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Patriarcado desde el gobierno

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En aquellos años, estaba presente en una reunión de ciudadanos cuando llamaron mi atención los comentarios de un varón: “Esa señora es escénica, lo único que quiere es llamar la atención”, dijo el hombre al referirse a las palabras de una mujer que emprendía de nuevo una lucha en Hermosillo, ella exigía a voz en cuello mantener una ciudad limpia y libre de todo riesgo en salud ambiental.

En México la participación de las mujeres en la escena político-social está vigente; sin embargo, arrastra sobre sus espaldas claroscuros que le impiden desarrollar en plenitud su ejercicio participativo.

Con treinta y dos entidades federativas en nuestro país, apenas una de sus gobernantes es mujer, el resto son varones. Además, en el estado de Sonora la representación de las mujeres en la primera fila del gabinete se reduce a tan poco, que se aprecia a simple vista un gobierno marinado de cultura patriarcal por parte de quien nos gobiernan.

¿Quiénes son los pilares y brazos fuertes que respaldan al gobierno en turno bajo esa estructura patriarcal? Pregunto.

No es nuevo que la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano goza de la simpatía y apoyo del priista Manlio Fabio Beltrones Rivera, personaje sacudido en redes sociales con el repudio de la ciudadanía nacional. Cual hombre de negocios políticos, encuentro su presencia en la vida pública y política de nuestro estado, ha sabido penetrar a lo más íntimo de la vida sonorense.

Combatir desde todos los ámbitos de la vida pública el desequilibrio de poder entre varones y mujeres es una respuesta que los sonorenses hasta hoy esperan inútilmente de una mujer gobernadora. En la escena política es una tarea aún más difícil, sin embargo lo menos que se puede esperar es la promoción con evidencia tajante.

Esa actitud gubernamental de desinterés hacia el bienestar y equidad de género, en mi opinión tiene clara interpretación, basta responder a la pregunta antes señalada.

Además, ¿cómo entonces, una mujer en Sonora puede ser gobernadora apoyada por los hombres? La respuesta es muy sencilla. Ella reproduce el patriarcado. Ese predominio del varón en la sociedad que daña profundamente la vida de las mujeres porque las considera inferiores, incapaces, e incluso objeto de pertenencia entre otras cosas. Ese modo de vivir, que si no es, sí parece haber adoptado el gobierno de Sonora.

O acaso, ¿no se ha resistido la gobernadora a declarar alerta de género ante los feminicidios en el estado de Sonora? ¿Cuenta con un gabinete representativo de mujeres y hombres?  ¿Acepta iniciativas de ley hechas por mujeres y para mujeres? ¿O es acaso que las mujeres se ven más bonitas mandadas por los hombres?

Un factor determinante e intrínseco que reproduce el patriarcado es el dinamismo práctico y teórico que los hombres reproducen en su lenguaje: “deja que las mujeres se destruyan ellas solas”. Consideración de desprecio emitida desde los hombres para preservar sus privilegios y que segrega abiertamente la participación de las mujeres en las cosas que culturalmente se heredan a los  varones.

La penetración de personajes señalados como corruptos en la política nacional, y también  vulnerables en la impartición de equidad de género se filtra hasta las luchas sociales. No es casualidad el desprestigio que se instala en medios de comunicación y redes sociales hacia las mujeres en el movimiento “No al Gasolinazo Sonora”.

En la conformación de este movimiento, integrantes del mismo, hombres y mujeres decidieron mantener filtros de participación contra líderes de partidos políticos y líderes sindicales. Manifestaron públicamente estar agotados del partidismo electorero y del sindicalismo charro que en Sonora rige la CTM. Entre sus argumentos manejan la decepcionante participación que estas organizaciones han mantenido en el pasado en las luchas sociales.

La decisión ha sido motivo de linchamiento público, curiosamente hacia las mujeres que participan en el movimiento. Creo que como en otras ocasiones documentadas en la historia de México, algunas de ellas lejanas y otras de épocas más recientes, el patriarcado se hace presente. En la lucha social las integrantes del movimiento son directamente acusadas de incapacidad para dirigir y participar en la lucha, cosa curiosa cuando su participación responde a ejercicios sin remuneración que conllevan la duplicidad de responsabilidades hacia el interior y exterior de sus hogares.

Ese delirio enfermizo de no reconocer la participación honesta de mujeres en el trabajo ciudadano es parte de la cultura patriarcal, se teje también como un trastorno personal por la ambición de poseer triunfos ajenos. En la vida cotidiana y en la vida pública, ahora como siempre el patriarcado se manifiesta en los movimientos sociales y en la vida política de Sonora.

El patriarcado como otros ejercicios desde el poder, ejerce tal influencia en el oprimido, que con frecuencia el mismo oprimido reproduce y disfruta parecerse a su opresor.

Por último, les cuento que aquel hombre que penetrado hasta el tuétano de cultura patriarcal descalificaba la participación de las mujeres en el sexenio de Manlio Fabio Beltrones Rivera, dejó de existir mucho antes de que muriera, después lo vi en una fotografía acompañando en un acto público al exmandatario, está colgada en el museo de Cananea Sonora.

A ella la mujer, el patriarcado no la ha vencido, Ross sigue al frente, acompañada de hombres y mujeres, en defensa sí, del bienestar de la gente.

Acerca del autor

María Dolores Rodríguez Tepezano es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora; pasante de maestría en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional; promotora en Gestión Cultural por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; fundadora de la Red Sonorense por la Defensa de los Derechos Humanos Laborales.

Correo Electrónico

mariadolores_tepezano@hotmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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