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Evitar la degradación moral de la Unison

POR Felipe Mora Arellano

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En su reciente entrega a Proyecto Puente, El rector que Sonora necesita, Marco Antonio Andrade (MAA)  escribió, entre otras interesantes ideas, que la Junta Universitaria (JU) de la Unison tiene la responsabilidad de designar a un rector que reúna una pluralidad de características y no sólo una de algún tipo.

Según él, la Unison requiere un líder en virtud del momento que esta vive y, en particular, porque <la comunidad adolece de manera endémica de un liderazgo institucional>. Luego de apuntar una serie de retos que tienen la Unison y quien sea designado/a como rector, Andrade hace votos para que la JU no se equivoque –una vez más, porque ya cometió un error- al aprobar el nombramiento que ocurrirá dentro de unos días. El desacierto cometido, dice MAA, fue incluir entre los seis finalistas a tres simples aspirantes y eliminar a igual cantidad en su primera selección.

De los seis finalistas, cinco de ellos tienen puesto académico-administrativo dentro de la universidad y uno un cargo público en el gobierno. Los puestos que los primeros ocupan se debieron a decisiones centralizadas, unos por la rectoría y otros por los directores de división.

Es la forma en que opera el aparato y la manera en que reproduce la estructura. Esta tiene  criterios de interés y administrativos para llevar a cabo la designación. Y en aquellos difícilmente caben las características que MAA perfila para un líder.

La estructura universitaria no produce líderes. Para que funcionara el aparato construido por la Ley 4 era preciso tiempo, tiempo para colocar piezas en la mayoría de sus instancias (la JU incluida) y el resultado fue el control de éstas. Así, era preciso disponer de recursos (plazas, dinero, canonjías, premios, becas, etcétera),  que distribuir para ganar lealtades.

Hay quienes en la Unison piensan que el problema no es la Ley 4 en sí, sino su falta de aplicación, es decir, que si se cumpliera todo sería maravilloso. Este planteamiento pudiera llevar a endurecer las cosas, a corregir malas conductas. O también a promover una amplia participación para exigir rendición de cuentas especialmente en lo que concierne a las instancias de representación.

La pregunta obligada es por qué no han ocurrido tales cosas y si acaso su funcionamiento ideal en lo académico era lo que menos importaba y la amplia participación lo indeseable.

Con este proceso ocurre también la llamada burocratización de la Unison (una jaula de hierro). El peso del aparato administrativo es tal que, según cifras del número del personal en 2016, por cada trabajador académico hay un empleado administrativo.

Poco a poco, los criterios administrativos se han ido imponiendo a los académicos. Formatos, firmas, informes, evaluaciones, registros, etc., es lo distintivo. Los académicos lo sabemos y eso desalienta. A la par, se inventan o se recurre a simulaciones y prácticas perversas puesto que a los procesos burocráticos importan más las formas que sus contenidos. Debemos reconocer que una contribución a ello han sido las políticas federales frente a las cuales hay una aceptación acrítica. La obediencia también se traduce en apoyo.

En suma, la JU elegirá a un producto hecho por el aparato y no a un líder que sería lo deseable. ¿Acaso alguien ha visto al funcionariado alto y medio declarar públicamente sobre un asunto de importancia regional o local para generar opinión, tener una iniciativa propia y defenderla, proponer los cambios a la estructura y a lo que no funciona?  Sólo aparece una persona en el vértice. De ahí que los reclamos van siempre dirigidos hacia él.

Recientemente, la televisión local invitó a los aspirantes a exponer sus ideas. Fue un formato acartonado, y más lo hicieron quienes se dedicaron a recitar a capelo o atenidos a un texto, ideas comunes que se vienen repitiendo de hace tiempo y que los declarantes poco o nada han hecho desde sus posiciones para instrumentarlas.

Planteamientos sin emoción (quién se puede emocionar con cambiar trámites o procedimientos), afirmaciones obligadas de decir (mejorar la comunicación con los sindicatos), promesas de entrega de los programas académicos sin condición al empresariado o a los planes del gobierno, cuidadosos de no pronunciar término alguno que incomode a la JU.

Vista así, la Unison, pero más que esta, la JU,  quiere un gerente, no un líder. Para que hubiese un cambio de estructura académico-administrativa y moral se requiere de una fuerza superior en poder a la de la estructura actual, la cual, por cierto, precisa de la continuidad para preservarse.

