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¿Es Trump nuestro extraño enemigo?

POR Felipe Mora Arellano

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Muchos comentarios y análisis abundan sobre el triunfo de Donald Trump (DT) y las consecuencias para el mundo, México y los EU. Unos, reflexionan acerca de las causas, razones, emociones y motivos que dieron el triunfo a DT, los cuales se formulan en todas partes del planeta.

Elementos políticos, sociodemográficos, histórico-económicos, pero también de orden emocional, son empleados para explicar el fenómeno. Con base en ellos, también se proponen escenarios para el corto y mediano plazos.

Además de los anteriores, otros análisis y discursos se ofrecen en nuestro país en la perspectiva de poner más atención a sus consecuencias inmediatas y en el mediano plazo –que para otros resulta más corto- en torno a las elecciones presidenciales del 2018.

Entretanto, hasta el momento en que escribo estas notas, van tres días de protestas callejeras en contra de DT, a quienes algunos se dicen no reconocer como su presidente. Otros, como en California, proponen su CalExit e independizarse de la Unión.

Sin embargo, también hay voces que apoyan el triunfo de DT; el KKK anunció una marcha en su apoyo para el mes de diciembre. Las redes dan cuenta de los hostigamientos y ataques que sufren los pieles morenas de parte de las blancas y les piden que salgan a la voz de Build the Wall.

Podríamos decir que desde hace algunos años, la globalización alcanzó a los propios EU y como hemos leído, se generó un proceso de desindustrialización y de concentración de la riqueza. Para ocupar los trabajos “que ni los negros quieren” (Fox dixit) arribaron muchos inmigrantes a ese país.

El capital no tiene patria, se asienta y mueve donde considera que su reproducción le da ventajas competitivas. Así fue que muchas firmas industriales y de servicios abandonaron los EU y se extendieron por todo el mundo, México incluido.

El TLC es parte de ese proceso. Puerta abierta a las mercancías salvo a la fuerza de trabajo que, también mercancía, requiere de otro tratamiento cuando se instala en el lugar donde debe producir.

DT ha señalado a los inmigrantes y musulmanes de ambos sexos como sus corderos expiatorios, y causa de un proceso que el capital generó y aprovechó. Y un sector de población en su mayoría blanca, adulta con estudios universitarios truncados,  conservadora, rural algunos, desempleados o segmentos de bajos recursos, anti-intelectuales y muy religiosos, lo acompañan en esa percepción. Quieren y creen que EU puede volver a ser grande.

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DT, cual vendedor, les ha vendido esa idea y ellos la han comprado. Engañados o no por el tipo de publicidad política que los envolvió, muestra que la sociedad de masas ahora fuertemente movida por redes, deseosas y alimentadas por el espectáculo, están dispuestas a apoyarlo sin reparar en las consecuencias.

DT y los republicanos tienen el carro completo del aparato gubernamental para llevar a cabo sus propuestas. Como en su momento en México lo tuvo el PRI. No habrá pretextos para incumplir los ofrecimientos, dado que no habrá oposición a quien culpar de ello.

En nuestro país durante mucho tiempo de control total fue “el extraño enemigo” el culpable del incumplimiento de metas que ahora ha cambiado por el entorno mundial adverso.

Algunos analistas consideran que la democracia norteamericana ha sucumbido; yo pienso que lejos de ello,  permitió expresar el underground que no se dejaba expresar para seguir considerando a los EU como un país ejemplar.

Hay que seguir la huella de hasta dónde llegarán las actuales protestas anti Trump y el tamaño de las respuestas de sus defensores que los lleve hacia una “guerra civil”. Y entonces sí, la democracia formal será rebasada.

Se apuesta a que el sistema político y los vericuetos institucionales enreden a Trump y le impidan llevar adelante sus descabelladas ideas. Las palabras del Presidente Obama en su reciente encuentro con el Presidente electo las interpreto en ese sentido: te ayudaré a que tengas un gobierno exitoso, le señaló. Por no decirle arribista y desconocedor de la política.

Pero la gente votó precisamente por alguien que no esté comprometido con el orden institucional y político, quiso un no-político, alguien que tome decisiones así sean absurdas pero que los saquen del tedio, de lo mismo de siempre, del miedo de caer más aún, de verse invisibilizados por los no norteamericanos de cepa.

Desde nuestro país y en virtud de nuestras experiencias, se piensa que en las campañas se prometen cosas que a la gente le gusta escuchar y se formulan amenazas que no llegan a fructificar.

Así, lo de Trump quedará en discursos de campaña, la gente olvidará pronto y todo volverá a “la normalidad”.  De tal manera que a México no le ocurrirá nada.

Pero el Secretario de Hacienda y el gobernador del Banco de México salen a horas del triunfo a dar muestras de seguridad, más tarde el Presidente EPN le llama a Trump y agenda una cita. Mientras el peso y la bolsa de valores caen, otras bolsas en el mundo se mueven negativamente y el gobierno y la IP pactan para dar empleo a los mexicanos que Trump expulse.

Otros más piensan que en el país hay condiciones objetivas para que candidatos como AMLO o uno independiente, salga a la palestra y encabece el estado de malestar al que ha conducido la clase política: inseguridad, violencia, corrupción, desempleo, bajos salarios, marginación, y una larga lista que se ve coronada con el reparto que los diputados se han dado en el presupuesto.

De igual manera, se pide la unidad de los mexicanos ante la amenaza que DT representa. Más, quién puede llamar a ella. El gobierno no goza precisamente de la confianza de la gente, más aún cuando se le atribuye su contribución al triunfo del extraño enemigo. Tampoco los partidos políticos tienen la calidad moral de convocar a un frente único.

El temor que abriga a la clase política tradicional es que la fórmula Trump pueda ser empleada por un líder mesiánico y concentre ese enorme malestar social y la necesidad de un cambio hacia donde sea.

Medio en serio y medio en broma recorrió en las redes el día de la elección en Estados Unidos y mientras se veían correr las cifras del conteo, que en ese país debían contratar a alguien del nuestro para que el sistema cayera.

Esas maniobras y las clásicas de compra de votos son recursos que sin duda volverán operar. Pero si eso no funciona, entonces no se requerirá un extraño enemigo porque este se habrá gestado en las propias entrañas de la sociedad lastimada, dolor que se agravará si Trump cumple sus amenazas.

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora. fmora@sociales.uson.mx

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

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