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El culto al cuerpo

POR Nelsy Mendoza

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Imaginen que estamos en una reunión parecida a las de Alcohólicos Anónimos. Una mujer, 36 años de edad, cabello castaño y que tiene que subirse a un banco para alcanzar el podio les saluda (yo) diciendo: “Hola, mi nombre es Nelsy, peso 74 kilos y mido 1.52, y soy, al menos en este siglo, considerada una gorda”.

La verdad no recuerdo un solo día de mi vida adulta en la que no me considerara gorda, aunque no lo fuera. De hecho, tengo fotos donde no lo era tanto y juraba que estaba pasada de peso. Aunque durante mucho tiempo no me importó.

Siempre he creído que lo importante es lo de adentro y no la imagen física que se proyecta. Durante muchos años incluso batallé con la frase: “Como te ven, te tratan”, pues la consideraba injusta, de gente vacía y con prejuicios.

Tiempo después me adapté más al mundo y terminé por aceptar que esa era la realidad de las cosas y que no iba a ser yo la responsable de cambiarla.

Una licenciatura, algunos libros leídos (pocos, considero) y varios kilos después, terminé por considerar que aquella idea de cultivar mi espíritu y mi cerebro no era del todo satisfactoria, ya que me daba cuenta que había descuidado la casa donde mi alma e inteligencia radican: mi cuerpo.

Sí, sí me puse a dieta. Me he puesto a dieta muchas veces debo decir. Sí, también fui al gimnasio (aquí, quisiera defenderme diciendo que fui las veces que pude, pero también debo reconocer que pude haber ido más). También fui a caminar al parque después de dejar a mi hija al colegio, heroicamente he pasado de largo por la pastelería, comido menos chocolate y aun así, heme aquí.

La vida me ha puesto muchas pruebas para demostrar mi disciplina y coraje para bajar de peso, y he fallado. Soy una persona atrapada en este cuerpo que se niega a coincidir con lo que hay dentro de mí.

Me siento un total y completo fracaso y mientras me tomo un té chai con un rol de canela, veo a las mujeres delgadas, curvilíneas, con músculos de acero en las redes sociales, quienes, con frases motivacionales, tratan de atraerme a su mundo.

¿Pero qué clase de mundo es ese? En mis contadas asistencias al gimnasio, pude ver mujeres cuyo culto al cuerpo es de admirarse, pero también de cuestionarse. Mujeres que se toman una y otra selfie buscando reafirmar su autoestima, mujeres que se quejan de que las vean como trozos de carne cuando no llevan más que dos tiras de tela amarradas al cuerpo, apenas cubriendo sus partes pudendas.

Mujeres que hacen yoga únicamente por los beneficios físicos, pero para nada abrazan las creencias espirituales de dicha práctica. Mujeres que nunca han leído un libro, que no cultivan su mente ni su corazón.

Sé que no todas las gordas son inteligentes ni todas las flacas son vacías, solamente les estoy escribiendo de una parte de ambas poblaciones. Yo nada más traigo a cuento este ejercicio de observación para preguntarles: ¿qué se requiere para lograr el tan ansiado equilibrio entre cuerpo, mente y corazón? ¿Por qué las mujeres pareciera que tenemos que ser las guardianas de dicha proeza?

Lo digo porque hoy, más que nunca las mujeres tenemos muchas cosas entre manos: la casa, los hijos, el trabajo, la escuela (aunque ya no estudies, si eres madre hay que estar presente en la escuela de tus retoños), cultivarte, tener amigas, hacer el quehacer, la dieta, el gimnasio, el marido, los hijos (sí, lo puse dos veces a propósito porque los hijos siempre, siempre, requieren tiempo extra).

Hay mujeres que parecen estar diseñadas para encargarse de esto, mientras están encaramadas en sendos tacones, con peinado de salón y perfectamente vestidas para cada ocasión. A estas mujeres les pido, les suplico, que no sean así, y que nos pasen la receta.

Mientras tanto, a ti, si eres de mi club te digo: no basta con devorar libros ni ensaladas ni comernos al mundo. Habrá que cambiar la estrategia, un día a la vez.

Acerca del autor

Nelsy Mendoza Ramírez es comunicóloga con especialidad en Publicidad y Comunicación Organizacional.

Correo Electrónico

nelsymendoza81@yahoo.com.mx

Twitter

@nmmendoza81

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

1 Comentario

  • Erika dice:

    Hola Nelsy, yo pienso que los tiempos en que la mujer debía encargarse de todo y ser perfectas han pasado.
    Si dejamos que los maridos y/o papás de los hijos se involucren en la vida familiar, así como las mujeres nos involucrarnos en la vida laboral, formaremos un maravilloso equipo.
    Los hijos tendrán papá y mamá participando en sus vidas, nada más enriquecedor.
    En cuanto al ejercicio y la alimentación saludable es una lucha personal por nosotras mismas. Debemos volver a pensar en nosotras y nuestro futuro. Claro, no seremos perfectas con músculos de acero, pero sí de fácil movimiento y con energía.
    He aprendido a soltar y no exigirme perfección, y admiro a las mujeres que siempre andan arregladas y se los digo. Yo tengo mi propio estilo, un poco más cómodo y rápido.
    Gracias por tu artículo, la mayoría estamos en esa situación.

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