En otros tiempos, el poder del gobierno se impuso e implantó una ley a una comunidad activa y operante. Con todo, esa normatividad no impidió que los académicos siguieran produciendo como hasta ahora lo siguen haciendo, pero a un mayor costo para ellos y para la sociedad.

En estos momentos, cuando la jaula de hierro contiene las iniciativas de cambio en un contexto de una continuidad muy cuestionada y vulnerable al chantaje, la fuerza del gobierno es una opción capaz de doblar los fierros e impulsar una nueva Ley, si es que desea una alternativa más gratificante y prometedora. La JU ya no gobierna y quizá nunca lo ha hecho. Es un obstáculo a formas más modernas de gobernabilidad y nos cuesta socialmente.

La otra opción es la fuerza del movimiento, de la acción colectiva interna. El líder ya no puede ser una persona sino un agente colectivo que debe pugnar por el cambio. Ese agente debe contener todas las virtudes señaladas por el amigo Andrade.

Nuevos aires deben insuflar por la Unison para evitar que la degradación moral avance. El movimiento de académicos que recientemente ha aparecido, expresa una vitalidad. Representa una oportunidad diferente al cesarismo ocurrido en los años 90 del siglo pasado en la universidad. Una ocasión para quienes  tienen en sus manos la función de generar una nueva estructura. Un momento para evitar la degradación moral de una institución.

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

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fmora@sociales.uson.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

2 Comentarios

  • Clotilde dice:

    muchas GRACIAS por emitir esa opinión!
    Fundamental! Hace poco escribida que en 16 años , Grijalva en sus 8 años de vice rector y sus 8 años de rector nunca salio a la calle a pedir justicia por todos los agravios que han tenido que aguantar la gente de la comunidad que supuestamente representa, los estudiantes a quien se cobra cada vez mas a los maestros a quien se aumenta cada vez menos con un costo de vida aumentado a mas de 50% . En la institución se enseña la ley, la defensa del pequeño contra el grande, nunca salio el rector a pedir justicia para los niños del ABC. Se organizan congresos MUNDIALES de mediación, y el rector no es capaz de practicarla en casa, prefiriendo ignorar, despreciar a sus propios colegas que piden DIALOGO inteligente, no mas! , el rector no representa un valor moral, es un funcionario rico que ha hecho amigos ricos también

  • Julio Alfonso Piña López dice:

    El Mtro. Felipe Mora Arellano, haciendo eco de lo publicado días atrás por el Lic. Marco Antonio Andrade (27 de febrero de este año) en este mismo espacio, reclama para la Universidad de Sonora un líder. Sobre éste, ambos comparten en general una misma posición a propósito de las cualidades que deberían distinguirle; menciono algunas: sensible, accesible, dialogante, conciliador, negociador, respetuoso y activo para atender la agenda social, entre muchas más; sumaría y privilegiaría a la honestidad (del latín honestitas, que significa cualidad de honesto y hace referencia a quien es decente, decoroso, probo, recto y honrado). En la lectura de los artículos publicados por ambos, se deja ver que algunas cuantas de esas cualidades no las poseen los seis finalistas en la contienda por la rectoría de nuestra casa de estudios, considerando que en su lógica la Junta Universitaria ya se equivocó en su selección: incluyó a tres simples aspirantes (Lic. Andrade) y eliminó a los tres mejores candidatos (Lic. Andrade y Mtro. Mora Arellano), entre los cuales se encontraba el “tapado”, al cual me referí en respuesta que publiqué el 28 de febrero, en el mismo espacio, al artículo del Lic. Andrade.

    Se deduce, en síntesis, que ¡la caballada está flaca! Empero, planteo una pregunta: ¿será que ambos están experimentando una suerte de dolor que deviene de la pérdida de algo o alguien, para acto seguido erigirse en jueces calificados que cuestionan las decisiones que se toman en el seno de la Junta Universitaria? Descalificar a ésta, aseverando que ya se equivocó y esperan que no lo haga una vez más porque ya cometió un error, me suena a una justificación basada en la razón natural, no en la científica, en palabras del filósofo S. Toulmin; la razón natural, nos dice la Real Academia Española, es potencia discursiva del hombre, desnuda de todo matiz científico que la ilustre.

