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Del ‘Ustedes, ¿qué hubieran hecho?’ al qué debemos hacer y estamos haciendo

POR Felipe Mora Arellano

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Hoy debiera estar escribiendo sobre lo que piensan los aspirantes académicos –sin cargo administrativo- a la rectoría de la Unison. A reserva de retomarlo después, el momento por el que atravesamos en la entidad y el país, reclama hacer una reflexión que se suma a tantas otras que se han escrito y se seguirán haciendo en los próximos días.

Escribió José Nun, politólogo argentino, que “En la tragedia griega el centro del escenario lo ocupaban casi siempre los héroes, únicos que se hallaban en contacto directo con los dioses. La vida cotidiana tenía reservado, en cambio, un espacio subalterno y sin rostro: el del coro.

“Lo formaban las mujeres, los niños, los esclavos, los viejos, los mendigos, los inválidos, en una palabra, todos los que se quedaban en la ciudad cuando los demás partían en busca de la aventura, del poder y de la gloria” (“La rebelión del coro: estudios sobre la racionalidad política y el sentido común”. pág. 11, Editorial Nueva Visión, 1989).

Si nos atenemos a esa imagen, hoy es la hora del coro. De la acción colectiva, del movimiento social. Este camina de manera paralela al sistema de representación que nos organiza. Es decir,  el ámbito de los partidos, el Congreso, las cámaras y los poderes institucionalizados.

En esas instancias los representantes fueron quienes, en su mayoría, le aprobaron al presidente Peña sus iniciativas de reformas diversas y el ejecutivo tomó la decisión de incrementar el famoso IEPS. Todos ellos observaron el contexto internacional y vernáculo y decidieron sin consultar al coro.

Por ello resulta ocioso que, tomada la decisión del llamado gasolinazo, EPN a través de la televisión nos pregunte ¿y ustedes qué hubieran hecho?, mostrando un escenario de espada contra la pared. El gasolinazo o el caos, una especie de “de los males el menor”, pero el tamaño de ese mal menor es el que ha generado la indignación y la furia.

Si tuviéramos partidos progresistas y comprometidos con la población, sería su hora. Estarían encabezando los cambios a las medidas que afectan a la mayoría. No es así. Ellos se representan a sí mismos. Se han dado canonjías y labrado el camino para su reproducción.

Han perdido legitimidad aunque sean legales. Tienen un halo enmarañado de leyes y procedimientos con los que protegen su proceder. Frente a ello la población se ve impedida de modificar tal estado de cosas que no sea mediante los procedimientos establecidos de la representación.

Pero, como se ha visto, una parte de la sociedad desconfía de ellos y de lo que huela a políticos y a partidos. Pero sin ellos no hay democracia como sistema. ¡Qué tragedia!

Con todo, una consecuencia de la acción de una parte del coro que se está manifestando  es que la protesta y el rechazo sean incorporadas a la agenda política y modifiquen la decisión tomada. Sin embargo, todo lo ocurrido en el país hasta ahora resulta insuficiente para que los diputados federales aprueben un periodo extraordinario de sesiones y se trate el asunto que tanta inconformidad ha provocado. Es preciso apretar más sumando a más.

La situación que vivimos ojalá nos encamine por la vía de construcción social de nuestra realidad, y el movimiento social que se desarrolla marche hacia la reconstitución de una identidad colectiva para darle un nuevo sentido a su acción.

El indicador de ello es que una parte del coro se empieza a rebelar. Se niega a seguir con un papel que ya no quiere representar; se ha dado cuenta que desde hace tiempo lo han sacado del escenario y que solamente le piden actúe para legitimar la obra mediante el quehacer político-electoral. Ya no quiere ser más ese coro. Desea modificar las pautas de la democracia representativa, instaurar un sistema de justicia real, acabar con la impunidad, poner fin a los atracos al patrimonio público, y terminar con las canonjías y privilegios de la clase política.

Al impedir que en sus marchas y expresiones participen los partidos políticos disminuyen la legitimidad de ese tipo de representación. Movimientos sociales y partidos parecen caminar distantes. Pero los primeros no tienen una representación en tanto  que los segundos encarnan el sistema de representación de la democracia que vivimos.

Esta condición de los movimientos sociales –no son institucionalizados- los debe conducir a desarrollarse y madurar. A dotarse cada vez más de certidumbre, y reconstituir una identidad colectiva. Se hagan de  instrumentos como recursos políticos y sociales para lograrla tal identidad. Solo así será capaz de transformar la manera de hacer política y activar a los partidos políticos y a la atrofia en la que han caído.

Con esa fuerza y reconstitución pueden darse nuevas vías para el diálogo. Pero se requiere de sumar a muchas organizaciones que ya se expresan y se han expresado con una identidad particular en la ciudad y el campo.

Desde aquellas que luchan por la equidad de género, otras juveniles, por los derechos humanos, incluso las religiosas, de consumidores, de sindicatos independientes, y tantas otras de corte progresista que actúan pero que no crean una identidad colectiva y sólo se movilizan por la defensa de su interés, o actúan como grupo de presión y que requieren que alguien las represente.

Así, a la pregunta de ¿y ustedes qué hubieran hecho? la respuesta es hoy estamos intentando pasar de la protesta reactiva a la auto organización de ciudadanos. A construir un movimiento social que busca un nuevo argumento y un nuevo escritor para darle otro sentido a nuestras acciones en el marco de un sistema representativo.

¿Puede darse marcha atrás a la medida del gasolinazo y el aumento de otros impuestos, que es lo inmediato?

Tal vez sí, con la suma de muchas voluntades y acciones inteligentes y eficaces que logren presionar a quienes, desde las instancias de representación, tienen la facultad para hacerlo y estén interesados en reivindicarse con la población por ahora y para más adelante. De la población dependerá cómo habrá de llevarse esa relación en el futuro.

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

Correo Electrónico

fmora@sociales.uson.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

3 Comentarios

  • Francisco Gonzalez dice:

    Estimado Felipe:
    El decreto del gasolinazo y sus consecuentes protestas son parte de una política que comenzó con las reformas estructurales. Parecía que si se había llegado a un acuerdo, la riqueza prometida quizá no estuviera tan lejos, quizá sería cierta. No habría más gasolinazos, se prometió. Sentadas las premisas, sólo estamos para gritar y quejarnos. La gasolina cada vez más cara será naturalmente necesaria en virtud de aquella reforma. Y así será, si queremos se un país competitivo.

    • Josh dice:

      y porque no empezar con salarios competitivos ya que no solo un pais se mide por los precios de sus productos, tambien por los ingresos de cada uno de sus ciudadanos de que sirve tener productos caros y n ingreso salarial bajo donde esta la competitividad mas bien seria explotacion de la clase obrera, si las cosas se ponen caras como se alimentara el obrero y alimentara a su familia si no podra ni siquiera comprar productos dignos para su familia ya que apenas y podra comprar frijoles, arroz y tortillas, en serio a lo mejor tu tienes buena posicion social por eso no te preocupa la situacion de las otras clases sociales pero que bueno que estan levantando la voz es derecho de cada uno y quien quiea ejercerlo que asi lo haga recuerda tus actos determinan tus beneficios o consecuencias asi porque depreciar a otros cuando se les puede apoyar y orientar y no solo criticar

  • Lizandrina dice:

    Excelentes reflexiones.

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