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La importancia de un protocolo de género en las universidades del estado

POR Sheila Hernández Alcaraz

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Es esencial que partamos de la pregunta: ¿Las universidades de nuestro estado están preparadas para garantizarle a sus comunidades estudiantiles una vida libre de violencia, así como lo marca la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el Estado de Sonora y convenios internacionales como CEDAW o Belem Do Pará ?

La violencia de género en las universidades es un hecho; la invisibilización, la impunidad, la falta de perspectiva de género de parte de las autoridades que le competen atender las denuncias, la burocratización a lo largo del proceso y la revictimización son sin duda, señales contundentes de la falta de interés de parte de las instituciones de educación superior por prevenir, eliminar y erradicar esta serie de problemáticas a las que se enfrenta la comunidad estudiantil sin un apoyo tangible que permita a la victima reforzar su seguridad ontológica.

La violencia de género está institucionalizada no solo en las universidades públicas y privadas de nuestro estado, sino en todas las universidades de nuestro país.

Casos como Ximena Galicia de la Universidad Iberoamericana, 75 casos por acoso sexual que reporta la Unidad para la Atención y Seguimiento de Denuncias de la UNAM (sólo en este año); dos casos por acoso y hostigamiento sexual en la Universidad de Sonora, ya denunciados administrativamente desde septiembre del 2016; dos casos por discriminación de género en esta misma institución también denunciados este mismo año y otras decenas de casos de violencia de género que no han sido denunciados, dentro de la universidad, pero que fueron compartidos por las víctimas en el Tendedero de Denuncias y Testimonios de Acoso y Hostigamiento Sexual, a lo largo de la semana pasada y esta semana, son algunos ejemplos de una larga lista de un mal que ha sido minimizado e ignorado durante siempre.

En nuestros campus se sigue perpetrando la cultura de la violación, se siguen reproduciendo estereotipos y roles de género que crean un entorno hostil para todas las personas que diariamente conviven allí pero que afecta estrepitosamente a grupos de personas que sistemáticamente han sido vulnerados y excluidos a lo largo de la historia como lo son: mujeres, comunidad LGBTTTI, personas que sufren algún tipo de discapacidad física o mental y personas que pertenecen a alguna comunidad indígena.

Pero, ¿qué es un protocolo para atender a víctimas de violencia de género y cuál es su objetivo?

El protocolo para atender a víctimas de violencia de género constituye un instrumento que permite a las autoridades universitarias impartir justicia, identificar y valorar los casos de violencia de género, así como crear una estructura para atender las denuncias a través de un procedimiento en el marco de los derechos humanos y la perspectiva de género donde se promovería, respetaría, protegería y garantizaría bajo los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad, el derecho a la igualdad y a la no discriminación, consagrados en los artículos 10 y 40 constitucionales; 1 y 24 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, 2.1, 3 y 26 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y como antes mencionados, CEDAW y Belem Do Pará.

Actualmente, ninguna universidad del estado cuenta con un protocolo de género, no hay cláusulas en los marcos normativos donde se castigue a los victimarios, y la mediación definitivamente no es una opción en este tipo de situaciones. A nivel nacional sólo cuatro universidades tienen un protocolo de género.

La ausencia de esta herramienta abre brecha a una serie de violaciones de los derechos de las víctimas, donde sus derechos fundamentales como ser informada sobre el proceso de la denuncia interpuesta o su derecho a no ser confrontada con el agresor sexual al momento de la declaración, su derecho a un abogado o algo tan simple como el hecho de no ser re victimizada es algo nulo a lo largo del camino y que refuerza el miedo a no denunciar y el desencanto por todos los espacios donde deberíamos de sentirnos seguras.

Denunciar es parte de la visibilización de la violencia de género en cualquier universidad, pero para ello deben existir estructuras preparadas para afrontar estos casos de manera justa, digna y expedita y donde la victima sea respaldada social, psicológica y jurídicamente.

El protocolo de género es urgente y las comunidades estudiantiles de todas las universidades de Sonora no pueden esperar más.

Acerca del autor

Sheila Hernández Alcaraz

Presidenta de la Comisión Estudiantil de Género, Diversidad e Inclusión Social de la División de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora; integrante del H. Consejo Divisional de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora; delegada estatal de la Red Nacional de Estudiantes de Sociología capítulo Sonora y presidenta de la Sociedad de Alumnos de Sociología de la Universidad de Sonora, exembajadora de la iniciativa de la Campaña de Acción para los objetivos de Desarrollo Sustentable de la Organización de las Naciones Unidas: My World México 2016.

Correo Electrónico

sheilahernandezalcaraz@gmail.com

Twitter

@alcarazsheila

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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