    ¿Qué poderoso motivo llevó a ambos a arremeter y descalificar a los miembros de la Junta Universitaria y a los seis candidatos finalistas? Una muy simple: que entre éstos no se encuentra su “gallo”, es decir, el “tapado”. ¿Quién será el “tapado”? Digo, lo menos que deberían hacer es señalar abiertamente quién es y por qué su preferencia, partiendo de que no necesariamente para ambos sería el mismo; vaya pues el lector a saber quién es el “tapado”. Así, sería bueno “destapar” al “tapado” y mostrar sus cartas credenciales, a efecto de que analicemos y conozcamos qué cualidades los distinguen, incluyendo la de la honestidad.

    Confieso que no conozco personalmente al Lic. Andrade, aun cuando algunas fuentes me comentan que goza de prestigio personal y profesional; que bien que así sea. A quien sí conozco es al Mtro. Mora Arellano, con quien he mantenido una relación llevadera y sin sobresaltos desde mi primer ingreso a la Universidad de Sonora, en 1984; confieso también que lo he ubicado como un muy buen académico en el Departamento de Sociología y Administración Pública. Sólo que, con todo y que siempre es bueno señalar y cuestionar fallas, errores, omisiones y eventuales excesos en cualquier persona o instancia dentro de las instituciones, soy un convencido de que hay un requisito sine qua non que debe respetarse; a saber, que no se debe patear al pesebre sin antes darse un paseo por los caminos de la historia…

    Lo antes dicho viene a colación, pues en su más reciente columna en Proyecto Puente, del 6 de marzo de 2017, intitulada sugerentemente como Evitar la degradación modal de la UniSon, el Mtro. Mora Arellano no sólo pateó el pesebre sino que, adicionalmente, literalmente se pasó por el arco del triunfo a la historia; traducido al castellano, evidenció sufrir de algunos lapsus de “desmemoria”.

    La primera “desmemoria” y un error de interpretación muy sui géneris que hace el Mtro. Mora Arellano, radica en que cinco de los seis finalistas ocupan cargos académicos y administrativos, debido a decisiones centralizadas que se toman desde la rectoría o las divisiones. ¡Falso! Con excepción del Dr. Enrique F. Velázquez Contreras, nombrado ex profeso por el rector como secretario General Académico, una de ellas fue electa por el Consejo Académico de la Unidad Regional Centro (la Dra. Amelia Iruretagoyena Quiroz) y dos por sus respectivos Consejos Divisionales (los Dres. Ezequiel Rodríguez Jáuregui y Joel Espejel Blanco). Asimismo, la Dra. Etty Estévez Nenninger es Profesora-Investigadora en Psicología y Ciencias de la Comunicación, en tanto que el Dr. Rafael Ramírez Villaescusa lo es del Departamento de Derecho —con una responsabilidad como subdelegado en la SEDESOL. En el caso de quienes fueron electos por órganos colegiados, compete en un primer momento al vicerrector, con el visto bueno del rector, proponer las ternas correspondientes; además, una práctica no escrita pero que adquirió forma desde la Vicerrectoría del Mtro. Fernando Cota Madero (fui secretario de la Unidad Regional Centro con él) y que se ha seguido desde entonces, ha sido la de establecer consensos entre los académicos y estudiantes sobre las personas idóneas para ser consideradas en las ternas.

    La segunda “desmemoria” a conveniencia del Mtro. Felipe Mora Arellano, es mayúscula. Él fue director de Planeación, nombrado directamente por el entonces rector, el Mtro. Jorge Luis Ibarra Mendivil, con quien había estrechado lazos en el ColSon (el Mtro. Felipe Mora junto que otros egresados de la Maestría en Ciencias Sociales de esa institución impulsaron la candidatura del Mtro. Ibarra Mendivil, único rector externo que ha tenido la Universidad de Sonora). La “desmemoria” crece, ya que extrañamente olvida que él se registró como aspirante a la rectoría para el periodo 2001-2005, cuando fue ungido como rector Pedro Ortega Romero. No recuerdo haber leído en ningún lugar que el mismo Mtro. Mora Arellano se auto-criticara por haber sido funcionario de primerísimo nivel y luego aspirante a la rectoría. Tampoco recuerdo haber leído en ningún lugar alguna crítica o señalamiento a la postulación años después del Mtro. Arturo Ojeda de la Cruz, quien al dejar el cargo de secretario General Administrativo también se registró como aspirante al cargo de rector. ¿Por qué ahora sí cuestiona a quienes ocupan un cargo académico o administrativo?

