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¿Problemas de pareja o problemas individuales?

POR Claudia Acevedo

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La naturaleza necesita de la unión entre hombre y mujer para preservar la vida, por lo tanto, de manera biológica, estamos hechos para permanecer con la misma pareja el tiempo necesario para que los bebés sobrevivan con la protección de ambos padres.

Pero después de un par de años, la vida de pareja es más bien una decisión, un compromiso racional, un acuerdo social.

Esta decisión de vivir juntos se vuelve complicada porque, de entrada, la pareja está formada por dos personas que provienen de sistemas familiares muy distintos. Cada uno llega a iniciar un nuevo sistema familiar con todo un bagaje de recuerdos, situaciones inconclusas, experiencias y expectativas que se formaron en nuestra familia de origen.

Cada miembro de la pareja vivió a unos padres distintos, y la relación con nuestros padres marca en gran medida nuestra vida adulta en varios aspectos, y nuestro rol en la vida de pareja también.

La forma en que nuestros padres nos amaron, las cosas que decían, el concepto que nos formaron de nosotros (real o no), la forma en que ellos se relacionaban como pareja, incluso, si uno de nuestros padres no estuvo presente, ese hecho también nos predispone para la forma de desenvolvernos en la edad adulta. Todo, lo que hicieron, y lo que no hicieron. Lo que dijeron y lo que no dijeron.

En el caso de las mujeres, si nuestro papá era un padre ausente, por ejemplo, llegamos a la vida de pareja con una herida de abandono que nos convierte en personas inseguras, pidiendo “pruebas de amor” constantemente a nuestra pareja.

En el caso de los hombres, si tuvieron una mamá controladora, puede pasar que en la vida de pareja se comporten a la defensiva, o busquen una mujer tan controladora como lo fue su madre.

Ejemplos hay muchos, lo cierto es que llegamos a intentar formar una familia siendo “discapacitados emocionales”, a algunos de nosotros nos “hace falta un brazo” a otros “nos falta una pierna” y a otros nos falta solamente un poco de “rehabilitación”.

No sabemos comunicar lo que sentimos, ni siquiera sabemos exactamente qué sentimos, ¿cómo podríamos expresarlo?

Y si la pareja lo expresa, no sabemos cómo tomarlo. Sentimos que nos ofende, que no nos quiere lo suficiente o que nos va a dejar, se va a ir dejándonos solos. Y empezamos a responder desde nuestros miedos, desde las heridas de nuestra infancia.

Y entonces empiezan los celos, las discusiones, los malos entendidos, las expectativas no cumplidas, la necesidad de control. Todos tienen su raíz en nuestro pasado.

Por eso los problemas de pareja son más bien problemas individuales. Porque hay que sanar primero a nivel individual nuestras situaciones no resueltas del pasado y siendo adultos maduros y capaces de mirarse a sí mismos, poder formar parejas más sanas y felices.

Acerca del autor

Claudia Acevedo

Licenciada en Psicología. Terapeuta y consejera para padres.

Correo Electrónico

klau-acevedov@hotmail.com

Twitter

@clau_psicologa

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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