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El alcalde que no sabe gobernar, pero sí sabe recaudar

POR Aaron Tapia

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A poco más del año en la alcaldía, Maloro Acosta ha demostrado lo grande que le ha venido esta investidura.

Entre el constante crecimiento de la delincuencia que azota a la ciudad, las calles destrozadas y falta de señalizaciones, de intentos arrebatados por crear la percepción de que se trabaja por recuperar el orden, ha incurrido en graves faltas a los derechos humanos; además llama la atención su obsesivo afán privatizador y recaudador, como si estuviera desesperado por tratar de cumplir con promesas de algún o algunos compromisos adquiridos previamente a su llegada a la alcaldía.

Primero intentó privatizar la recolección de la basura, lo cual, no le fue posible, pero aumentó al 60% el costo del agua.

El sábado pasado en Cabildo con la ayuda de los regidores del PRI, PAN, PANAL y PVM, se aprobaron los aumentos en multas de tránsito, el aumento del agua de 35% y la privatización (concesionar le llaman ellos) del servicio de alumbrado público. ¿Y qué resultados hemos obtenido los mexicanos con privatizaciones de servicios públicos?

A lo largo de más de treinta años, los gobiernos priistas de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Enrique Peña, así como los gobiernos de la “alternancia” panista de Vicente Fox y Felipe Calderón, han ido desmantelando la infraestructura de servicios paraestatales y han puesto en venta los principales bienes nacionales, al punto que, ya casi no queda nada en México por ser vendido.

Las empresas paraestatales que han sido privatizadas fueron alguna vez organismos estatales constituidos y amparados por las leyes mexicanas, financiadas por la propia ciudadanía mexicana y que fueron instituidas con la finalidad de otorgar los servicios y satisfacer las demandas que el mismo ciudadano requiere.

Durante largos años dichas empresas lograron implementar una infraestructura de bienes y servicios a lo largo y ancho del país y que a la postre, simple y sencillamente fueron rematadas al mejor postor sin que el monto de la compra reingresara al gasto público para satisfacer otras demandas de los ciudadanos; dicho dinero sólo ha servido para engrosar las cuentas de políticos corruptos y empresarios inescrupulosos.

Aunado a esto, la carga hacendaria que se cobra a los contribuyentes no ha disminuido en lo más mínimo en los últimos años, por el contrario, los gravámenes hacendarios se han ido incrementando con los años, inversamente, cada día tenemos menos servicios públicos, programas sociales más limitados, menores prestaciones sociales, y prácticamente, nula seguridad social. La intención primordial de nuestros impuestos es la de subsanar las deudas por conceptos de rescates financieros a empresas cuyos directivos han defraudado o desfalcado, en vez de sostener las finanzas públicas de organismos gubernamentales de educación, seguridad, salud, previsión social y miles de otros servicios que han ido desapareciendo.

Dos ejemplos muy claros y emblemáticos de esto son:

1).- El caso Telmex; durante más de medio siglo, el gobierno federal destinó importantísimos recursos públicos a la creación de una robusta empresa gubernamental que proporcionara servicio de telecomunicaciones, fundamentalmente telefonía y telegrafía; hubo que hacer un esfuerzo titánico para la colocación de postes, tendido de líneas, interconexión de las comunidades más inhóspitas y remotas, inversión en infraestructura, personal, equipos, oficinas, vehículos, herramientas, servicios y un universo entero de insumos, materiales, instalaciones y gestiones que ninguna empresa privada hubiera estado dispuesta a dispensar porque simplemente todo ese afán no era económicamente redituable.

Sin embargo, el contar con una infraestructura telefónica tan colosal con el único afán de administrarla era el sueño dorado de cualquier empresario del mundo. Dicho sueño se cumplió para Carlos Slim, cuando en 1992 pudo adquirir Telmex con todo y personal por una módica cantidad que no representaba siquiera el tres por ciento de su valor real en el mercado mundial.

