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La ciencia en pro de la preservación de la historia

POR Alfonso Lopez Perez

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Ciudad de México.- Parece obra de la ilusión: el contenedor hermético que resguarda el Acta de Independencia confunde los ojos por la transparencia de su caja, sin barrera aparente.

Pero la hay: un cristal de alta pureza, antirreflejante, que cubre la cápsula de aluminio, sílice, zinc y titanio que protege el documento.

“Míralo desde abajo y descubrirás el vidrio”, sugiere la restauradora Lilia Rivero Weber durante un recorrido por la Galería de Palacio Nacional, que alberga desde febrero una muestra dedicada al Centenario de la Constitución de 1917.

Pero en este recorrido, la conservadora del inmueble histórico no señala piezas de arte o antiguos documentos sino las entrañas del montaje, aquello que no advierte el público, atento más a los objetos que al entramado museográfico que permite la admiración y resguardo de documentos históricos.

En el montaje de la muestra se aplicaron investigaciones relacionadas con la cápsula hermética para considerar, por ejemplo, cómo la proyección del sol en el inmueble repercute en la conservación de los documentos, o cómo deben orientarse respecto de la entrada del público, pues los manuscritos antiguos son como las flores: registran microcambios de temperatura que provocan microarrugas, señala el ingeniero Alejandro Ramírez Reivich.

“Los objetos reaccionan ante la gente; ésta es una fuente de energía, de calor. Ese calor emite radiación y esa radiación provoca microcambios en la microatmósfera que está en contacto con el documento. Es un fenómeno muy pequeñito”, detalla el académico, al frente del equipo que concibió la cápsula desde el Centro de Diseño Mecánico y de Innovación Tecnológica (CDMIT) de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

El desarrollo, que también resguarda los Sentimientos de la Nación, data de 2010, cuando ambos documentos salieron por primera vez de las bóvedas del Archivo General de la Nación (AGN) para la exposición del Bicentenario de la Independencia en Palacio Nacional.

Para la muestra actual, la cápsula fue modificada y dotada del vidrio austriaco de alta pureza que confunde los ojos.

Al término de la exposición, el CDMIT diseñará una nueva que ofrecerá mayor protección y será patentada por la UNAM, adelanta Ramírez Reivich, quien equipara el próximo contenedor con un vientre materno.

“Ahora tenemos un cuadro en el que están enmarcados los documentos, y lo que haremos es un marco que reaccionará. Será como una mamá con un bebé dentro de su vientre que se mueve, se ajusta para protegerlo a través de sensores y sistemas que se modificarán dependiendo de las condiciones externas”, anticipa.

La renovada cápsula permitirá corregir las deformaciones que presenten los manuscritos como entes vivos que son, añade la ingeniera Pilar Corona Lira, académica del centro universitario que ha creado sistemas herméticos para reactores, ampolletas o empaques de alimentos.

“Ya es inteligente la cápsula, pero se trata de hacerla más lista”, bromea.

El mérito del sofisticado desarrollo hermético no se reduce al contenedor mismo: involucra también el procedimiento para tomar los objetos, siempre manipulados por restauradores, colocarlos en el receptáculo y mantenerlos en condiciones controladas durante los traslados y la exhibición, así como el monitoreo permanente, apunta el ingeniero Vicente Borja Ramírez, también miembro del equipo.

“No sólo el hermetismo da valor a las cápsulas, sino una atmósfera totalmente controlada que ocasiona el menor esfuerzo dentro del material”, resume Carlos Canchola, inscrito en la maestría en ingeniería mecánica.

Los estudios apuntan a que los documentos se preservan mejor en microambientes controlados que en un macroambiente.

Por eso, cuando el Acta de Independencia y los Sentimientos de la Nación regresen a las bóvedas del AGN no abandonarán su contenedor.

“La cápsula se vuelve su casa”, concluye Ramírez Reivich.

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