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Contar lo bueno cuesta mucho

POR Guillermo Noriega

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Columna En la lupa

Hace un par de días se presentó el informe “Contar lo bueno cuesta mucho. El gasto de publicidad oficial del gobierno federal 2013 a 2016”.

Este informe, realizado por Fundar, Centro de Análisis e Investigación, muestra la recurrente práctica del derroche, el sobre-ejercicio y la falta de criterios y reglas claras en este rubro.

Esto cobra especial relevancia porque la publicidad oficial se termina convirtiendo en una práctica deshonesta de manipulación de la opinión pública, de censura “sutil” para controlar la crítica y de control, en diversos sentidos, de los medios de comunicación. Esto desde el lado gubernamental.

Pero del lado de algunas empresas de medios se termina convirtiendo en el principal pretexto para confundir la libertad de expresión con libertad de extorsión, con la manipulación en el sentido más mafioso del concepto. Con el “te pego, para que me pagues”.

El informe calcula que de seguir la tendencia (siempre sobre-ejercen alrededor del 72% de lo presupuestado) Enrique Peña Nieto, al cierre de su administración, ejercerá alrededor de 60 mil millones de pesos en pagar a los medios para que se cuente “lo bueno”, que dice él que casi no se cuenta.

Curiosa tendencia, absurda diría yo, en el sentido de que las secretarías de Desarrollo Social y la de Salud han sido las que más recortes han tenido, pero en contar “lo bueno” no hay ahorros. No, ahí hay que gastar mucho más, siempre. Esa es la lógica de la mayoría de los gobiernos: Hay que cacaraquear el huevo, aunque sea defectuoso o no haya tal.

Terminan gastando más en lo que es menos importante.

Un hospital de especialidades, con todos los poderes, cuesta alrededor de mil millones de pesos. Entre el gasto que se hará en las próximas campañas y lo que Peña Nieto ha gastado en “contar lo bueno” pudiésemos construir un hospital adicional en cada Estado y equipar a toda la infraestructura médica con los insumos que siempre faltan para hacer efectivo el derecho a la salud de la población. Con frecuencia no hay ni paracetamol.

Ah, pero para el gobierno federal lo importante no es eso, sino “contar lo bueno”. La prioridad no es dar resultados, sino comunicar lo poco que se haga. Aunque sea nada.

No digo que se deba eliminar por completo el rubro, sino que su regulación es un debate postergado, que no se ve claro si alguna vez llegará un poco de orden a esa danza de los millones y que, por lo menos, tengamos claridad en el impacto positivo que tiene en el ejercicio del derecho a la información, en la libertad de expresión y en que la población recupere la confianza en sus instituciones.

Periodismo militante

Hace poco me preguntaban si consideraba yo ético que un comunicador sea abiertamente militante de un partido político. Respondí en el sentido de que no hay problema en el ejercicio de los derechos civiles y políticos y que, como es natural, todos podemos tener (o no) preferencias.

Lo que no es positivo, e insisto en la importancia de echar luz a este tema, es que existan medios militantes que, vendiendo la bandera de la objetividad, muestran verdades partidizadas motivados más bien por intereses ocultos que por los principios del buen periodismo. Engañan, pues, a “la carte”. Igual sucede con aquellos que reciben recursos públicos de los gobiernos en turno.

No es el problema que los medios reciban recursos -insisto- el problema es que ese recurso sea el pretexto (o el medio) de captura para evitar que se conozcan hechos o que, en su oportunidad, sean presentados desde una perspectiva favorable al que paga.

“Yo no pago para que me peguen” -dijo un triste político. Creo que vale la pena que la transparencia también llegue a las motivaciones de los medios de comunicación y periodistas, así como de la sociedad civil.

¿Queremos mejorar el nivel de confianza en México? Hay que empezar por transparentar las militancias y los intereses.

Mientras la confianza no se reconstruya no podremos construir un pacto social medianamente funcional. Ni con las instituciones ni entre nosotros mismos.

Y, vaya tarea pendiente.

Tomada de periódico El Imparcial

Acerca del autor

Guillermo Noriega es licenciado en Relaciones Internacionales, exdirector de Sonora Ciudadana A.C., activista en favor de la transparencia.

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