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Las mujeres. Parte 1

POR María Elena Carrera

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“La historia de las mujeres en México, y en el mundo, fue
una historia olvidada hasta que en la segunda mitad del
           siglo pasado la doctrina social del feminismo buscó que la
mujer fuera reconocida como sujeto de la historia”.
Patricia Galeana

 

El 8 de marzo de 2011 abrió sus puertas el primer Museo de la Mujer en México, gracias al apoyo decidido de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y al entonces rector José Narro Robles.

La idea surge de un encuentro que tuvo como sede Merano, Italia en junio de 2008, y que fue convocado por Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz 2003, quien es pionera de los derechos humanos de las mujeres y de la infancia en Irán.

Dicho evento tuvo como motor central, analizar y proponer vías para rescatar la documentación relacionada con la vida de las mujeres. Y fue así que, en el marco del Primer Congreso Internacional de Museos de la Mujer, nuestro país asumió dicha responsabilidad a través de la historiadora Patricia Galeana integrante, además, de la Federación de Mujeres Universitarias (FEMU)

El Museo de la Mujer se ubica en una antigua casona, enclavada en el centro histórico de la Ciudad de México: Calle de Bolívar #71; a un par de cuadras de lo que fue la primera Escuela Nacional de Medicina hoy Museo de la Santa Inquisición. Muy cerca de este Museo se encuentra la Plaza de Santo Domingo.

Fuera de ese pequeño breviario cultural y turístico, lo fundamental de esa idea gestada en 2008 es que necesitamos urgentemente volver la vista hacia las mujeres, que a decir del filósofo y sociólogo alemán Herbert Marcuse, la revolución de las mujeres fue la más trascendente del siglo XX.

Ejemplo de la vitalidad que le imprimen las mujeres, sobre todo aquellas que reivindican su derecho a tener derechos, entre ellos al de participar activamente en los procesos de ciudadanización de nuestra comunidad las hemos visto manifestarse ante actos que, explican, ponen en entre dicho la recta intensión de “algunas de las partes”.

Independientemente de sus nombres, las mujeres que han asumido su responsabilidad en estos meses, aquí en nuestro Estado, al entregar parte de su tiempo a la construcción de un entramado ciudadano que ponga un piso “parejo” para todos y todas las ciudadanas, se percibe un ánimo un tanto cuanto hostil.

Prevalece aún en nuestros días la idea aristotélica capitis diminutio, para el derecho romano supone una incapacidad de derecho absoluto en la persona; en este caso en las mujeres que, véalo usted, no logramos ocupar alguna “jerarquía” sea ésta alguna vocería o coordinación ejecutiva de los comités ciudadanos.

Hay allí una falta de equilibrio en la estructura jerárquica de organizaciones ciudadanas, que dibujan con total nitidez el rostro de la discriminación. Seguramente para muchos hombres, compañeros en iniciativas ciudadanas, considerarán exagerada este señalamiento.

Sin embargo, los datos no mienten: la propia Encuesta Nacional de Cultura Cívica (Enccivica) muestra el papel, todavía, subordinado de las mujeres en diferentes cargos políticos y públicos. Y los movimientos ciudadanos no se salvan de esos atavismos que fomentan una visión del mundo totalmente sesgada, al no incorporar la perspectiva de género.

Lo que se requiere en estos momentos, y por eso es muy importante el Museo de la Mujer, es provocar y fortalecer una nueva cultura, una mentalidad que supere todo tipo de discriminación y prevenga las violencias, entre ellas la política.

Pues es tan importante la política, como explicó hace algunos meses Rolando Cordera, que no podemos dejarla en manos de los políticos. Los y las ciudadanas no podemos darnos el lujo de que, además, esa naciente política ciudadana copie y pegue las actitudes que viven las mujeres en la empresa, los partidos o los gobiernos.

En una segunda entrega abordaré sobre los nombres y aportes que en unos cuantos días han sumado las mujeres a las conquistas ciudadanas, considerando sí lo expresado por algunos de sus compañeros en relación a lo que ellos consideran el deber ser de las personas que participan.

Si no reconocemos el rostro y nombres de esas mujeres, no tendremos memoria de su legado reciente, de allí la importancia de recodar: “Recodar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria. Significa “volver a pasar por el corazón”.

Acerca del autor

María Elena Carrera es licenciada en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantel Iztapalapa; experta en temas de seguridad; coordinadora nacional y fundadora de Mujeres y Punto A.C. e integrante del Comité Ciudadano de Evaluación al Desempeño Legislativo.

Correo Electrónico

mariaelena.carrera@hotmail.com

Twitter

@MariaElenaC5

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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