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Sismo, redes y memoria

POR Hermes D. Ceniceros

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“Gracias a la reverencia por la vida probada ahora en diversos y amplios sectores se profundiza un nuevo pacto social cuya suerte dependerá en enorme medida de la lucha democrática por la racionalidad urbana.” Escribió Carlos Monsiváis en la primera crónica dedicada al sismo del 85 y que ahora el portal de la Revista Proceso vuelve a publicar para reescuchar el eco de la memoria de una ciudadanía que como lo dice el titulo del texto citado, tomó el poder con la solidaridad.

La reacción ciudadana que ahora sorprende a los desmemoriados, quienes no recuerdan cómo en el sismo del 85 hubo un despertar social semejante, pero sin el elemento actual de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), así como las redes sociales.

Esta desmemoria también los lleva olvidar cómo Televisa, desde aquella vez, aprendió aprovechar las tragedias para ganar en rating con la historia de Monchito, un niño imaginario que fue usado para prolongar el interés de los telespectadores en ese entonces, así como hoy en día la inexistente Frida Sofía mantuvo cautiva a la audiencia por 24 horas.

Las crónicas de Monsi siguen vigentes en este temblor, son una hoja de ruta para recordar cómo la ciudadanía es capaz de empoderarse y superar a los malos gobiernos, que incompetentes como antes repiten los mismos errores del pasado.

Uno a uno los errores, las muestras de insensibilidad de las autoridades y el oportunismo político del pasado se repite treinta y dos años después, nada más que en menos tiempo por el desarrollo de las TIC y las redes sociales. Lo que en el 85 sucedió en semanas hoy pasó en horas y días, sin embargo, lo que en las dos ocasiones ocurrió espontáneamente fue la solidaridad ciudadana.

Tanto en aquella ocasión como en esta, el sismo no solamente removió la tierra, también cimbró a la hegemonía y a las estructuras de dominio ideológico que la ciudadanía aprovechó para que desde la praxis superar la inoperancia del sistema.

En el 85 las redes de agrupaciones ciudadanas que desde el anonimato se organizaban para criticar al sistema después de haber experimentado episodios de represión tan fuertes como la noche de Tlatelolco del 68 o la noche de Corpus del 71 asumieron gran parte de la organización civil para hacer frente al sismo, ahora treinta y dos años después, como lo apunta Rossana Reguillo en una publicación en Facebook: “las y los jóvenes que cabalgan las calles de las ciudades y sitios en desgracia, que habilitan redes y mapas, no salieron de la nada, como insinúa un (buen) artículo de La Jornada… esta banda en su mayoría de activismos-red vienen de las escuelitas zapatistas, de #YoSoy132, de los grupos organizados de los barrios, de los wikis, de codeandomx, de jóvenes que fueron marcados por los signos de la crisis y la violencia, del fracaso de las instituciones y la corrupción y que no obstante han sido tan generosas y generosos que mueven pedales, ladrillos, tuits, fotografías, medicinas, mapas para testimoniar que sí, este estado, gobierno, autoridades, les quedan re chiquitos”.

Levantar el puño

El puño alzado es para pedir silencio cuando entre los escombros se busca vida. Es una señal que antes del sismo pocas personas reconocían pero que ahora se ha convertido símbolo del silencio que necesitamos para escuchar no solo los latidos de la vida que está bajo los edificios derrumbados, sino para también escuchar nuestros propios latidos.

Estamos ya en un año electoral donde los partidos y las autoridades cargan consigo toneladas de antecedentes negativos que los desacredita para pedir los votos de una ciudadanía que sabe salvarse a sí misma de grandes desastres.

Por esto es que en medio de la tragedia salió la iniciativa de #PartidosDenNuestroDinero que en muy pocas horas se convirtió en el pico más grande de peticiones a nivel global en Change.org y está obligando a que tanto el INE como todos los partidos comiencen a replantearse las reglas de una democracia que ya cuenta con el aval ciudadano.

El puño alzado es la exigencia de silencio porque debajo de los escombros que ha dejado la hegemonía con su marketing político ruidoso, la corrupción y el derroche banal, está el latido de la nación que pide ser recuperado por su gente.

Como dice Juan Carlos Ortega Prado: “Estamos parados sobre un antiguo lago y una zona sísmica. También estamos parados sobre la ignorancia y la impunidad. Pero también podemos pararnos sobre nuestros propios pies, levantar el puño, gritar “¡Silencio!” y escuchar con atención de dónde se resquebraja nuestro país”.

Acerca del autor

Hermes D. Ceniceros es doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura en contextos plurilingües y multiculturales por la Universidad de Barcelona. Comunicador freelance y colaborador en espacios alternativos como Nuestra Aparente Rendición y Crónica Sonora.

Correo Electrónico

nar.hermes@gmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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