comienza a apilar las cajas y el veracruzano deja de contar la historia del boleto de lotería.

Antes de poder abandonar el lugar son esposados por los agentes, quienes presuntamente les encontraron jeringas.

“Están acumulando materiales para venderlos y reciclarlos pero están obstruyendo, perjudican las instalaciones y vamos a retirarlos”, comenta Juan Francisco Matty Ortega, subdirector de Protección Civil de Hermosillo.

Los indigentes son subidos a la patrulla donde se cubren el rostro con sus camisas mientras personal del Ayuntamiento desmantela la vivienda improvisada cuya rotación de habitantes es tan rápida que hasta aparecen dormidos si el cruce de bulevar Paseo de Las Quintas y calle Psicólogos se busca en Google Maps.

 

 

 

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