Indigente en Hermosillo regresa con su familia a Veracruz - Proyecto Puente
Proyecto Puente > Hermosillo > Indigente en Hermosillo regresa con su familia a Veracruz

Indigente en Hermosillo regresa con su familia a Veracruz

POR Ulises Gutiérrez

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someone

Hoy todo es fiesta en casa de la familia García de la Cruz, en el estado de Veracruz. Hay música, pastel, comida y refrescos, y todos sonríen, se abrazan y se felicitan pues viven un milagro.

Alfonso García de la Cruz es un integrante de esa familia que vive en la olvidada comunidad de El Palmar, kilómetro 40, en Papantla, Veracruz.

Hace cerca de 11 años, Alfonso, quien tenía 23 años y cara de niño, salió rumbo al norte para buscar trabajo, mandar dinero a su familia y así ayudarlos a salir, aunque fuera un poco, de la pobreza.

Sin embargo, muy pronto dejaron de tener comunicación con él. Sus hermanos, padres y sobrinos, pensaban que estaría trabajando en los Estados Unidos en algún campo agrícola.

La verdad era muy diferente: Alfonso García de la Cruz vivía como indigente en las calles de Hermosillo. Sin una pierna tras un accidente en “La Bestia”.

“Cuando me caí del tren, nadie me ayudó, todos mis amigos (otras personas que viajaban de trampa) corrieron y se alejaron. Como pude me hice un torniquete en la pierna porque parecía que me iba a desangrar, pero me apreté de más, y cuando llegó la ambulancia me llevaron al hospital”, relató el hombre.

Sin embargo, su acción para salvar su vida (y su pierna) no fue la adecuada.

“Pero ahí me dijeron que me tendrían que amputar, porque al apretar de más, dejó de llegar sangre a lo que quedaba de mi pierna”, recordó en entrevista el domingo, poco antes de subirse junto con una hermana y un hermano, al camión que lo llevó hasta Papantla, Veracruz.

El reencuentro

La noche del martes Alfonso llegó al fin a su hogar, se reencontró con su padre y su madre, quien no podía dejar de llorar de la felicidad.

“Es un momento muy feliz, lo queríamos en casa, fueron muchos años de buscarlo en redes sociales, de preguntar por él, ¡nunca pensamos que estuviera en Sonora!, expresó Rosario, su hermana.

“Cuando nos dijeron que la página Habitante había presentado su caso, y que estaba buscando a su familia, no podíamos creer que fuera él. Era su cara sin duda, pero estaba muy cambiado, y no sabíamos que vivía como indigente”, agregó.

El paso de Alfonso por Hermosillo no fue sencillo, desde el accidente con el tren al norte de la ciudad, hasta diversos asaltos y golpizas que sufrió en las calles o en los parques.

Pero también hubo solidaridad de la agrupación Kibernus y de Senda, de la Iglesia de Dios, Templo Central, donde se organizan todos los sábados las actividades del comedor para indigentes y migrantes, y donde nos tocó conocer su caso para difundirlo en medios de comunicación y redes sociales.

Hoy, un mejor futuro está en sus manos: alejarse del alcohol y los vicios que adquirió en la calle podría lograrse con la solidaridad que le han mostrado sus hermanas, hermanos y sobrinos.

Alfonso luce hoy muy diferente, se ve más delgado, su cara está ya deshinchada de golpes y malos ratos que pasó.

Su situación podría cambiar positivamente, un samaritano generoso le regaló una prótesis y él dice que en el futuro quiere dar pláticas a los jóvenes para que no dejen su hogar, pues, aunque haya carencias, ahí siempre habrá la solidaridad de la familia para juntos salir adelante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *