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¿Infancia es destino?

POR María Elena Carrera

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El Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatal, cuyos datos recientemente dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), nos pone ante un panorama nada alentador respecto a las conductas de riesgo en jóvenes.

A nivel nacional, 18 mil 387 jóvenes ingresaron, según consta en un trabajo periodístico de El Universal, a un centro de tratamiento por cometer robo, lesiones, homicidio, narcomenudeo y hasta feminicidio entre 2015 – 2016.

Entre los estados con mayor número de jóvenes en conflicto con la ley se encuentra Sonora en el quinto lugar; le anteceden la Ciudad de México, Nuevo León, Tamaulipas y Jalisco. El 50% de los ilícitos son por robo, pero entre 2015 y 2016 hay una diferencia que es importante subrayar.

Mientras que, en 2015, los robos fueron de autopartes; en 2016 el delito que más detenciones registró fue el de robo a transeúnte. También hay una importante curva ascendente en homicidio, sobre todo en Chihuahua.

Otras conductas antisociales que van en incremento son el narcomenudeo y agresiones sexuales de lo cual, por supuesto, debiera de ser centro de interés para dos instituciones centrales para la ida de un país: las familias y la escuela.

Sobre este tema particular, habría que recuperar las realidades expresadas en otra herramienta estadística que parece no fue debidamente considerada por los gobiernos federal, estatal y municipal. Se trata de la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Ecopred) 2014.

Ya en 2012, la Secretaría de Gobernación había realizado un análisis, con la información disponible, para medir los factores de riesgo asociados a la generación de violencia y delincuencia en jóvenes. Pero al parecer les pasaron de noche, pues no se tomaron las decisiones de política pública adecuadas para ir disminuyendo esa incorporación de jóvenes entre 12 y 29 años de edad, a centros de tratamiento por conductas delictivas.

La Ecopred observó, por ejemplo, que en los hogares biparentales las madres conviven con sus hijos e hijas de lunes a viernes seis horas 26 minutos, mientras que los padres lo hacen cuatro horas 34 minutos. El tiempo es todavía menor si se trata de hogares monoparentales; el tempo de convivencia de madres con sus hijos es de cinco horas 52 minutos y los padres de cinco horas 12 minutos.

Un hecho importante de subrayar es que, de todas las actividades de convivencia, entre padres e hijos, lo que menos hacen juntos es leer un libro o practicar algún deporte.

Sobre la dinámica de las relaciones en los hogares, la Ecopred puso a la vista lo siguiente: con relación a situaciones destructivas el 44% de los y las jóvenes admitieron que para evitar alguna pelea o discusión se dejan de hablar; se critican mutuamente (24.4%) y se gritan e insultan (22.4%). La mayor parte de los conflictos que tienen con sus padres, por parte de jóvenes, es su incumplimiento en las tareas del hogar seguido por problemas de convivencia entre hermanos. También destaca problemas derivados de la situación económica: desempleo, falta de dinero y deudas.

Ahora bien, con relación a la situación escolar, si bien es cierto la Ecopred nos revela, que un 55.8% de los y las jóvenes que estudian lo hacen por gusto; las razones que dieron para no estudiar los que dejaron la escuela es por cuestiones económicas 41.4%.

De las anteriores cifras, era fácil prever que si no se tomaban decisiones de política pública para fortaleces estas dos instituciones básicas, los resultados son los que ahora tenemos: incremento de la violencia y la delincuencia mayoritariamente en el sector de jóvenes, quienes en el 2012 estaban saliendo de instrucción básica.

Si los miles de millones que hoy están en manos de algunos cuantos, se hubiera invertido en mejores escuelas de tiempo completo, campos deportivos, becas, estaríamos viendo resultados mínimos, pero no el crecimiento de suicidios, homicidios y robos donde las juventudes están involucradas.

La hipótesis es que, si los jóvenes de hoy tienen naturalizada la violencia desde la familia, podría cumplirse la siguiente máxima: infancia es destino.

Acerca del autor

María Elena Carrera es licenciada en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantel Iztapalapa; experta en temas de seguridad; coordinadora nacional y fundadora de Mujeres y Punto A.C. e integrante del Comité Ciudadano de Evaluación al Desempeño Legislativo.

Correo Electrónico

mariaelena.carrera@hotmail.com

Twitter

@MariaElenaC5

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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