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Kino Mágico, ¿otra Sauceda?… ¡Aguas!

POR Alfonso López Villa

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El domingo tuve la oportunidad de visitar el recién abierto espacio público llamado por la autoridad municipal: Kino Mágico.

Bienvenidos estos espacios ya de por sí escasos en la capital y que ayudan sobremanera a tener ocupados a nuestros menores.

Al menos 30 personas estaban atendiendo a los visitantes, desde las recomendaciones a la entrada, una “tiendita” de agua y refrescos improvisada y personal de Salud de una empresa privada.

No se cobra el ingreso, buena explicación de los jóvenes a la entrada pidiendo dejar las hieleras en la entrada o el auto, afuera, porque no está permitido introducir envases de cristal. Sic

En la puerta de entrada vemos la primera vuelta a la realidad, palapas 100 pesos (cuatro horas), palapas elevadas 400 pesos (cuatro horas).

Se presume un espacio incluyente para personas con discapacidad, de las 27 palapas, sólo dos tienen acceso para sillas de ruedas, nada diferente a los que por ley las nuevas construcciones deben de contemplar. Las palapas elevadas no tienen acceso a personas en silla de ruedas.

Para asegurar la sustentabilidad del espacio se tienen que conseguir recursos de una u otra forma, ya sea cobrando la entrada o bien, vía subsidios.

El modelo de concesión es muy socorrido por las autoridades, construir con dinero público y concesionar a conocidos o como pago de favores políticos, en el ámbito federal tenemos como ejemplo a las carreteras y en el estatal el parque recreativo “La Sauceda”.

“La Sauceda” se concesionó a un particular que cobraba la entrada y algunos servicios al interior.

El concesionario de “La Sauceda” sólo se dedicó a recibir ingresos dejando por un lado el mantenimiento “dejando caer” el inmueble hasta que se retiró dejándolo en el total abandono, se trató de rescatarlo invirtiendo otra vez dinero público por el orden de 50 millones de pesos que no se ven por ningún lado.

Kino Mágico necesitará mantenimiento especializado, desde plomeros, electricistas, carpinteros, etc.

Es casi seguro que, desde el inicio del proyecto, esa concesión ya tenía destinatario y tiene que ser alguien que tenga responsabilidad social, no que se dedique sólo a recibir dinero por el cobro de entradas y servicios, y después se tenga que rescatar otra vez ese espacio que muy probablemente sólo podrán utilizarlo quienes lo puedan pagar.

Conclusión

Estamos ante otro negocio para favorecer a alguna fundación o el pago de algún favor político, la burra no era arisca, además ni siquiera se guardan las formas al utilizar un método de concesión utilizado en todos los niveles de gobierno. Lo óptimo sería que se concesionara a alguien con verdadera responsabilidad social, con reglas claras desde el principio, creación de un fideicomiso para que el dinero que se reciba se utilice en la sustentabilidad del espacio.

 

Acerca del autor

Alfonso López Villa es representante de Vigilantes del transporte A.C.

Twitter

@vigiadeltrans

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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