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Barcelona me enseñó a #NoTenirPor

POR Hermes D. Ceniceros

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Aun con la distancia los atentados en Las Ramblas de Barcelona y en Cambriles me han golpeado de una forma muy honda el corazón, porque en esa bella ciudad al lado del mar viví 5 años. Y justamente en ese lugar donde el pasado jueves se vivieron horas de angustia, miedo y terror, yo había pasado incontable número de veces, me reuní con amigos y amores, fui feliz, pero más que nada gocé la vida a plenitud.

El terrorismo de ISIS a la distancia me encajó una espina muy profunda y aunque ahora esté aquí en Hermosillo – donde muchos creen que esas cosas no van a pasar, o que únicamente debemos enfocarnos en nuestras tragedias sin reconocer que la violencia, el terror y el miedo que se viven en diferentes puntos del mundo nos golpea aunque no tengamos conciencia de que somos parte de una aldea global – no puedo evitar reflexionar en el dolor que dejan los ataques, así como en reconocer lazos comunicantes que atraviesan el Atlántico.

Tanto el odio y el rencor de ISIS que le comió el cerebro a los 12 jóvenes que planearon y ejecutaron los atentados, como el de un cazador de migrantes, o de los supremacistas blancos de Charlottesville en Estados Unidos son manifestaciones de nuestra crisis civilizatoria que ha creado un mundo lleno de desigualdades, segregaciones, marginaciones y fronteras. Aquí en México no estamos exentos de esta crisis y tanto la desigualdad como la marginación se han convertido en caldo de cultivo para que nuestros índices de violencia aumenten con más ejecuciones del crimen organizado, feminicidios, generando espirales de odio y rencor que parecen interminables.

Ahora que a la distancia veo fotos y videos de la gente volcada en plaza Catalunya diciendo que no tienen miedo, que como lo tuiteó su alcaldesa Ada Colau – quien salió de la plataforma Barcelona en Comú, un espacio que nace de las protestas contra los desahucios y la lucha por el derecho humano a la vivienda en la capital catalana – siguen siendo una ciudad de paz, abierta al mundo, valiente y solidaria, no puedo evitar recordar cada una de las lecciones que me enseñó la comunidad barcelonesa. Recordar los días de acampada del #15M, sus asambleas, su fervor y entusiasmo para generar un movimiento antisistema a nivel planetario. Conocer las ideas económicas de Varaufakis y su Minotauro Global o ver al mismísimo Eduardo Galeano y al poeta Juan Gelmans limpiar la plaza para pasarnos la estafeta en la lucha por las utopías.

Solidaria Barcelona también ha sido un bálsamo para los mexicanos que han buscado refugio por amenazas de muerte y tanto sus plazas como Las Ramblas que ahora nos duele tanto han sido escenarios para exigir paz en México en los meses que el poeta Javier Sicilia recorría la nación de punta a punta en la caravana del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Y es que esta ciudad pegada al mar siempre se ha preocupado por México y ha permitido que allí se creen las condiciones para que en Casa América Catalunya se pudiera fundar la plataforma de Nuestra Aparente Rendición, un espacio que por años ha servido para construir paz de manera colectiva y hacer redes solidarias que han permitido hacer frente a la crisis humanitaria que aún seguimos viviendo en México.

Son tantos los recuerdos y las enseñanzas que Barcelona me ha dejado, que ahora que la veo en las noticias después de los atentados del pasado jueves 17 de agosto no me sorprendo de su reacción, de la forma en la cual su ciudadanía da una lección al mundo de cómo responder al terror, de cómo no dejar de ser solidarios ante el shock y el espasmo que deja un ataque terrorista. Barcelona se sabe levantar sin dejar de ser quien es, sin olvidar cómo mantuvo viva su lengua a escondidas de un dictador, sin dejar de ser valiente aunque tenga miedo, pero sobre todo de abrir sus brazos al mundo. Por todo lo que esta ciudad pegada al mar me ha dejado y lo que me enseña a la distancia es que puedo decir que Barcelona me enseñó a #NoTenirPor aunque ahora esté en un desierto pegado a otro mar.

Acerca del autor

Hermes D. Ceniceros es doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura en contextos plurilingües y multiculturales por la Universidad de Barcelona. Comunicador freelance y colaborador en espacios alternativos como Nuestra Aparente Rendición y Crónica Sonora.

Correo Electrónico

nar.hermes@gmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

2 Comentarios

  • Guillermo Núñez Noriega dice:

    Bueno Hermes, según los propios habitantes de Ripoll (algunos de los cuáles son musulmanes) los terroristas estaban perfectamente integrados, incluso hablaban catalán, además habían recibido apoyos del gobierno catalán para apoyar su inclusión y no marginación. Digo lo anterior porque no hay que restarle importancia al factor ideológico/identitario, a la manipulación de resentimientos, odios y orgullos étnicos, religiosos o nacionalistas, en favir de un discurso sobre los orígenes económicos de la violencia. La riqueza incluso no es vacuna contra el fascismo, el nazismo, la homofobia, el racismo, y demás supremacismos o el mesianismo. Yo no dudo lo que dices de Barcelona, una ciudad bella y vanguardista. Pero también he estado ahí y también se respira un nacionalismo sofocante, marginador, exluyente, racista. Yo mismo lo sufri y muchas veces, incluso como turista, fui discriminado por no hablar catalán, aunque sólo andaba de paseo (no creo que le hagan lo mismo a los franceses, más bien, les molestaba que hablaba castellano), también me llamaron sudaca de forma despectiva, sólo al escuchar mi acento. Con todo y eso, me dolió mucho la tragedia y el sufrimiento de tanta gente y tambien extiendo mi solidaridad y mi deseo de construir un mundo sin nacionalismos ni mesianismos ni otras formas de exclusión. Un abrazote.

    • Hermes D. Ceniceros dice:

      Sé que Barcelona tiene sus asegunes, la convivencia en contextos multiculturales y plurilingües no es fácil y más con los traumas que se arrastran por una dictadura y la desigualdad norte-sur a nivel planetario. Aun así creo que en Barcelona son más los intentos por abrirse al mundo como lo dice Ada Colau que los de cerrarse y me parece que basta ver las reacciones de la misma ciudadanía barcelonesa en estos momentos de crisis para reconocer que lo que perdura (a pesar de algunos intentos de brotes de exclusión reaccionarios) es la tolerancia, el respeto y la solidaridad. Un saludo.

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