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El onceavo mandamiento: no estorbar

POR Nelsy Mendoza

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A diario me toca ver gente estacionada en línea roja, en el cajón para los discapacitados, o tapando a otros vehículos. Eso siempre me hace reflexionar en la forma en la que estas personas están educadas, pero sobre todo en el ejemplo que les dan a sus hijos.

Sé que quienes me lean, podrán pensar que me quejo de cosas cotidianas, pero no por eso debe dejar de sorprendernos o indignarnos. O incluso preocuparnos. Yo siempre pienso -por ejemplo-, en la gente con amplia vocación para estorbar. Los vemos en todos lados.

En los supermercados dejando sus carros en medio del pasillo, en los colegios deteniendo los autos donde no deben, en las filas rápidas, en fin. Tan importante es no estorbar, que incluso en el metro de la Ciudad de México implementaron una estrategia para que la gente, al abordar y bajar del metro, lo haga en orden y sin perjudicar a los que quieren tener acceso al metro.

Desconozco si funcionó o si hicieron caso a las indicaciones para alcanzar el objetivo tan deseado de que todos salieran rápida y expeditamente, en lugar  de hacerlo de manera atropellada.

Y es que por algo, el onceavo mandamiento, ‘no estorbar’, existe, aunque no estuvo escrito en las tablas que Dios entregó a la humanidad. No estorbar, es signo no sólo de buena educación sino también es un gesto de gente considerada, prudente y discreta. Incluso es una cualidad de la gente decente.

¿Y por qué digo que de gente decente? Porque, supongamos que tenemos un presidente de la República inepto. Pues entonces este gobernante, si fuera decente, dejaría de estorbar y se haría a un lado. Supongamos, porque es claro que ya no se va a salir. Y así por el estilo. Es de gente decente reconocer, cuando uno “sólo hace bulto” y es mejor hacerse a un lado.

¡Qué bonito sería un mundo, dónde nadie se estorbara! Donde todos cedieran el paso, respetaran las reglas de tránsito, se estacionaran donde deben. Donde no hubieran los terceros en discordia, los hermanos o la suegra en la visita a la novia, las señoras encopetadas con camionetas que no pueden manejar, pero en las que se encaraman porque les da cierto estatus y se estacionan prepotentemente donde sea. ¡Qué genial sería que los galardonados sin merecerlo, fueran decentes y devolvieran el premio, o se lo dieran a quien en realidad lo merecen! Lástima que, como dirían los chavos de Genitálica, “No lo es, no lo es así, y nunca lo será”.

En fin, qué feliz sería el mundo, si en lugar de estorbarnos, nos ayudáramos unos a otros, fuéramos amables con quienes nos rodean y desarrolláramos más el “músculo cívico” que tanta falta nos hace. Porque para reclamarle a nuestros gobernantes un gobierno de altura, primero tendríamos que ser, ciudadanos ejemplares. Pero no todos lo somos y por eso, México está donde está. Porque como reza el viejo adagio “Cada pueblo, tiene el gobierno que se merece”.

Acerca del autor

Nelsy Mendoza Ramírez es comunicóloga con especialidad en Publicidad y Comunicación Organizacional.

Correo Electrónico

nelsymendoza81@yahoo.com.mx

Twitter

@nmmendoza81

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