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Estimular y experimentar son clave en la atención a personas con síndrome de Down

POR Maroly Solís Zataraín

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Existe una gran necesidad de estimular desde los primeros años de vida a una persona con síndrome de Down.

Especialistas a nivel mundial reiteran el gran impacto que esto puede tener en una persona, desarrollando habilidades cognitivas, motoras y sociales durante su vida.

En nuestros tiempos no podemos decir que existen límites de aprendizaje para el ser humano, ello dependerá de las condiciones, factores y oportunidades que se puedan tener para desarrollar otras aptitudes y habilidades.

Para el caso de las personas con síndrome de Down, sucede lo mismo, sus capacidades dependerán de las oportunidades que se les presenten, acorde a las diferentes etapas de crecimiento, siendo clave en ello: estimular y experimentar.

Ya sea por estimulación temprana, así como la aplicación de programas, técnicas, métodos, entre otros sistemas, que permiten que las personas con síndrome de Down, adquieran conocimiento en varios aspectos.

Sabemos que los bebés que nacen con el cromosoma 21 extra, permea en un principio en la hipotonía de sus músculos, que compromete el sistema motor de su cuerpo, por lo que, desde recién nacidos, es necesario aplicarles un programa de terapia física.

El sentado, el gateo, el rodado y finalmente el caminado de un bebé, se verá fortalecido de acuerdo a la intervención física que pueda recibir a través de ejercicios, masajes y otras técnicas, que pueden darse en centros especializados o en casa con una debida preparación por padres o terapeutas.

A la par se tendrá que poner en marcha un programa de estimulación dirigido a la adquisición de habilidades cognitivas, no sólo motrices, es decir, que permitan experiencias en su entorno con juguetes, formas, canciones, juegos, texturas, sabores, olores, entre otros conocimientos.

Si bien los programas de estimulación temprana están dirigidos a niños de 0 a 6 años, porque se considera que durante este periodo, el cerebro de cualquier ser humano crece un su mayor porcentaje y tiene una mayor plasticidad, es decir la facultad que tiene el cerebro para restructurarse y regenerarse.

Después de estas edades, el aprendizaje y la adquisición de conocimiento continúan de manera constante, por lo que se debe dar seguimiento con otras actividades paralelas a su educación, que corresponderán a nuevos programas y de otras índoles.

En esta etapa, los retos de las personas con trisomía 21 continúan, como la de cualquier persona, deberán enfocarse a la adquisición de la lectura, escritura, actividades artísticas, deportivas y sociales, que permitirán su desarrollo de manera más óptimo.

Por lo tanto, como padres sabemos de la constancia que debe existir en cada uno de estos programas o proyectos que se realizan en torno a nuestros hijos, como es el caso de la lectura y escritura, que presenta un reto mayor en algunos casos, pero que se logra de manera efectiva en su mayoría.

Para cualquier persona resulta imprescindible la alfabetización, esto le permitirá autonomía personal y progreso, así como la adquisición de competencias esenciales para la vida y la de otros conocimientos.

A veces cuando hablamos de terapias o aplicación de estos programas, pensamos en primer lugar en los costos que estos nos pueden generar- que realmente así es –pero con la tecnología de hoy y la comunicación abierta, se pueden encontrar en internet material, guías, libros que permitan aplicar estos sistemas de forma gratuita.

Aún más cuando los métodos se han desarrollado específicamente para personas con trisomía 21, como los de lectura, escritura o estimulación, que permiten de forma específica y comprobada, atender estas necesidades especiales, acorde a su cromosoma extra.

Es habitual conocer de casos de familias que se justifican –y no quiero generalizar– bajo los argumentos de pobreza o marginación, para no atender de forma correcta a sus hijos, dejándolos sin oportunidades de aprendizaje, como derecho natural de todo ser humano.

Si no es por cuestiones agravadas de salud, todas las personas con síndrome de Down pueden aprender y desarrollarse en la vida actual; lo que nos falta es tiempo, constancia, ganas, fijarnos metas específicas y trabajar con nuestros hijos, brindándoles la oportunidad de experimentar, conocer y aprender sobre la vida, su funcionamiento y la sociedad.

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

Correo Electrónico

solis.marthaolivia@gmail.com

Twitter

@Marolysoza

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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