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¿Nuestros hijos con síndrome de Down, necesitan estimulación?

POR Maroly Solís Zataraín

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Frecuentemente, muchos padres nos hacemos la misma pregunta bajo el argumento de que la inversión no nada más demanda tiempo, sino constancia y dinero –en la mayoría de los casos-, que en tiempos actuales no sólo basta con ajustar las agendas hacia el interior de las familias y las responsabilidades laborales.

Desde que nace una persona con trisomía 21, debe ser atendida en un primer plano en el aspecto sanitario, realizarle exámenes para descartar algunas de las enfermedades asociadas más comunes como las cardiopatías, anomalías intestinales o alguna deficiencia visual o auditiva y su respectivo cariotipo.

Estos exámenes permitirán conocer la salud inicial de un bebé con síndrome de Down, que determinará el tipo y la periodicidad de atención temprana que tendrá que recibir, aunque en muchos casos no se cumplan al cien por ciento estos programas debido a falta de tiempo o de recursos.

La atención temprana en la primera etapa se centra en la rehabilitación física o motora, a través de métodos que incluyen ejercicios repetitivos en brazos, manos, piernas, cabeza, tronco, entre otras partes del bebé que estimulan el sistema muscular atacando la hipotonía – o bajo tono – con el que nacen.

Por otro lado, la estimulación temprana busca obtener habilidades cognitivas a través de sus sentidos: vista, oído, gusto, tacto y olfato, así como por los sentidos ocultos: interoceptivo y propioceptivo que también determinarán en un futuro su aprendizaje, conducta y emociones.

Es así como en una primera etapa de vida los niños con trisomía 21 requieren de cierta estimulación para que puedan sentarse, gatear, rodar y finalmente caminar, aunque en su mayoría lo logran a edades posteriores que lo hacen los niños sin síndrome de Down.

Pero lograr esto implica que los padres o algún familiar lo lleven a sus sesiones de terapias a un centro rehabilitador, o bien los ejercicios se hagan en casa por la misma familia y, en último caso, que se invierta en un terapeuta a domicilio que de cualquiera de estas situaciones se necesita de tiempo y dinero.

Para una familia “convencional” estos programas resultan costosos en todos los aspectos, pero entonces, ¿qué pasa con aquellas familias monoparentales, donde estas responsabilidades no pueden ser divididas entre dos personas? ¿Cómo le hacen las madres o padres para trabajar y atender a sus hijos al mismo tiempo?

Yo misma que convivo con algunos de estos padres, no sé cómo logran esa organización para cubrir estas necesidades, tomando en cuenta que están casi obligados a trabajar para ofrecer el único sustento que existe en la familia.

Una vez que pasan la etapa de la rehabilitación motora y la estimulación temprana que se sugiere ofrecer de los cero a los 6 años de edad, se presentan otros retos a asumir para las personas con síndrome de Down como lo son las terapias del lenguaje, la lectura, la escritura, la terapia ocupacional, atención educativa, entre otras.

Según algunos expertos y terapeutas, sugieren de manera general que los niños con esta condición inicien alrededor de los dos o tres años sus terapias de lenguaje, donde reciban la estimulación necesaria para desarrollar habilidades y destrezas para una comunicación efectiva a través del habla.

Esta etapa se desarrolla de forma más lenta, porque se inicia un proceso donde debemos buscar el mejor método que pueda ofrecer el aprendizaje más adecuado para cada niño dependiendo de sus alcances y habilidades.

No existe una edad delimitada para la adquisición de la lectura y la escritura tampoco, pero debe de darse de forma efectiva, siempre y cuando la constancia se haga presente a través de sus terapias, sesiones en casa y la escuela que está por demás que debe ser obligatoria.

El proceso de la adquisición de la escritura y la lectura es complicado para todos los seres humanos, más aún para las personas con discapacidad intelectual; sin embargo, es casi seguro su logro, siguiendo las pautas, el método correcto y su constancia.

Una vez adquiridos estas habilidades, podemos darles el seguimiento a nuestros hijos a través de terapia ocupacional, cuyo principal objetivo es lograr que la persona alcance una actitud activa respecto a sus capacidades y modifique sus habilidades disminuidas, valorando su propio potencial.

A la par, la persona con síndrome de Down ya sea en su etapa de adolescencia o adulta, puede ser integrada a un club o grupo, que le permita reforzar su identidad y socialización, a su vez que desarrolle alguna actividad ocupacional ya sea deportiva, artística, espiritual, entre otras.

Entonces haciendo un análisis rápido en estas líneas, podemos observar que las personas con síndrome de Down, en efecto necesitan de atención específica en diversas etapas de su vida, dejando en claro que la relativa a la salud es la prioritaria.

A simple vista pereciera complicado y en ocasiones hasta estresante, organizar sesiones, revisiones médicas, actividades deportivas, sociales o educativas, pero considerando que en cierta forma todas las personas lo hacemos, sólo tenemos que adecuar ese “extra” para que nuestros hijos con discapacidad reciban lo mejor de acuerdo a nuestras posibilidades.

Es así que la estimulación no sólo se da a través de las terapias asistidas de forma profesional, sino de las vivencias, de su motivación adecuada, de la integración en su entorno, del disfrute de la vida misma y natural que le permite a una persona con síndrome de Down, conocer del mundo y desarrollarse de la mejor manera en él.

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

Correo Electrónico

solis.marthaolivia@gmail.com

Twitter

@Marolysoza

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

1 Comentario

  • María Alicia Camacho Martínez dice:

    Hola Maroly saludándote con mucho gusto desde Metepec, Edo. Méx. en donde residimos desde hace muchos años, aunque oriunda de Guamúchil, Sin.
    Al revisar mi tuiter veo con agrado que me sigues y te agradezco mucho, porque me entero a través de esta columna que publicaste en un medio sonorense, que eres mamá de un niño o niña con SD. En ésta detallas las diversas estapas por las que deberíamos involucrar a nuestros hijos con la T21. Ojalá tu trabajo llegara a todas las familias que tienen un miembro con SD, ya que les haría más ligero y fructífero el camino para ambas partes.
    Te felicito enormemente por la labor encomiable que realizas y de la que debes estar muy satisfecha con los resultados que recibes. Me pongo a tus órdenes y te dejo mi correo electrónico, por si de algo te sirven las lecciones y regalos de vida que me ha brindado el ser que más amo en este mundo: mi hija Mariali.
    Te envío un abrazo muy afectuoso.

    María Alicia Camacho Martínez.

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