    Sostiene el Mtro. Mora Arellano más adelante que así opera el aparato o estructura universitaria. Es decir, siguiendo criterios administrativos por lo que, pudiéndose entresacar de su lectura, son los mismos que se utilizan desde la rectoría para decidir quiénes sí y quiénes no gozarán de la venia de los miembros de la Junta Universitaria. Lo más delicado, me parece, es que como la estructura universitaria, asegura, no produce líderes, la Ley 4 permite al rector ir colocando sus piezas en todas las instancias, incluyendo a la Junta Universitaria, para alcanzar el resultado deseado: el control de todas las instancias, desde arriba hasta abajo; ¿cómo se puede conseguir dicho resultado? Gracias al manejo discrecional de plazas, dinero, canonjías, etcétera. Para alguien que fue funcionario de primerísimo nivel y cercano al entonces rector, el Mtro. Ibarra Mendivil, me parece en extremo delicado tal aseveración, porque a estas alturas, de la “desmemoria” el Mtro. Mora Arellano pasó literalmente a darse un “balazo en el pie”; alguien lo podría interpretar como que se hizo “harakiri”.

    En algún párrafo de su escrito, el Mtro. Mora Arellano describe burlonamente como una “jaula de hierro” a la estructura y burocracia administrativas. Deduzco, entonces, que en la gestión del Mtro. Ibarra Mendivil, cuando fue director de Planeación, la estructura y burocracia administrativas eran como una “jaula de oro” y que, de ahí para adelante pasó a convertirse en una “jaula de hierro”. Ésta, luego asegura, de acuerdo con cifras de 2016, “evidencia” que por cada trabajador académico hay un trabajador administrativo; sí y no, dependiendo de cómo vea los datos y cómo los interprete. En una búsqueda en el portal de la institución, di con unos datos que el Mtro. Mora Arellano, la MARU y el conjunto de trabajadores de la institución deberían conocer: la Universidad de Sonora tiene en números cerrados 5000 trabajadores, de los cuales la mitad son académicos, más de 1800 trabajadores manuales y administrativos afiliados al STEUS, así como poco más de 78o empleados de confianza. Más menos, a cada uno de los tres sectores correspondería el 50, 36 y 14%, respectivamente. En su planteamiento es correcto afirmar que la relación académicos-no académicos es 1 a 1; sólo que no abunda en el análisis señalando que más de 1800 son afiliados al STEUS, los que si se suman con los 2500 académicos, la proporción entre ambos respecto del personal de confianza sería de 6:1. Y le digo al Mtro. Mora Arellano, son datos duros y oficiales, para que no se me confunda más de lo que ya está… consecuencia de sus “desmemorias”.

    Para evitar la degradación moral, que avance, sostiene el Mtro. Mora Arellano, se requiere cambiar el actual estado de cosas. ¿Cuál, Mtro. Mora Arellano? El estado de cosas “burocrático” del cual formó parte y del cual se sirvió como funcionario de primerísimo nivel; pero, como ahora no pertenece a ese estado de cosas “burocrático”, pues es muy fácil auto-diagnosticarse amnesia y tirarse a los vicios mundanos del olvido. Finalmente, la “jaula de hierro” suele ser tan generosa con los universitarios, como se comenta parece ser que lo fue en su caso, Mtro. Felipe Mora Arellano. En un asunto que fue de dominio público y ampliamente comentado en el interior de la UniSon, usted gozó durante un par de años del privilegio de servir como funcionario en el Consejo Estatal Electoral, tiempo en el que en la propia Universidad de Sonora se le señaló a usted y otros consejeros por qué no habían solicitado licencia a la “estructura” y “burocracia” administrativas, esas que conforman la “jaula de hierro”; se le cuestionó asimismo, el que en teoría usted siguiera cobrando en la Universidad de Sonora, a la par que lo hacía en el Consejo Estatal Electoral. Sería bueno que el Mtro. Mora Arellano desmintiera esos señalamientos en su contra, mostrando la evidencia documentada de que: a) sí pidió licencia, tal y como mandan los cánones administrativos en la Universidad de Sonora, y b) en consecuencia, no cobró un solo centavo de la Universidad de Sonora cuando ocupó aquella responsabilidad.

    Antes de lanzar una cruzada y encabezar un movimiento para evitar que la degradación moral avance en nuestra institución, me parece que el Mtro. Mora Arellano debe darse un paseo por los caminos de la historia y aclarar algunas cosas que aquí se han apuntado. La moral se enseña practicándola, no hablando de ella.

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