De consejos a controles - Proyecto Puente
Proyecto Puente > Opinión > De consejos a controles

De consejos a controles

Imagen: Internet

POR Guillermo Noriega

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someone

En este mismo espacio lo dije desde el 2009. “Tener un consejo ciudadano que solamente aporta consejos, sirve de poco”. Estos mecanismos de participación adolecen de un problema de diseño original: se invita a algunos ciudadanos a escuchar las razones de los gobernantes, se les otorga la información que es difícil obtenga el ciudadano común, se les escucha en sus dudas y preocupaciones e incluso hasta sus buenas ideas pueden ser consideradas por los tomadores de decisiones. Pero nada más. Nada les obliga a más.

Participé del Consejo Ciudadano del Plan Sonora Proyecta, la obra sexenal de Eduardo Bours. Renuncié cuando me percaté que no se podía hacer gran cosa más que adornar un espacio fútil. Me di cuenta que en lugar de rendir cuentas a la sociedad en general, las autoridades suplían esa obligación con un ambiente controlado, integrado por lo que ellos llamaban muy pomposamente “los organismos intermedios”.

En su momento, también por un criterio de equidad, participé del Comité de Testigos Sociales del Sonora Sí, la obra sexenal de Guillermo Padrés. Lo hice más con la idea de impulsar que existiese mayor información oficial en el ambiente (el proyecto era un simple power point, de hecho) que porque tuviera fe que en verdad el mecanismo sirviera de algo.

También terminé renunciando al darme cuenta que en lugar de rendir cuentas se buscaba saturar de “spots” engañabobos y frases vacías, que las autoridades tenían nulo respeto por la participación ciudadana y que, salvo un par de excepciones, básicamente confundieron la participación ciudadana con un war room, un cuarto de guerra.

Por supuesto que está agotado este tipo de esquemas. Su diseño es elitista, impide la libre participación y reduce la participación ciudadana a un mero acompañamiento que legitima, pero no blinda de problemas futuros.

Digámoslo así, les sirve a ellos para sus discursos.

El trabajo con el que concluí mis estudios en Chile tuvo que ver con el control social. Propuse que los consejos ciudadanos dejen de dar consejos y se conviertan en comités temáticos, que controlaran el ejercicio de Gobierno a partir de facultades categóricas como el detener una licitación, suspender una obra o realizar consultas ciudadanas vinculantes.

Si todo se hace correctamente y no hay nada que ocultar (como siempre les gusta decir) ¿Por qué no darle a un comité de control social la facultad de detener la obra? ¿Por qué aun la Ley de Participación Ciudadana eliminó la posibilidad de hacer suspensiones provisionales de los actos a consulta? La respuesta es obvia: Se busca imponer los deseos y designios del poder público, a toda costa.

Cuando al Consejo Ciudadano del Transporte se le otorgaron facultades para fijar la tarifa también lo comenté en este espacio editorial: El gobierno estaba deslindándose de su responsabilidad bajo un cálculo de costos políticos, trasladándolos a los ciudadanos. La “papa caliente” que nadie quiso terminó por hundir más los incipientes mecanismos de participación ciudadana.

Los desaciertos no son absolutos, pero es una realidad que sus tareas han dejado descontentos en el camino.

Así, el escepticismo se ha construido con toda razón. La sociedad además de agraviada es incrédula y desconfía de todo. Recomponer la confianza es sin duda un camino urgente que, todo parece indicar, no está siendo atendido con la seriedad que se merece.

Así, el reto se llama apertura, veracidad y horizontalidad. Menos simulación y más diálogo franco, menos lucha partidista y más interacción con la sociedad. El reto se llama también efectividad, en el sentido que tanto importan las formas como el fondo y, sin duda, queremos gobiernos efectivos, pero que en su camino a los resultados no atropellen la calidad y los mínimos democráticos que debemos siempre resguardar.

Así, el concepto de “Gobierno Abierto” es fundamental, pero no es la panacea. El Sistema de Transparencia y el Sistema Anticorrupción son más que cruciales, pero no cambiarán por arte de magia la dinámica predominante de nuestro sistema político… mucho menos nos cambiará a la sociedad así nada más porque sí.

Tal vez sea un asunto de fe y de confianza. No confiamos en nuestros gobiernos, pero ellos tampoco confían en nosotros.

Columna tomada de El Imparcial

Acerca del autor

Guillermo Noriega es licenciado en Relaciones Internacionales, exdirector de Sonora Ciudadana A.C., activista en favor de la transparencia.

Correo Electrónico

Guillermonoriega@gmail.com

Twitter

@elmemonoriega

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *