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Adicción a los videojuegos

POR Sergio Oliver

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Las tecnologías como Internet, el teléfono celular y los videojuegos representan instrumentos muy útiles en nuestra vida cotidiana; sin embargo, también pueden tener sus inconvenientes.

Su propio diseño es susceptible de afectar a la capacidad de control, lo cual, junto con otros factores personales y ambientales, facilita su uso abusivo o inadecuado, pudiendo llegar a generar situaciones problemáticas y producirse una conducta adictiva, especialmente entre los menores.

En este sentido, las adicciones tecnológicas son el tipo más reciente de adicciones comportamentales.

El elemento sustancial que caracteriza a todas ellas y que comparten con las drogodependencias es precisamente la dependencia, un patrón de conducta en el que se evidencia una pérdida de control y que en el caso de las tecnologías se establece como un consumo excesivo y disfuncional.

En este artículo me centraré en los videojuegos, mismos que ejemplifican a los pacientes jóvenes que trabajo terapéuticamente y que junto a sus pares constituyen que en la sociedad actual una importante forma de entretenimiento, especialmente entre los adolescentes y los jóvenes, quienes suelen dedicar una parte importante de su tiempo a jugar con ellos.

Sin poner en duda la importancia del juego para el desarrollo personal, en el aprendizaje o como una actividad con un destacado papel motivacional, el abuso del mismo también puede acarrear problemas.

Algunos videojuegos inducen a un patrón de juego caracterizado por un uso excesivo, que en algunas personas llega a interferir con pautas de conducta higiénica o saludable y hasta perturbar las relaciones familiares en algunos casos.

Es preciso hacer constar que, en gran medida, el patrón de uso excesivo está favorecido por las propias características que tienen muchos videojuegos y que son, precisamente, algunas de sus principales virtudes que equivalen a sensación de dominio y autodeterminación, estética agradable y fantástica, retroalimentación de actuación, compromiso con otras personas (en el caso de los multijugadores), absorción de la realidad, etcétera-.

Tanto estas propiedades motivacionales, como las consecuencias derivadas del uso excesivo, pueden llegar a provocar una imperiosa necesidad de jugar en algunas personas.

La persona adicta a los videojuegos presenta problemas que se extienden a todas las áreas de su vida, salud, familia, escuela y relaciones sociales.

Una de las consecuencias más evidentes de este problema es la alteración de un estilo de vida, perturbando la organización diaria, dedicando una cantidad de tiempo excesiva al juego, o provocando severas interferencias con otras actividades.

Se reducen las relaciones interpersonales, de hecho, algunos jugadores prefieren las relaciones online que las de la vida real.

Otras de las consecuencias negativas del abuso y dependencia de los videojuegos consisten en la alteración del patrón de sueño, deficiencias nutricionales y falta de higiene, y en algunos casos extremos, comportamientos suicidas y homicidas.

Como cualquier otra adicción, la dependencia a los videojuegos presenta componentes de craving (deseo intenso de jugar) que se manifiesta con alteraciones del humor, síntomas de abstinencia (ansiedad, ira, irritación y depresión), problemas con el control de los impulsos, y un aumento del uso a pesar de las consecuencias negativas y las pérdidas en otros ámbitos de la vida.

No cabe la menor duda de que la adolescencia representa un periodo crítico y de alta vulnerabilidad en lo que se refiere a las conductas de riesgo en general y, concretamente, al uso de sustancias y al riesgo de desarrollar otras conductas adictivas.

Se trata también de una de las etapas más relevantes en el desarrollo de la personalidad y, muy especialmente, del desarrollo cerebral.

Y es que hasta la tercera década de la vida continúan desarrollándose zonas cerebrales como la corteza prefrontal; responsable de la función ejecutiva y de la autorregulación de la conducta.

Por otro lado, no podemos olvidar que los adolescentes son muy sensibles al momento y al entorno social en el que viven, en el que estas herramientas se han convertido en un elemento imprescindible en sus vidas, y que las tecnologías (celular, videojuegos e Internet) cuentan con una serie de características que resultan especialmente atractivas para ellos, cumpliendo una serie de funciones particularmente relevantes en esta etapa del desarrollo, como pueden ser la búsqueda de identidad y autonomía, la presencia del grupo de iguales, el incremento de las relaciones interpersonales o la desinhibición, amable, atractiva y funcional, además de la presión de la industria tecnológica inducen que se utilice de forma excesiva.

En este contexto, hay personas (generalmente jóvenes y adolescentes) que se ven prisioneros de unas herramientas que, en lugar de mejorar la calidad de vida, se la están deteriorando.

La adicción a los videojuegos representa un problema real para algunas personas y, aunque los afectados son una minoría, representan a muchos adolescentes.

A pesar de esto, no existen programas específicos para la prevención de la dependencia de los videojuegos, al menos en Sonora, y sin duda, el uso de las nuevas tecnologías por los adolescentes y jóvenes confirma la necesidad de dotar a estos y a los adultos de conocimientos básicos que les ayuden a educar y acompañar a los menores en su uso.

En el 2013 el Manual de diagnóstico mental, que es algo así como la biblia en la clasificación de los trastornos mentales decidió incorporar al “Trastorno por adicción a Internet y/o a los videojuegos”, definiendo la aparición de al menos cinco de los 9 criterios para su diagnóstico, en el transcurso de un año.

A continuación los describo como información de alerta:

Preocupación u obsesión por los juegos. La persona muestra una preocupación inusual con el juego o la computadora cuando está lejos de ellos. Podría parecer distraído, irritable o desinteresado y hablar sobre el juego casi constantemente.

Síntomas de abstinencia cuando no está jugando. Cambios de humor, desgana por hacer otras cosas, agresividad, tristeza, actitud defensiva…

Aumento progresivo del tiempo que dedica a jugar. Cada vez necesita de más tiempo para satisfacer la necesidad de jugar.

La persona ha intentado parar o reducir el tiempo que dedica a jugar, pero no lo ha conseguido; ha perdido interés por otras áreas de su vida, como sus aficiones o amigos; ha tenido un abuso continuo de los juegos o internet, aun sabiendo las consecuencias que podían traerle.

Así mismo el usuario de estos dispositivos electrónicos miente a los de más acerca de su uso con los juegos o internet; usa los videojuegos o internet para calmar su ansiedad o culpa. Como una forma de escapar de la realidad.

La persona ha perdido relaciones o las ha puesto en riesgo por los videojuegos o Internet.

Finalmente, sugiero la visita al especialista en adicciones, para diseñar un programa de recuperación, para la superación de este trastorno, y recuerde que las nuevas tecnologías poseen muchas cosas buenas y positivas, pero como en todo, el uso o abuso que hagamos de ellas marcará la tendencia de nuestras vidas.

Acerca del autor

Sergio Oliver Burruel es Master en salud mental y educación, UNAM-Unison y presidente de la Asociación Sonorense de Psicología Aplicada A.C. (ASPA). FB. Psic. Sergio Oliver

Correo Electrónico

paecoliver@gmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

2 Comentarios

  • María Elena Carrera dice:

    Interesante artículo, lo difundiré entre mis sobrinas con hijos e hijas adolescentes.
    Qué hacer? sería la pregunta, las mejores prácticas? para “sacar” a adolescentes
    de esa realidad “virtual”

  • Nora Sandoval Sandoval dice:

    Gracias muuuy interesante…alguna forma de contactarlo?

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