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¿Niños eternos?

POR Maroly Solís Zataraín

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Uno de los grandes mitos alrededor de las personas con síndrome de Down, es que se les trata como si fueran niños pequeños, se les habla, guía y sobreprotege, ya sean jóvenes o adultos, y esto sucede frecuentemente, desde el interior de sus familias, como a nivel general en la sociedad.

Pensamos que al tener una discapacidad intelectual -que suele ser de leve a moderada- podemos generalizar y tratarlas de forma especial. No nos dirigimos a ellas directamente sino -casi siempre- a su acompañante o les hablamos pausadamente, por poner un ejemplo.

Debemos dejar en claro que ese cromosoma extra no provoca que las personas con síndrome de Down sean niños por siempre o que se vayan a comportar como tales, sus actividades y roles de vida cambiarán de forma automática y paulatina, como la de todos los seres humanos.

Al nacer, las personas con síndrome de Down necesitan un impulso extra, a través de la estimulación temprana que representa un periodo vital para el desarrollo óptimo y augurar un buen futuro, siendo éste hasta los seis años regularmente.

Durante esta infancia se presentan con claridad las principales necesidades a cubrir en cuestiones de salud, de escolaridad, de terapias y actividades ocupacionales que el niño pudiera desarrollar en esta etapa, donde sigue siendo válido tratarlo como lo que es, un niño.

Posteriormente llega la pubertad y la adolescencia y con ello se hacen presentes los cambios hormonales, físicos y emocionales, siendo en esta etapa de transición donde la carga afectiva se incrementa y organiza principalmente las ideas, opiniones o deseos que pudieran tener.

En esta etapa, el adolescente con síndrome de Down manifiesta –como generalmente suele ser- conflictos en sus relaciones afectivas, escolares, busca la similitud y convivencia con sus iguales en edad o condición

A partir de entonces dejan de ser niños, son jóvenes con síndrome de Down, por lo tanto es necesario que los tratemos como tales y nos dirijamos a ellos de acuerdo a su edad.

En la etapa adulta se debe presentar un grado suficiente de independencia y madurez, que es el objetivo de muchas familias de personas con trisomía 21, para que desarrollen un rol de vida en las áreas laborales y sociales.

Pero de antemano debemos ser conscientes de que su condición será de por vida, de que su aprendizaje se torna en estas etapas de forma más lenta y que de acuerdo a las herramientas que se les haya otorgado, junto con una estimulación adecuada e integración, los resultados serán acorde

Sabemos de antemano que la sobreprotección a los hijos -con o sin- síndrome de Down, generará niños eternos, sin funcionalidad, sin un plan de vida, sin una función social o integración en la misma.

Entonces no debemos pensar que el síndrome de Down causará tener niños eternos; por el contrario, se debe fomentar la independencia desde pequeños y de acuerdo a su edad explicarles la funcionalidad de las cosas y de la vida misma.

Desde cuestiones de la vida cotidiana, toma de decisiones, responsabilidades laborales o personales, de cuestiones afectivas o sexuales, entre otras, que forman parte de la cotidianeidad del mundo entero.

La sugerencia aquí es que evitemos expresiones como: “conocí a un niño con síndrome de Down” o “vi en la tele a una niña con síndrome de Down” y resulta que el niño o la niña tenían 30 o 40 años, todos unos adultos o incluso adultos mayores.

Así que la invitación de este texto, es para socializar en las etapas que la vida misma aplica para todas las personas, tengan o no síndrome de Down y dejar en claro que no son niños eternos, al menos que la sobreprotección lo lleve a ello.

Un factor importante es el miedo que tiene la familia, que intentan hacer más fácil la vida de estas personas y acaban haciendo que la persona sea totalmente dependiente.

Existe la creencia de que las personas afectadas con este tipo de trisomía son niños eternos. Esto es totalmente falso, una discapacidad intelectual no debe usarse como pretexto para tratarlos como niños. Ellos pueden comportarse de acuerdo a su edad cronológica siempre y cuando sea tratado de acuerdo a ella.

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

Correo Electrónico

solis.marthaolivia@gmail.com

Twitter

@Marolysoza

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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