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El suicidio, ¿problema mental o social?

POR Felipe Mora Arellano

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El día 10 del presente mes y desde hace 14 años, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) promocionan el Día Mundial de la Prevención del suicidio.

La IASP fue fundada en 1960  por Erwin Ringel (psiquiatra y psicólogo austríaco, 1921-1994) y Dr. Norman Farberow (psicólogo norteamericano, 1918-2015).

Es una organización no gubernamental vinculada oficialmente a la OMS con el fin de prevenir comportamientos suicidas, reducir las repercusiones asociadas a estos, y proporcionar un lugar de intercambio para los investigadores, profesionales de la salud mental, ayudantes en situaciones de crisis, voluntarios y enlutados por suicidio.

El fenómeno suicida ha sido capturado, por decirlo así, por psicólogos, psiquiatras y neurofisiólogos. Han centrado su atención en el individuo y por ello su orientación es hacia la salud mental.

En mi anterior colaboración apunté que hace 120, Emile Durkheim, sociólogo, abordó el suicidio y lo trató sociológicamente. Como tal, indagó las causas sociales que promueven un comportamiento así, los motivos y las razones que los suicidas tiene para terminar con sus vidas.

Así tratado, consideraba que el suicidio no es una enfermedad mental, y lo definía de esta manera: “es todo caso de muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo o negativo, ejecutado por la propia víctima, a sabiendas de que habría de producir este resultado”.

Con base en esta definición, dejaba de lado que las enfermedades que llevan a tal acto no pueden ser consideradas suicidios justo porque esta acción supone un acto deliberado, voluntario, racional y razonado. Y la enfermedad del sistema orgánico-psíquico al ser tal, una enfermedad, era descartada.

Lo que no quiere decir que un tratamiento así deje de ser importante, pero el enfoque hace descansar todo en el individuo de tal manera que radica en el sujeto la causa y origen del hecho de quitarse la vida.

Los sociólogos, desde Durkheim, ponemos más la atención en las condiciones sociales. Y entendemos la postura anterior porque desde que se creó la categoría de individuo, se hizo descansar en él todo lo bueno y todo lo malo que le ocurra.

Por eso estamos más cercanos de tratar el fenómeno como un problema de salud pública y no reducirlo a un problema de salud mental, si estamos hablando de suicidios.

Filósofos como Camus y antes Schopenhauer sabían de la importancia de estos cuando el primero lo consideraba en la siguiente frase: El único problema filosófico verdaderamente serio es el suicidio. Juzgar si la vida es o no digna de vivir es la respuesta fundamental a la suma de preguntas filosóficas.

Y el segundo llegó a decir que: El suicidio, lejos de negar la voluntad, la afirma enérgicamente. Pues la negación no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece.

¿Es la vida en las condiciones que se lleva, que se tiene, digna de ser vivida? El sentido de la vida es tratado sociológicamente pero lejos de dejarle la responsabilidad al sujeto, la factura explicativa la dirige a la sociedad, a la manera en que los suicidas poco a poco consideraron que esta, que sus instituciones, lo abandonaban pero le demandaban un cumplimento de normas, papeles y expectativas que pesaban sobre sus espaldas.

Las instituciones (consideradas también como subsistemas) van desde la familia, la política, la economía, la religión, el derecho o la justicia, entre las más importantes que mantienen a las personas integradas.

Estas instituciones o subsistemas fallan al disminuir su capacidad de  estrechar los lazos del grupo, de satisfacer las inclinaciones sociales de los individuos, de dar sentido a las vidas individuales, y de hacer que cada miembro tenga clara las ideas en las que debe creer y las prácticas que debe efectuar.

Fenómenos como la desintegración familiar, el desempleo, la desocupación, los bajos salarios, la deserción escolar, la pobreza, la violencia familiar y contra las mujeres, los robos, los asesinatos, la impunidad, la corrupción, la migración y el desarraigo (forzada por causas económicas, ambientales, violentas), el narcotráfico, el crimen organizado, todos destruyen sociedad.

Y esta destrucción deja desamparado al sujeto, no le permite dar un sentido satisfactorio a su vida y tiene que determinar él mismo en su soledad aquello en lo que debe creer y aquello que debe hacer. Así lo planteaba Durkheim desde entonces.

Puesto que sólo encuentra en su persona la posible finalidad de la vida, esta vida le parece bien poca cosa y no le cuesta tanto abandonarla ante uno u otro momento adverso de su vida.

De esto y otros asuntos más, traté en mi intervención en una mesa a la que fui invitado por el Ayuntamiento de Guaymas el pasado 8 de septiembre. Preocupados, por fortuna, por el fenómeno, decidieron reunir en el Itson a psicólogas, funcionarios y estudiantes, siendo yo el único sociólogo.

Su preocupación está fundada y yo lo mostraba en este gráfico:

Y les preguntaba: ¿qué ocurrió en ese municipio y ciudad en el periodo 2005-2008 que registraron tan elevadas tasas? No era esto, desde luego, privativo de esa ciudad porque la siguiente gráfica muestra que es una expresión de lo que ocurre en la entidad:

Desafortunadamente los organizadores de la mesa no dieron la oportunidad de entrar a la discusión y análisis, y me quedé con las ganas de la réplica de parte de las y los psicólogos y de funcionarios.

Me han prometido que habrá una ocasión para ello. De lo que pudo haber ocurrido en la mesa en Hermosillo, por el programa me percaté que la sociología estuvo ausente.

No les atribuyo a ellos la omisión sino a nuestra comunidad profesional que no da señales de vida en este terreno. Y como decía el clásico, el tema es de quien lo trabaja. Va la espada en prenda ¿es el suicidio una enfermedad mental?

 

 

 

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

Correo Electrónico

fmora@sociales.uson.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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