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Dejemos de estigmatizar el síndrome de Down

POR Maroly Solís Zataraín

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En el marco de la conmemoración del 21 de marzo, Día Mundial del síndrome de Down, les invito a que hagan un pequeño ejercicio de integración, por un sólo momento deje de ver directamente a una persona con esta condición, deje de observar sus facciones y concéntrese en dialogar, cruzar una palabra o un saludo, a una persona con esta condición de vida.

La próxima vez que vea a una persona -sea niño, joven o adulto-, trátelo como tal y diríjase directamente a él o ella, verá que de seguro obtendrá una respuesta o reacción por lo menos.

No le tenga miedo a esos ojos almendrados, a esas manos regordetas o ese caminar pausado, las personas con síndrome de Down merecen un lugar en nuestra sociedad, una oportunidad de desarrollarse y educarse como lo hacemos habitualmente.

El problema de su integración y su inclusión depende en su gran mayoría de nosotros mismos como sociedad, porque desconocemos y discriminamos, porque etiquetamos y generalizamos sus capacidades y habilidades, encajonándolos simplemente a que son personas con discapacitadas.

Cierto, representan diversos grados de discapacidad intelectual, les cuesta –quizás-  el doble de trabajo que una persona sin síndrome de Down adaptarse a las estrategias educativas, sanitarias, deportivas y demás, que fueron planeadas sin contemplar sus necesidades especiales.

Y así sin conocer cada uno de los casos que pudieran existir a nivel local, estatal, nacional o incluso mundial, pudiera afirmar que la condición está presente en todas partes, por lo que es necesario el apoyo de cada uno de ustedes para lograr ese impulso que necesitan para vivir adecuadamente.

No tema, no le den la vuelta, no quiten a sus hijos de la cercanía de una persona con trisomía 21, el mundo es grande y todos tenemos derecho a disfrutarla, mejor aun cuando somos capaces de promover derechos e igualdades de forma equilibrada.

En este mes en particular, les invito a que se unan a la promoción de una correcta información, lejos de tabúes, de mitos que se siguen compartiendo en torno al síndrome de Down.

Dejemos de decir “angelitos”, “niños por siempre”, “enfermos”, “discapacitados”, “retrasados”, los invito a reconocer por un momento que son personas que viven con un cromosoma extra –21– que les ha provocado una alteración en el desarrollo de su cuerpo solamente.

Pero sus habilidades y capacidades siguen siendo las mismas, crecen, se desarrollan, aprenden a leer, escribir, estudian, bailan, pintan, son deportistas, tienen parejas, mejores amigos, entonces ¿qué hay de diferente o de extraordinario?

Quizás lo extraordinario sea por el empeño y el esfuerzo que aportan a cada una de sus actividades, o podría referirlo a las múltiples clases, terapias, sesiones educativas a los que los padres sometemos a nuestros hijos, esperanzados que serán en un futuro, el mayor de sus beneficios.

Por todo esto, les incito  a sumarse al esfuerzo que como padres de personas con síndrome de Down hacemos, simplemente con el hecho de no discriminar o enjuiciar ni con sus acciones, ni con sus miradas, estarán apoyándonos de sobremanera.

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

Correo Electrónico

solis.marthaolivia@gmail.com

Twitter

@Marolysoza

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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