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¿Qué pasará con Cuba? Un breve análisis geopolítico

POR Nicola Origgi

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La semana pasada, a los 90 años, falleció el Líder Maxímo de la Revolución Cubana, Fidel Castro.

Alejado del poder por razones de salud desde 2006, se cierra, con su muerte, una época que, en términos geopolíticos, ya parecía haberse acabado: la contraposición entre EEUU y una isla comunista, a pocas decenas de kilómetros de Florida. Sin embargo, la situación es un poco más compleja.

Si bien es cierto que hay una distensión entre Cuba y EEUU, culminada con la reapertura de las respectivas embajadas en julio de 2015, todavía hay un camino largo por recorrer cuyas perspectivas ahora sí se ven sombrías para la isla caribeña.

El embargo sigue vigente y el Presidente electo Trump ya ha dejado bien claro que no habrá concesiones si primero Cuba no emprende un camino claro de democratización. La distensión, propiciada y deseada por la administración Obama, parece tener los días contados.

A la Cuba de la familia Castro le quedan pocas opciones: ya no cuentan con el respaldo importante que le dio Venezuela con Hugo Chávez.

A cambio de apoyo político y asesoría en materia militar y de inteligencia, Venezuela proporcionó a Cuba por años petróleo a precios baratos, una financiación generosa y una renovada centralidad en la esfera política latinoamericana.

Cuba pudo mantener de esa manera un estado social que, hay que admitirlo, no tiene iguales en la región, pudo lograr una cierta estabilidad económica y eso tal vez impidió, hasta ahora, la implosión del régimen.

Sin embargo, eso ya se acabó por la caída de los precios del petróleo y la gravísima crisis económica que el mismo Venezuela padece.

Tampoco China, formalmente un país comunista, parece estar demasiado interesado en la suerte de Cuba.

Si bien es el segundo socio comercial de La Habana, tampoco ha habido mucha cercanía ideológica y, de momento, China tampoco ha demostrado mucho interés en explotar su fortaleza económica para consolidar su posición e influencia política en América Latina.

Brasil, el otro gran partner de Cuba bajo la presidencia de Lula y Rousseff, también se ha alejado bajo el gobierno de corte derechista de Temer.

A la Cuba post Fidel le queda solo un camino viable: EEUU y por ende el Occidente.

Igual Raúl Castro lo ha entendido y ha empezado, de manera muy pragmática, un lento proceso de reforma de la economía que debería poder facilitar, en las intenciones, una apertura a la inversión privada sin poner en peligro los fundamentos políticos del sistema. Un camino similar a China.

Pero Cuba no es China: faltan los capitales que China ha acumulado para poderse transformar en una potencia económica mundial. Cuba necesita de capitales para modernizar su economía.

Además algo muy importante ha cambiado en la ecuación de Raul Castro: ahora en la Casa Blanca estará Donald Trump.

El Presidente electo Trump ha dejado bien claro cuál es su postura sobre la isla: los acuerdos procederán y se mantendrán solo frente a un proceso de liberalización política en la isla.

Trump podría jugar bien sus cartas, realizar pocas pero significativas concesiones que minen las bases del modelo de poder castrista, limitar ciertos aspectos del embargo y demostrarse, por lo contrario, inflexible en otros.

Quizá sea cuestión de años y Trump, con inteligencia y pragmatismo, tal vez logre lo que todos los presidentes de EEUU desearon desde Kennedy: la implosión del régimen cubano y la llegada de la democracia a Cuba, algo similar a lo que sucedió en el este de Europa en los años 80s.

Castro, en su juventud, dijo una frase celebre: “Me podrán condenar, pero la historia me absolverá”. Sin duda, el ministerio público de la historia tiene muchos elementos muy evidentes para condenar a Castro: sistemática violación de derechos humanos, muertes, exilios, pobreza y más.

Acerca del autor

Nicola Origgi es profesor de Marketing 2.0 en la Vicerrectoría de Educación Continua del Tecnológico de Monterrey.

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Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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