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Acechan a Luis Miguel demandas por 12 mdd

POR Agencias

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Ciudad de México.- Luis Miguel Gallego Basteri ya no gana para tanta demanda. Cuando intenta emerger de la etapa más oscura de su carrera le propinan un nuevo revés.

El más reciente: una denuncia por la deuda de 3.6 millones de dólares que exige su propia casa discográfica, Warner Music, con la que ha acumulado más de 100 millones de discos vendidos en toda su carrera.

A esta se suma otra de 7 millones de dólares que le pide el cantante Alejandro Fernández por una prometedora gira conjunta que nunca se hizo. Y una más de su ex mánager, de un millón y medio, que ya le ha costado el embargo de su Rolls Royce negro.

Luismi, que hace 11 años que no saca un solo éxito, que lleva siete sin producir un disco y que ha roto relaciones con los recintos más importantes de México y Estados Unidos, ahora es un hombre endeudado.

Él, que representó durante décadas lo que todos querían ser: el triunfador, el deseo de las mujeres más guapas, la mejor mesa en el restaurante, la suite más lujosa del hotel. Que sonaba en los locales más exclusivos y en las barriadas.

Luis Miguel es ahora un hombre cansado, capaz de cantar sólo 20 minutos en un concierto y huir; de cancelar el resto y dar explicaciones incoherentes. Un artista maduro que ya no se desabrocha nunca más el botón de la camisa hasta el ombligo, que no consigue salir como antes en la foto, ni por su lado derecho.

Luis Miguel hizo tanto en tan poco tiempo, que ha podido vivir hasta hace dos años con la tranquilidad que le dejaron sus rentas. Plantaba a sus admiradores y seguían agotando las entradas, culpaba al clima para cancelar un concierto y los más aguerridos lo entendían sin pestañear.

En 2015 Luis Miguel se rompió. Y los errores que cometió en aquella fatídica temporada (cancelaciones de conciertos, de giras, incumplimiento de contratos) le han costado al artista las demandas millonarias que tiene que enfrentar ahora.

La primera empezó con su exmanager, William Brockhaus, un empresario texano a quien le pidió en 2011 que fuera su representante por la amistad que tenía con su esposa, Michelle Salom, descendiente de una familia de sirios con influencia en la localidad fronteriza de Ciudad Juárez y amiga de Luis Miguel desde la infancia.

Brockhaus creó una firma sólo para dedicarse a la representación del cantante mexicano, WB Music Management, y dirigió desde ahí sus negocios, finanzas y hasta sus giras hasta 2014.

En ese año, poco antes de la hecatombe y desplantes del artista, su relación se cortó porque, según el exmanager, Luis Miguel no le pagó los honorarios que le había prometido por contrato.

Y después de dos años de batallas legales en Estados Unidos, una jueza de California concluyó el pasado 27 de enero que le debía ser embargado su vehículo Rolls Royce negro, para saldar la deuda de poco más de 1 millón de dólares, según la sentencia a la que ha tenido acceso El País.

El último de los golpes que enfrenta el que fuera El Sol de México es una demanda de su propia discográfica, Warner Music, a la que ha tenido acceso El País y asciende a 3.6 millones de dólares.

El documento, fechado el 8 de marzo de este año y elaborado por un juzgado de Los Ángeles, no explica los motivos que alega la disquera para pedir el resarcimiento del daño por esta deuda, pero sí la aceptación de Luis Miguel.

El artista reconoce en el escrito que tiene un pago pendiente desde 2014 de 4 millones de dólares y que llegó a un acuerdo para dilatar la fecha del pago hasta el 30 de noviembre de 2015. Sin embargo, éste nunca se produjo y se ve obligado a asumir la demanda de la empresa de discos multinacional.

Son alrededor de 12 millones de dólares los que enfrenta en deudas quien fuera uno de los reyes de la música latina.

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