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La Cordada

Imagen: Internet

POR Guillermo Noriega

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Columna En la lupa

Regularmente valoramos a nuestros poetas cuando se van. Hacemos mal en no comprenderlos en vida, pero nos pasamos la vida repasando sus legados, sus palabras, reinterpretando sus luces.

No es sino hasta que la sociedad digiere y asimila todo lo que nos han dado cuando el preciado valor de sus palabras, de su obra, de su vida y su arte, adquiere un valor cercano al que en realidad se merece. Soy hijo de poeta, sobrino de poeta y ahora orgulloso amigo de otro.

Esta semana al fin conocí a Ignacio Bússani, que desde hace años me honra en enviar correos electrónicos comentando esta columna. Sin duda, el oriundo de Sahuaripa, es un humano iluminado dispuesto a compartir sus luces.

“Hace cuarenta años empecé a escribirla”- nos confesó en la presentación de su novela “La Cordada” a la que me hizo el honor de invitarme a comentar. Éstas son algunas palabras ahí compartidas y, además, una gran recomendación a adquirir la obra y disfrutarla.

“La Cordada” era la Policía rural, la judicial. Era un grupo de policías o soldados enviados a los pueblos y ranchos a poner orden. Y lo hacían con la rudeza propia de la época.

Eran -por sus métodos- más temidos que los mismos delincuentes, guardianes del orden en tiempos en los que no había derechos humanos o juicios orales ni debido proceso o presunción de inocencia.

El valor a tutelar era la quietud, el apacible silencio y la normalidad cotidiana. Y nada más.

La Cordada siempre aparecía para poner orden. Arrestaba a los delincuentes y ejercía una justicia sin ley, los colgaban ahí mismo o les aplicaban la “ley fuga”, ahorrándose el traslado, el juicio, el encarcelamiento o que algún día salieran libres y busquen venganza.

Violaban todos los derechos humanos, desconocidos en aquel momento. “Hacían lo que tenían que hacer” -comentó un asistente a la presentación, que salió en su defensa e insistió en la difícil situación de nuestra sierra al día de hoy.

“Pa las mulas del jaral, los caballos de allá mesmo”, comentó otro lector que destacó que para combatir delincuentes se requerían delincuentes, mano dura.

El debate entre justicia y legalidad (con el cual no quise amargar el ambiente) es de lo más vigente en la actualidad, especialmente porque la impunidad ha logrado un hartazgo social de niveles desproporcionales. Hartazgo que termina por justificarlo casi todo.

Pero yo insisto, no se debe tapar un bache abriendo otro, esa no es la solución. Soy un convencido de que la razón y la ley termina siempre imponiéndose a la violencia y que a ello debemos apostarle. Pero de eso platicaremos en la siguiente columna.

Bússani nos regala a la sociedad una obra literaria que, lo que dure su lectura y tiempo después, permitirá al lector trasladarse a la quietud, a veces interrumpida, de los pueblos de Sonora. Quietud que no solamente da paz y plenitud en su momento, sino que es también una fuerte motivación para buscar más, para descubrir el mundo.

El lector será llevado de la mano del autor hasta lugares hermosos, olores peculiares, silencios penetrantes. Podrá escuchar ladridos de madrugada y montar bestias por veredas prácticamente inexistentes. Podrá sentir la paz, los sueños, las angustias y los miedos de los personajes.

Es pulcro don Ignacio en describir la vida de los pueblos y ranchos de Sonora en aquellos tiempos en los que no había ni teléfonos ni celulares ni carreteras. Mucho menos Internet o televisión. Eran tiempos de silencio, pero de mucha comunidad, de solidaridad y empatía.

Le recomiendo ampliamente viajar con el autor por nuestra historia y disfrutar la maestría con la que juega con el tiempo y con las palabras.

Aprovéchelo, porque no es lo mismo una novela de un historiador, que una novela de un poeta historiador.

Felicidades Nacho, gracias por el libro y por tu amistad y, espero, no tardes otros 40 años en el siguiente. O bueno, mejor sí.

Columna tomada de El Imparcial

Acerca del autor

Guillermo Noriega es licenciado en Relaciones Internacionales, exdirector de Sonora Ciudadana A.C., activista en favor de la transparencia.

Correo Electrónico

Guillermonoriega@gmail.com

Twitter

@elmemonoriega

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