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Toma y DACA

POR Antonio Quintal Berny

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Columna A toro pasado

DACA (Deffered Action for Childhood Arrivals), Acción diferida para niños migrantes, firmada por el presidente Barack Obama, y vigente a partir de 2012, surgió luego de que el Congreso estadounidense no pudo concretar la reforma migratoria prometida en campaña por Obama.

La semana pasada Trump canceló este decreto que daba cierta protección a niños que ingresaron de manera ilegal a su territorio en años recientes con el argumento central de que los dreamers son extranjeros ilegales que están quedándose con puestos laborales que les corresponden a los nacionales. 

Con esta medida, Trump le indilgó al Congreso la responsabilidad revisar las leyes de inmigración vigentes y modificarlas.

Es obvio que el presidente, con su enorme aversión a los mexicanos, está confiando que el congreso no tocará dichas leyes, ya que las dos cámaras tienen mayoría de su partido, el Republicano, que siempre se ha caracterizado por sus posturas racistas; no obstante, en caso de que la presión social obre a favor de alguna reforma migratoria que presione al congreso para aprobarla, Trump todavía tendría el derecho de veto para que no se implementara.

En esencia, la postura de Trump es legal, pero no deja de ser abusiva y discriminatoria. 

Abusiva porque al amparo de DACA los dreamers salieron del anonimato para acogerse a sus beneficios y ahora, el gobierno con toda su información y su ubicación, puede localizarlos fácilmente y deportarlos, si es que en seis meses el Congreso no vota una legislación que los proteja.

Por otro lado, es discriminatoria porque de los 811 mil dreamers, el 90 % son latinos y el 80% mexicanos.

El ajedrez político norteamericano, eventualmente puede hacer que un buen número de dreamers se vea obligado a dejar Estados Unidos.

Ante este hecho, el gobierno de México les hizo “grandes” ofrecimientos a los dreamers que deporten, como apoyo consular, una bolsa de trabajo especial, seguro popular y la retórica de “recibirlos con los brazos abiertos”, promesas huecas e inútiles que ni siquiera son escuchadas por los posibles afectados.

La realidad es que el problema de los dreamers mexicanos se inicia en México, ya que el país fue incapaz de ofrecerles a sus padres las condiciones mínimas para una vida digna y productiva y emigraron ilegalmente buscando mejores perspectivas para sus familias.

Es tan fuerte la necesidad de emigrar legal o ilegalmente de México a Estados Unidos, que quien lo hace, lo decide a sabiendas de los grandes riesgos que conlleva.

Los motivos pueden ser distintos, como no encontrar oportunidades laborales en su lugar de origen, buscar mejores opciones a donde va, esconderse de la justicia de donde parte o por muchas otras razones; pero el precio puede ser similar, desde la deportación, la vejación, la violación, la cárcel o la muerte, hasta el logro del “sueño americano”.

Estados Unidos se pobló con migrantes europeos que sufrieron grandes penurias en el traslado marítimo y para iniciar su vida productiva; los chinos llegaron a América por la hambruna de su país y como mano de obra barata para la construcción de ferrocarriles; a los africanos los trajeron como esclavos y los japoneses poblaron América del Sur porque ya no cabían en su país.

Nuestros compatriotas han sido migrantes permanentes hacia Estados Unidos y también ha habido deportaciones masivas como la ocurrida después de las Segunda Guerra Mundial, de quienes habían llegado ilegalmente como jornaleros agrícolas durante la guerra.

Si el gobierno de Estados Unidos decide la deportación de los dreamers, ésta no será inmediata, hay optimismo y habrá muchas presiones para que el Congreso estadounidense encuentre una opción menos severa; pero de no hacerlo, México tendría que preparase los próximos dos años para recibir a miles de jóvenes mexicanos que no conocen el país, que casi no hablan el español pero que a cambio, tiene un alto nivel educativo y dominan el inglés.

El perfil de los dreamers es similar al de los 25 mil refugiados españoles que recibió México en los años cuarentas, exiliados por la guerra civil, que dieron auge a la cultura, el arte y la ciencia a la nación que los acogió y que representó una pérdida al país que los corrió.

Tal vez la historia se repita.

Acerca del autor

Antonio Quintal Berny es socio-director de WB Solutions, Talento en Movimiento; ha sido director general del Tecnológico de Monterrey, Campus Sonora Norte; rector de UVM y UNO, subsecretario de Fomento Industrial y director general de Copreson; es conferencista, expositor y facilitador en congresos, seminarios y talleres en México y otros países y profesor en varias universidades de cursos en administración e ingeniería en profesional y posgrado.

Correo Electrónico

aqberny@hotmail.com

Twitter

@aqberny

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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