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¿Quién votó en verdad a Trump? Un análisis del voto

POR Nicola Origgi

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Se ha vuelto común en los últimos días atribuir la inesperada victoria de Trump al voto de blancos adultos, generalmente de bajo poder adquisitivo y de bajo nivel académico. En extrema síntesis, a Trump lo votó el hombre blanco enojado.

Quizás “la situación sea un poco más compleja”, como amaba decir el político italiano Giulio Andreotti, y requiere un análisis con un poco más de profundidad.

Analizar las encuestas de salida del día del voto, nos permite, si bien con todas las limitaciones del caso, tener un cuadro más claro.

Empecemos con el voto de los electores de raza blanca: aquí Trump efectivamente ganó con el 58% de los votos, -1% respecto al candidato del Partido Republicano, Mitt Romney en 2012.

Sin embargo, Trump logró conquistar el 8% del voto negro (+2% vs Romney) y, con gran sorpresa, casi el 30% del voto hispano (+3% vs Romney)

Resulta igual de llamativo que el 41% de las mujeres, independientemente del grupo étnico, hayan preferido al magnate sobre Hillary Clinton.

Si nos enfocamos sobre el voto por el nivel de ingresos, igual nos llevamos otra sorpresa: Clinton ganó entre las personas de más bajos ingresos (inferior a los 50 mil dólares por año), mientras que Trump prevaleció entre los estratos más altos.

Clinton en especial prevaleció en el grupo de electores con ingresos inferiores a los 30 mil dólares por año (53%), aunque no replicó el éxito de Obama (65%),

Trump ganó el voto en las zonas rurales (62%) y suburbanas (55%) mientras que Clinton se llevó el voto urbano (60%).

Interesante igual destacar que cerca del 40% de los millennials optaron por Trump, aunque, eso sí, fue el grupo con el más alto nivel de abstencionismo y que votó por un tercer candidato, lo que, en Estados Unidos equivale al acto práctico de desperdiciar el voto.

Clinton no logró convencer a los millennials, como sí lo hizo Obama en 2008 y 2012 con una preferencia superior al 65% en ese grupo.

Lo más llamativo de esa controvertida elección es que ninguno de los dos candidatos realmente logró ganarse el corazón del elector: ambos llegaron con un alto nivel de rechazo. Más que un voto a favor del uno o del otro, los estadounidenses la semana pasada votaron en contra del uno o del otro.

Fue un voto que, como escribíamos en pasadas ocasiones en ese mismo foro, se decidió por el estomago. Y aquí Trump hizo una mucho mejor campaña que Clinton, con un eslogan poderoso (Make America Great Again), construido sobre un insight muy sólido, y pocos temas, explicados de una manera simple, sencilla y entendible para los electores.

Ganar una elección por el estomago tiene como consecuencia dejar un país dividido como es el caso de Estados Unidos. Hubo protestas en contra del resultado electoral y disturbios en varias áreas urbanas.

Al presidente electo le tocará ahora gestionar una compleja labor de reconciliación. Hemos visto, desde la semana pasada, un Trump bastante más moderado, más pragmático: su discurso de victoria fue conciliador y pacato.

Esperemos que Donald Trump haya interiorizado que gobernar a un país es muy diferente y mucho más complejo que ganar a una elección.

 

Acerca del autor

Nicola Origgi es profesor de Marketing 2.0 en la Vicerrectoría de Educación Continua del Tecnológico de Monterrey.

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