Quién representa a México hoy, y otras preguntas - Proyecto Puente
Proyecto Puente > Opinión > Quién representa a México hoy, y otras preguntas

Quién representa a México hoy, y otras preguntas

POR Felipe Mora Arellano

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someone

La situación por la que atravesamos en el país está haciendo que la población tome conciencia de que el sistema político imperante resumido como democracia, es ineficaz e ineficiente. Tras el Pacto por México y las reformas estructurales una revista internacional elogió el hecho y dio a una de sus portadas el famoso título Saving México. Ahora, cuando el mismo salvador reconoce que la realidad nos alcanzó, una portada merecería preguntarse Who will save Mexico?,  ¿quién  salvará México?

La población parece no encontrarse preparada para sustituir el sistema de gobierno, no tiene otro referente o modelo. Por ahora desea inyectarle un sentido de moralidad.

Los representantes llegados por la vía del voto y mediante mecanismos propios de los tres poderes, en su mayoría se encuentran muy desprestigiados y ponen en riesgo el sentido de la democracia representativa.

Desde hace tiempo las encuestas de Latinobarómetro han mostrado la desilusión de la gente por la democracia con todo y que el 75% de los latinoamericanos encuestados acepta la frase “churchillena” de que la democracia puede tener problemas pero es el mejor sistema de gobierno.

En efecto, la encuesta indica que la satisfacción con la democracia es un indicador de desempeño económico y esta ha caído desde el 38% en 2015 al 34 en 2016. Y algo más, hay quien piensa (47%) que no le importa un gobierno no democrático si resuelve los problemas.

En México sigue presente una estructura dual en el comportamiento de los  ciudadanos: unos están valorando en forma diferente las cosas mientras que otros permanecen con valores tradicionales de aceptación y escasa o nula participación. Hay aquí una tensión valórica que se muestra como una crisis, cambiar o soportar.

En cuanto a los cambios percibidos, estos son de forma y fondo. Ahí está la democracia, pero también la percepción de libertad y orden, la credibilidad y confianza de las instituciones y de quienes están al frente de ellas (de la clásica frase de los políticos “no son las instituciones las que fallan sino los hombres” a la de hay algo en las instituciones que está fallando y que hace que los hombres que están al frente de ellas se aprovechen y las mantengan).

Se reclama igualdad de trato y se demanda desmantelar las desigualdades. Hay un desafío hacia las instituciones y las formas de gobierno (la escuela, la familia, las iglesias, las cámaras, los partidos, los sindicatos). Todas ellas organizaciones complejas, entrelazadas, pero unas más dañadas que otras. Hay un hastío de la violencia (sin guerra declarada), la corrupción y las inequidades, y las de género por delante.

En este cambio de orden cualitativo se encuentra el aparente fin de una cultura política que se resume en el uso del poder para beneficio de una clase que ha monopolizado la política y lo político. Los privilegios, las canonjías, los robos al erario público -y muchas más perversiones que se conocen desde hace tiempo y que ahora se muestran como razón y causa de la crisis de las finanzas públicas-, se normalizaron y crearon el referente del quehacer político.

Muchos dichos acuñados son muestra de ello: “No quiero que me den sino que me pongan donde hay”, “Un político pobre es un pobre político”, “Ayúdame a ayudarte”, “Ponerse guapo”, “Lo dejo a su criterio”, “Acéiteme la mano”, “No importa que robe pero que salpique”, “La moral es un árbol que da moras, y tantas otras frases que expresan una cultura del quehacer político, del ámbito de la y lo político.

Esta cultura es la que está siendo cuestionada. Quienes viven de y en la política, si quieren moralizarla tendrán que dejar de pensar y actuar muy pronto de esa forma que la ha caracterizado.

En este momento de México es muy atinada la frase del cómico Groucho Marx: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Y vista a distancia nuestra actual experiencia de reformas y paraísos y la gallina seca y los huevos de oro perdidos, la frase de Churchill resulta aún más atinada: “El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo”.

Pero ahora, ni las explicaciones dadas resultan satisfactorias. Frente a tanta inconsistencia, a una parte importante de la población le está quedando clara la frase atribuida a Abraham Lincoln: “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.

Con todo, las manifestaciones de inconformidad que desde hace varios días han venido ocurriendo en muchas partes del país han logrado, en parte, introducir en la agenda política algunos cambios en el comportamiento del funcionariado público y de ciertos dirigentes de partidos.

Uno de esos cambios es “la feria del ahorro” –como la calificó el columnista Carlos Puig-, consistente en reducir sueldos y gastos diversos, y la promesa de hacerlo con otras partidas. Como si eso no debería haber sido siempre. Pero el problema es más que eso.

No estoy seguro de qué tan cerca estamos de la hora cero, porque aún faltan tiempos difíciles por venir, como la llegada del presidente Trump y el nuevo momento –o fin de época, como la llama Gerardo Esquivel que deberá vivir nuestra economía con los cambios en la revisión del TLC y en un contexto donde la realidad nos alcanzó. Y el 2018 está muy lejos!

¿Qué ocurrirá si el actual sistema de gobierno y los representantes que lo conducen son incapaces de reaccionar creativamente y en nombre de los intereses de la mayoría de la población? ¿Quién es México hoy, quién lo representa?

Hace apenas unos meses, en nombre de México se invitó al candidato Trump en contra de la opinión generalizada de la población. Vino y se le dio trato de ganador.

A quien se señaló como su verdadero anfitrión, ahora con el cargo del secretario de Relaciones Exteriores, en su reciente discurso habla de que México (o sea el secretario) negociará con gran seguridad con Estados Unidos, con dignidad e inteligencia. Un funcionario que aseguró que del cargo no sabe algo.

El jefe del Ejecutivo, quien habla en nombre de México, goza actualmente de una popularidad cercana a un dígito. Los partidos políticos cuyos representantes están en las cámaras tampoco tienen la aceptación de la gente.

¿Cómo y quiénes pueden convertir la ineptitud en eficacia? ¿Dónde están esos hombres y mujeres, o las organizaciones que encabecen la transformación o eviten el colapso? ¿Qué tanto nos estamos acercando a esa hora cero en donde la ineptitud sea el mal menor frente a una total deslegitimación del sistema de gobierno, de la democracia?

Al no haber respuestas satisfactorias que eviten el colapso, las creencias se evaporarán, la quiebra moral puede disolver la fe, generar desesperanza y conducir al extremismo. De ahí a la anomia hay unos cuantos pasos.

Si bien se advirtió y supuso que se intentó contrarrestar las manifestaciones pacíficas recientes con el saqueo y la violencia, no debemos olvidar que en situación de pobreza la gente logra vencer el miedo y sabe que, como se decía hace tiempo, lo único que puede perder son sus cadenas. Ambas condiciones son un camino que, en nombre del orden y las instituciones, puede conducir al régimen de excepción.

No debemos olvidar la advertencia del filósofo Jaspers, de que la democracia, en su último fondo, es una cuestión de moral.

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

Correo Electrónico

fmora@sociales.uson.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *