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No al orden: una manera de analizar el desorden

Imagen: Internet

POR Felipe Mora Arellano

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No había tenido tiempo de reflexionar sobre dos hechos violentos ocurridos en el centro del país que tuvieron una amplia difusión por las redes sociales y otros medios de información.

El primero, en el estado de México, es el caso del llamado “justiciero de La Marquesa”, quien mató a balazos a los asaltantes luego de que robaron a los pasajeros de un camión donde él mismo viajaba.

El segundo caso,  que sucedió en Aguascalientes, fue la muerte de “el Chepe”,  un joven que entró a robar a la casa de tres mujeres costureras, atacó a una de ellas con un cuchillo y luego ellas le dieron muerte a cacerolazos y ladrillazos.

En el caso de “el justiciero”, el hecho puso frente a frente a la ley y la justicia contra el malestar social. Los pasajeros se mostraron solidarios con quien dio muerte a los ladrones, miembros de una banda que robaba con frecuencia a esa ruta de camiones, callaron y recuperaron lo robado .

Una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica dio como resultado que a la pregunta “De haber estado usted en el camión, ¿denunciaría al justiciero que mató a los delincuentes que le robaron?”, 53.2% dijo que no lo hubiera denunciado y 38.9% respondió que sí, mientras el resto no supo o no contestó.

La encuesta también preguntó si de estar en una situación similar y si tuviera la oportunidad, ¿usted haría justicia por su propia mano para no ser víctima de la delincuencia?, 47.7% dijo que sí haría justicia por su propia mano y 43. 9% dijo que no, en tanto que el resto no supo responder o no quiso hacerlo.

Del segundo caso, las tres mujeres que dieron muerte al joven de 22 años de edad, que recién había abandonado la prisión, fueron detenidas pero el ministerio público determinó que habían actuado en legítima defensa y las dejó en libertad.

Dos hechos llamaron mi atención: uno, la solidaridad de que gozaron las mujeres de parte de la sociedad que conoció del caso y que estaba dispuesta a defenderlas si la autoridad las declaraba culpables.

El otro hecho fue la reacción de los familiares del joven, quienes consideraron que las mujeres se habían excedido  y acusaban que no había muerto a golpes sino asfixiado. Su prima declaró a la televisión, una vez que conoció que las mujeres habían salido libres, que las costureras  habían logrado lo que querían, su libertad, en cambio la familia del joven  ¿qué?, es decir, no había recibido nada a cambio, es decir, justicia.

Se informó que las costureras no regresaron a su hogar, quizá por temor a que los familiares del joven se hicieran “justicia” por sus propias manos.

Según el Consejo Coordinador Empresarial, de enero a julio de 2016 se registraron 195 linchamientos o actos de justicia por mano propia en el país. La población acepta e incluso apoya que algunos hagan justicia de esta manera, ya que las autoridades no hacen nada para proteger a los ciudadanos.

Un estudio realizado por la Universidad de las Américas y difundido el año pasado mostró a México en el segundo lugar entre 59 países con los mayores niveles de impunidad, sólo superado por Filipinas y por arriba de Turquía, Colombia y Rusia.

(El fenómeno suele calificarse como una expresión del “México Profundo”, o del México Bárbaro, de John K. Turner. Como si los mexicanos fuéramos los únicos que tuviéramos hipotálamo. Habremos de ver el Estados Unidos profundo o bárbaro que Trump ha generado).

Otro estudio, ‘Linchamientos en México: recuento de un periodo largo (1988-2014)’, de Raúl Rodríguez Guillén y Norma Ilse Veloz Ávila de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), reveló hace poco que en los últimos 26 años se han registrado al menos 366 casos relacionados con el linchamiento, principalmente en la zona centro-sur del país, la más golpeada por la violencia y la pobreza.

Hermosillo no es la excepción aunque hasta ahora no se han dado muestras de extrema brutalidad como en otras partes del país. Nadie puede asegurar que no ocurra.

Los hechos violentos y reacciones como éstas, para algunos pueden ser expresiones de una situación de desorden social y claman por restablecer el orden. La autoridad suele reaccionar mediante el  aumento del número de efectivos policiacos y armamento; otra parte piensa en elevar las penas. Ambas medidas como parte de la solución a lo que consideran como problema: el desorden.

Sin embargo, los actos delictivos están indicando un malestar generado por un determinado orden. Quienes carecen de lo elemental para vivir delinquen porque no les queda otra opción o no la tienen. No son mártires que se dejan morir ante la desigualdad. Son su expresión.

Dicho orden ha entrado en desequilibrio especialmente en lo que se refiere a los problemas económicos (desempleo, bajos ingresos, costo de la vida, etcétera) y va junto o se expresa en,  el debilitamiento de instituciones integradoras como la familia, las iglesias, la política y sus expresiones organizativas…

Como resultado de ello, los sistemas de valores se disuelven poco a poco.  Se entra en un sálvese quien pueda toda vez que la organización social está resultando ser incapaz de asegurar la armonía social.

Los medios y los fines los determina cada quien. Se entra así en una fase de anomia, ese estado que renuncia a la vida social, que desprecia las leyes, normas o referencias por inservibles.

De ahí que se insista en la necesidad de una revolución moral, de humanizar las leyes e instituciones, de crear un nuevo orden no de restablecerlo.

Ante y frente a ese malestar se desean y esperan los liderazgos, lo mismo en la figura del justiciero, que da seguridad ante la amenaza, que en la imagen y figura de quien promete un nuevo orden de cosas.

El desorden no genera lo anómico sino el orden que, para muchos, resulta insoportable.

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

Correo Electrónico

fmora@sociales.uson.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

1 Comentario

  • Francisco Gonzalez dice:

    Un grito de alarma y un despertar de conciencia para el actual estado de cosas.
    Me gusta la exposición de las ideas y sus conclusiones.

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