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Ciencia y superstición

POR Paul Zavala

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El pasado 4 de julio a las 9:00 A.M., se cumplieron cuatro años del descubrimiento del bosón de Higgs, también conocida como la “partícula de Dios”. Una partícula que se había buscado experimentalmente durante los últimos 50 años, llenando un espacio en el modelo estándar de la física.

Lo gracioso es que el nombre de “partícula de Dios” se lo dio Leon M. Lederman (lo explica así en su libro: The God Particle), debido a la expresión coloquial de lengua inglesa “Goddamn Particle”, es decir, la maldita partícula, por su dificultad de ser producida.

Desde antes de su descubrimiento y hasta la actualidad, ha llevado a personas alrededor de mundo y a través del Internet, a abusar de la falta de conocimiento como una manera de explotar a la sociedad.

Empezaron a circular “joyas” de la desinformación donde aseguraban que: “el mundo se iba a acabar, que es pecado buscar la partícula u otras como que su descubrimiento probaba como evidencia científica la existencia de Dios”.

No estoy diciendo que Dios existe o no, eso está en la fe de cada individuo; pero sí, la existencia de personas que -ya sea por desinformar o por ignorancia-, usa el analfabetismo científico para engañar y abusar de la gente.

En México esto no es diferente, el 2013 se elaboró la ultima Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología (Enpecyt); y los resultados no nos son favorables como sociedad ni país desarrollado. Empecemos con el comparativo de la expectativa de vida en Europa es de 81 años contra los mexicanos de 77 años; y esto importa, porque nos da una idea de cómo responde un individuo a problemas laborales, salud y expectativas hacia el futuro con respecto a su educación.

Por ejemplo, en México siete de cada 10 personas cree que la fe resolverá sus problemas mejor que la ciencia, comparado con el 40% del continente europeo, además más del 75% de los mexicanos creen en métodos alternativos de salud como la acupuntura, quiropráctica, homeopatía y limpias con curanderos contra un 19%.

Esto demuestra que los mexicanos, ante algún problema personal prefieren solucionarlo de manera mística o en la espera de un milagro, algo así como: “prefiero no ir al médico, porque me dirá que estoy enfermo”.

En lo único que concordamos los mexicanos y los europeos es que los avances científicos, aunque mejoran la vida de las personas, también las deshumanizan.

¿A qué se deben estos números y su efecto negativo en la sociedad?, desafortunadamente la culpa es de nosotros como científicos preparados, pues preferimos publicar en revistas internacionales, dar conferencias en congresos especializados; ya que Conacyt así nos lo pide.

De igual manera, raramente nos damos el tiempo o tenemos el lugar (como Proyecto Puente) para enseñar fuera de las aulas y las universidades algo que la sociedad realmente necesita para no ser abusada a través de tés o pastillitas mágicas, “cundinas” o trabajos piramidales.

Parafraseando a Emir Olivares Alonso: No necesitamos que seamos 120 millones de científicos en México, sino que la sociedad comprenda el valor de la ciencia y de los profesionistas que la ejercen; como médicos, ingenieros y científicos que poseen la formación e información para apoyarnos en mejorar nuestro desarrollo personal y colectivo.

Acerca del autor

Paul Zavala

Doctor en Nanotecnología, coordinador de la Carrera de Ingeniería en Materiales de la Universidad de Sonora.

Correo Electrónico

paul.zavala@unison.mx

Twitter

@Dr_PZavala

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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