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La pobreza, vista desde la opulencia

POR Nelsy Mendoza

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Dicen por ahí que nadie puede extrañar lo que no tiene. A eso le sumo que nadie puede entender la pobreza, si no la vive. Y por eso, nuestros políticos están tan alejados de nosotros. Caminan por las calles sin pavimentar con sus zapatos de marca, hacen giras de beneficencia con ropa de diseñador, llegan a los poblados más alejados en camionetas de lujo, saludan con el tintinear de sus pulseras de oro, llenos de abundancia y ostentación, pero desprovistos de toda sensibilidad política.

Ávidos del voto, de otro ciclo en el poder, ponen en sus bocas palabras de aliento, prometiendo hasta que lo que no pueden. Porque prometer no empobrece, es cumplir lo que aniquila. Y así, apuntalados por la ignorancia de la gente, por la pobreza y necesidad de muchos, por la esperanza de otros, continúan gobernando.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Nosotros, los que andamos por la vida trabajando, tratando de salir adelante para tener acceso a mejores oportunidades laborales, un mejor futuro para nuestros hijos, pagando impuestos que seguramente son gastados en cualquier cosa menos en lograr una ciudad más digna, podemos de pronto tener atisbos de la pobreza, pues, aunque no sea lo mismo que vivirla, nos importa más que a otros.

Cada vez, son más los pobres que nos rodean. Desgraciadamente ese indigente, al que hoy le diste una moneda, no necesita dinero, necesita rehabilitarse. A ese niño al que le regalaste comida, le hace falta un hogar de verdad, a esa mujer a la que le regalaste ropa para ella y sus hijos, lo que le hace falta es un trabajo. Y es ahí donde digo, que el esfuerzo ciudadano no basta.

Como ciudadanos, podemos y debemos ayudar. Pero también es necesario, que exijamos a nuestros gobiernos, no sólo que convierta a los indigentes, a los pobres, en una estadística, sino en casos de éxito.

Urge que exijamos programas para combatir la pobreza. Más allá del argumento de la mala imagen que los indigentes dan a la ciudad, la peligrosidad de estas personas bajo el influjo de alguna droga o de los niños en situación de calle, es necesario que pensemos que estas personas también son parte del futuro de nuestro Estado. No podemos negarles la oportunidad de vivir mejor, de buscar oportunidades. No podemos pretender que con dádivas se resuelva su situación, porque no es así.

Los programas sociales ya no deben estar enfocados en dar, en erogar recursos para tapar el sol con un dedo, sino en otorgar a las personas en situación vulnerable la capacidad de salir adelante con su propio esfuerzo. El gobierno y la comunidad, debemos ser un apoyo, que en el corto o mediano plazo permita a las personas valerse por sí mismas y reinsertarse en la sociedad de manera productiva, no como un lastre que nos impida avanzar.

Poco o nada podremos lograr como ciudadanos, si los programas sociales y su visión no evolucionan lejos de un criterio paternalista.

Las estrategias para combatir la pobreza, no deben de planearse sin contemplar un fin común con otras áreas como el desarrollo económico, seguridad, salud entre otras. Hace falta sumar esfuerzos en común, para acabar con este enemigo que es de todos y que le roba a las futuras generaciones la oportunidad que todos buscamos: La de tener más y mejores oportunidades para vivir mejor.

Acerca del autor

Nelsy Mendoza Ramírez es comunicóloga con especialidad en Publicidad y Comunicación Organizacional.

Correo Electrónico

nelsymendoza81@yahoo.com.mx

Twitter

@nmmendoza81

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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