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El cielo y la Tierra: los tiempos en la Unison

POR Felipe Mora Arellano

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El periodo para la designación de rector parece interminable. Así lo decidió la Junta Universitaria (JU), en su calendario. Aún faltan tres semanas para que tomen la decisión de agradecerles su participación a nueve de los aspirantes y se queden con cinco.

La fecha límite que se han dado es, a más tardar, el 16 de marzo, para que 14 voluntades designen al sucesor.

Mientras tanto, en esta coyuntura han aflorado muchos cuestionamientos sobre el desempeño y estado que guarda la institución en manos de la presente administración. Algo huele mal en Dinamarca.

¿Por qué, se preguntan algunos, surgen tantas interrogantes y señalamientos en este momento? Pues porque así son las coyunturas, especies de cataclismos que alteran la normalidad en el orden.

Se abren grietas que permiten a los observadores, propios y ajenos, ver lo que en tiempos de normalidad no se aprecia o se oculta. Pasado el siniestro, por llamarlo así, se establece una “naturalidad” y, como canta Serrat, vuelve el pobre a su pobreza/vuelve el rico a su riqueza.

En la historia de la Unison contada a partir de la Ley 4, los universitarios han experimentado seis nombramientos de rector, tres de los cuales fueron para su continuación en el cargo.

Esas coyunturas fueron más o menos tersas en el pasado. Sin embargo, hoy sucede algo diferente que la comunidad percibe. Que la continuidad de un estilo y forma de conducir la institución está asfixiando y limitando la vida universitaria.

La coyuntura permite asomarse y ver que no se trata solamente de tensión por la sucesión lo que mueve a las expresiones de molestia, como suelen argumentar ciertos funcionarios internos para restarle importancia al fenómeno, sino que la estructura en la que se apoyan andamiaje, estilo y  forma, está crujiendo.

El hecho de que el sistema de operación interno no haya evolucionado, impidió producir nuevos liderazgos y generar alternativas novedosas. En cambio, se fue saturando con procedimientos administrativos y prácticas perversas.

La gobernabilidad se pretendió garantizar mediante lealtades que apuestan a la continuidad y el mantenimiento del orden en virtud de los intereses creados. Todos, como se dice, son institucionales, no en el sentido de respetar las normas y procedimientos, sino los deseos de los superiores.

El círculo se fue haciendo más estrecho y la distancia con la comunidad se acrecentó. La autoridad creo así un espejo donde sólo se reflejaban sus aspiraciones y un coro de acompañamiento alimentado con beneficios y privilegios.

Buena parte de ello ha salido a colación y Proyecto Puente ha dedicado  tiempo a hurgar en los expedientes de la Unison, más precisamente, los de su instancia administrativa.

Todo lo anterior ha generado una cultura de la verticalidad y no al revés, es decir, no es que la haya precedido sino que esta fue promovida al grado que la propia comunidad se siente atrapada y no encuentra respiro.

Ha llegado, incluso, a mostrarse apática en participar en los procesos de auscultación, algo que viene mermando la legitimidad del procedimiento y desencarna cada vez más la decisión cupular.

La intención de la JU de congraciarse estableciendo un canal de información con la comunidad mediante una encuesta, para mi gusto ha resultado no sólo penosa sino digna de desconfianza, con todo y que se anunció como medida inédita, nunca antes vista.

Hace tiempo escribí aquí mismo acerca de las consecuencias de esa medida y de sus riesgos si no resultaba eficaz y veraz. En honor a la verdad, sí esperaba el Hic Rhodus, hic salta que ahí expresé.

Debí evitar ser iluso para no desilusionarme, frase de Gómez Morín recordada por Aquiles Fuentes  en una entrevista radiofónica a propósito del tema.

Con mayor optimismo dijo también el aspirante a la rectoría, los de la JU abrieron la puerta, lo que hay que hacer es poner el pie para que no se cierre,  con lo que estoy de acuerdo.

Coyuntura y estructura se han unido en esta ocasión. Espero que quien llegue a la rectoría deje el canto de Serrat, el de La fiesta, y entone el Todo, todo cambia, de Mercedes Sosa, la de Tucumán.

Que el cataclismo de la coyuntura llegue a la estructura, que el cielo y la tierra se junten.

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

Correo Electrónico

fmora@sociales.uson.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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