2).- En 1990 se declara la privatización de los bancos mexicanos. Es así como instituciones bancarias como Banamex, Bancomer y Serfin son adquiridas por firmas internacionales, principalmente estadounidenses. El resultado de esta medida se padeció apenas cuatro años después cuando el gobierno implementa un programa de rescate financiero de las instituciones bancarias en crisis por malos manejos, malversación de fondos, y corrupción. Es entonces cuando aparece el fatídico Fobaproa y es emulado años después por el IPAB.

Crear e institucionalizar la presunción a favor de que la solución de los problemas sociales se pueden dar a través de las reglas del mercado, ha sido el mayor engaño. El caso de Teléfonos de México es tremendamente drástico ya que por la magnitud de su infraestructura, se ha convertido en un monopolio imposible de derrocar. Difícilmente ninguna empresa nacional o trasnacional podrá competir limpiamente contra Telmex, pues para ello sería necesario instalar una infraestructura de al menos la mitad del tamaño de la empresa de Slim, me atrevo a decir que ninguna empresa del mundo tiene tanto capital como para instalar un tendido telefónico de tales vuelos.

Durante muchos años nuestros gobernantes se han empeñado en ocultarnos la maquinaria privatizadora que prácticamente lo ha consumido todo en México, nos han querido mostrar que el fantasma de la privatización es una entidad que no existe aún en nuestro país, aunado a esto, se nos ha tratado de engañar con el paradigma de que la inversión privada no es algo adverso, y que por el contrario, la participación de empresas no gubernamentales, sobre todo extranjeras, generará “movilidad económica” y sobre todo un incremento en la calidad de los servicios que nos proporciona el Estado; está totalmente claro que esto es una falacia, pues durante estos treinta años, las empresas paraestatales que han quedado en manos de la inversión privada no registran un incremento en el nivel de satisfacción de los usuarios, y por el contrario, degeneran más descontento social, pues la privatización implica que los mexicanos paguemos dos veces por un mismo servicio, si no es así, entonces, ¿A dónde se van nuestros impuestos si no es a fortalecer la infraestructura de servicios públicos? ¿Quién se queda con nuestro dinero?

Toda esta parafernalia privatizadora lo único que exhibe de nuestros gobernantes es que, como nuestro alcalde hermosillense, son simples y ordinarios publicanos al servicio de las rapaces elites económicas.

Acerca del autor

Aarón Tapia ha participado en radio como productor y conductor del programa de diversidad temática Ensalada de Tópicos.

Correo Electrónico

ensaladadetopicos@gmail.com

Twitter

@naranjero75

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

14 Comentarios

  • Edd dice:

    Sin lugar a dudas el puesto le vino grande no tiene las tablas ni el colmillo político para sacar adelante una alcaldía. Creó que es mejor que se devuelva a vender dogos.

  • Alejandro Castrejón dice:

    Tenemos el ejemplo de SICTUHSA quien fue creado a partir del SUBA de Bours y J Duran, han suspendido el servicio, bloqueado las calles del centro y hasta violado la ley al no respetar los dos pasajes gratis a estudiantes, pero nunca les cancelado ni una concesión y las multas nunca las han pagado.

    ¿Así controlarian la empresa concesionaria también?

  • Víctor Bolaños dice:

    Estupendo artículo para que no se nos olvide lo que han hecho de nuestro México la clase política y sus patrones los empresarios de altos vuelos, iguales de voraces que los políticos. Y aquí en Hermosillo todos sabemos que el Maloro es un achichincle de Ricardo Mazon.
    Como consejo constructivo para el presidente municipal, cambie a su Secretario de Ayuntamiento, de donde salió político Jorge Suilo, un verdadero parasito que le hace más daño, no soluciona nada, no tiene la más mínima capacidad negociiadora nii para nada más.

  • Carlos dice:

    Al señor maloro no le quedó grande la yegua le quedó grande HERMOSILLO

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