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“Por qué Colin y yo nos arrodillamos”: Eric Reid

POR Agencias

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Por Eric Reid:

A principios del 2016, empecé a ponerle atención a los reportes sobre el número increíble de personas de raza negra desarmadas que estaban siendo abatidas por la Policía.

Los posts en redes sociales me perturbaban profundamente, pero uno en particular me hizo llorar: la muerte de Alton Sterling, en mi ciudad natal de Baton Rouge, Louisiana. Esto podría haberle sucedido a cualquiera de mis familiares que aún viven en el área. Me sentí furioso, lastimado y sin esperanza.

Quería hacer algo, pero no sabía qué hacer o cómo hacerlo. Todo lo que sabía con certeza era que quería ser lo más respetuoso posible.

Unas semanas después, durante mi pretemporada, mi compañero de equipo Colin Kaepernick optó por sentarse en la banca durante el Himno Nacional para manifestarse contra la brutalidad policiaca.

Para ser sincero, no lo noté en ese entonces, y tampoco los medios noticiosos. Fue hasta nuestro tercer juego de pretemporada, el 26 de agosto del 2016, que su protesta generó atención nacional, y comenzó la reacción negativa en su contra.

Fue entonces que mi fe me movió a tomar acción. Leí Santiago 2:17, que afirma, “La fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta”. Sabía que necesitaba alzar la voz por lo que era correcto.

Abordé a Colin, el sábado antes de nuestro siguiente partido para hablar sobre cómo podía involucrarme con la causa, pero también sobre cómo podíamos tener un impacto más poderoso y positivo en el movimiento de justicia social.

Hablamos en detalle sobre muchas de las problemáticas que enfrenta nuestra comunidad, como la opresión sistemática contra la gente de color, la brutalidad policiaca y el sistema de justicia penal. También abordamos cómo podíamos usar la plataforma que teníamos como atletas profesionales en la NFL para hablar en nombre de los que no tienen voz.

Tras horas de consideración cuidadosa, e incluso de una visita de Nate Boyer, un Boina Verde retirado y ex jugador de la NFL, llegamos a la conclusión de que debíamos arrodillarnos, en vez de sentarnos, el día siguiente durante el Himno a manera de protesta pacífica. Optamos por arrodillarnos porque es un gesto respetuoso. Recuerdo haber pensado que nuestra postura era como una bandera ondeando a media asta para marcar una tragedia.

Me desconcierta que nuestra manifestación aún sea malinterpretada como una falta de respeto para el país, la bandera y el personal militar. La escogimos porque es exactamente lo opuesto. Siempre he creído que los hombres y las mujeres valientes que pelearon y murieron por nuestro país lo hicieron para garantizar que podíamos vivir en una sociedad justa y libre, que incluye el derecho de alzar la voz en protesta.

No hace falta decir que amo a mi país y me siento orgulloso de ser estadounidense. Pero, citando a James Baldwin, “precisamente por este motivo, insisto en el derecho a criticarla perpetuamente”.

No encuentro las palabras para expresar apropiadamente lo afligido que me siento al ver los ataques constantes contra Colin, una persona que ayudó a iniciar el movimiento con sólo la mejor de las intenciones.

Hablamos sobre un hombre que ayudó a orquestar un avión comercial repleto de comida y suministros para la Somalia asolada por la hambruna. Un hombre que ha invertido su tiempo y dinero en comunidades necesitadas aquí en casa. Un hombre que me da orgullo llamar mi hermano, que debería ser celebrado por su valentía para buscar un cambio en cuestiones importantes.

En vez de ello, hasta este día, está desempleado y es retratado como un antiestadounidense radical que busca dividir a nuestro país.

Cualquiera con un conocimiento básico del futbol americano sabe que esta falta de empleo no tiene nada que ver con su desempeño en el campo de juego. Es una pena que la Liga le haya dado la espalda a un hombre que sólo ha hecho el bien.

Estoy consciente de que mi participación en este movimiento significa que mi carrera podría enfrentar el mismo desenlace que la de Colin. Pero citando al Reverendo Martin Luther King Jr., “llega un momento en que el silencio se convierte en traición”. Y yo decido no traicionar a quienes están siendo oprimidos.

Muy a menudo he visto cómo nuestros esfuerzos son menospreciados con declaraciones como, “debió haberle hecho caso al oficial”, luego de ver que le disparan a una persona de color desarmada, o “no hay cosa tal como privilegio blanco” y “el racismo acabó hace años”.

Sabemos que el racismo y el privilegio blanco están muy vigentes hoy en día.

Y es descorazonador y exasperante que el Presidente Donald Trump se haya referido a nosotros con insultos, pero a los neonazis en Charlottesville, Virginia, como “gente muy buena”. Sus declaraciones son un intento claro por profundizar la ruptura que hemos tratado muy duro de enmendar.

Aún así, me alienta ver a mis colegas y otras figuras públicas respondiendo a las declaraciones del Presidente en solidaridad con nosotros. Es primordial que tomemos control de la historia detrás de nuestro movimiento: que buscamos igualdad para todos los estadounidenses, sin importar su raza o género.

Lo que necesitamos ahora es superioridad numérica. Algunas personas reconocen los problemas que enfrentamos, sin embargo, se mantienen como espectadores silenciosos. No sólo necesitamos que más de nuestros compatriotas de piel negra y morena se levanten con nosotros, sino también gente de otras razas.

Me rehuso a ser una de esas personas que observa las injusticias, y sin embargo, se queda de brazos cruzados. Quiero ser un hombre del que mis hijos y los hijos de mis hijos se puedan sentir orgullosos, alguien que enfrentó la adversidad y trató de tener un impacto positivo en el mundo, una persona que, dentro de 50 años, sea recordada por levantarse en defensa de lo que era correcto, aún si no era el camino popular o fácil.

(Reforma/NYT)

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