Proyecto Puente > Opinión > Europa, la putinmanía y el marketing

Europa, la putinmanía y el marketing

POR Nicola Origgi

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someone

Estamos presenciando el “Fenómeno Putin”: Putin seduce, Putin gusta, Putin encanta.

Berlusconi lo admira y es recambiado. Lo mismo sucede con Donald Trump.

En Europa, desde el Norte hasta Italia, las nuevas formaciones de derecha se reconocen en él al punto que la líder del Front National en Francia -Marine Le Pen- ha solicitado financiamiento a los bancos rusos para las actividades de su partido.

La admiración hacia Putin no es sólo un fenómeno de la derecha. Una buena parte de la opinión pública occidental lo aprecia. Y a aquellos que Putin no les entusiasma, tampoco les cae mal.  En las redes sociales existen muchos grupos de apoyo o hasta de franca veneración al presidente Ruso.

Putin ha limitado la libertad de expresión, ha adquirido una posición dominante y ha transformado a Rusia en un país autoritario con las formas democráticas, ha sido el primer presidente en anexar territorios desde la Segunda Guerra Mundial, ha creado en su país un clima de guerra fría pero, a pesar de todo eso, Putin en Europa especialmente, gusta.  Y mucho. ¿Por qué?

Es una cuestión de marketing y un tema de valor de marca personal que Putin ha sabido explotar con extrema inteligencia, habilidad y sentido de la oportunidad.

La imagen personal aquí importa: Putin, en sus apariciones, da una idea de fuerza, coraje y determinación. No le habla a la cabeza y al corazón de la opinión pública, le habla al estomago, allá donde residen los miedos y los temores más recónditos pero también los deseos más profundos.

El presidente Putin en su comunicación, exalta su propia virilidad -cabalgando animales salvajes, haciendo deporte extremo, piloteando aviones, saltando en paracaídas, haciendo judo– para contrastarla con la aparente debilidad de los líderes occidentales.

El mensaje que transmite es que él es un verdadero jefe mientas que los líderes occidentales, comparados con él, son unos “debiluchos”.

Por eso Putin gusta tanto en Europa y por supuesto en su país.

Hace tan sólo un par de años esa argumentación hubiera parecido ridícula pero hoy ya no es así, y la razón es simple y compleja al mismo tiempo: hoy el mundo occidental –Estados Unidos y la Unión Europea– tienen miedo.

El occidente tiene miedo a perder su rol de guía global, a ser rebasado por China y por los países emergentes. Tiene miedo a una invasión islámica, alimentada por el terrorismo.

El estado de bienestar, el orden, la seguridad económica, el empleo estable, la certidumbre generalizada que a los hijos les iba a ir mejor que a los padres son cosas que se temen perder, si no es que, para muchos ya es un bonito recuerdo.

Europa hoy se siente sitiada: atacada por el islam,  su papel en el mundo en peligro, la inmigración ilegal fuera de control, años de crecimiento estancado, la desindustrialización evidente,  las viejas certidumbres muertas (o casi), una población vieja, la economía débil,…

Con estas percepciones, se siente la necesidad de contar con un verdadero jefe, alguien que con decisión y determinación, los sepa guiar en la batalla que se vislumbra: y ese rol es lo que ofrece Putin, seduciendo a muchos occidentales.

En Europa cada vez se le admira más: Putin pasa por el escudo del occidente, un verdadero jefe que sí actúa con hechos y no se limita a las palabras.

Alguien que, frente a los peligros representados por el integralismo islámico, sí actúa con energía y con hechos.

Putin tiene muchas cartas a su favor pero, por el momento, le falta algo para transformar a Rusia en el líder de Europa Occidental: el dinero.

Su economía no está nada bien y las perspectivas tampoco son buenas: la caída del precio del petróleo ha lastimado a Rusia más que a nadie.

Sin embargo, es alguien con quien el nuevo inquilino de la Casa Blanca y la Unión Europea tendrán que lidiar y con quien será necesario entenderse rápido y bien.

Uno de los lastres de la presidencia de Obama es precisamente una mala relación con Rusia, casi de guerra fría: lejano es el entendimiento y cercanía logrados en la primera década de ese siglo gracias al trabajo de Bush, Berlusconi y Blair.

El asunto será prioridad 1 para Clinton o para Trump.

Nicola Origgi es consultor de Marketing 2.0, instructor de Educación Ejecutiva en el Itesm. www.norimkt.com  @Nicola_Origgi

Acerca del autor

Nicola Origgi es consultor de Marketing 2.0, instructor de Educación Ejecutiva en el ITESM.

Correo Electrónico

nicola.origgi@gmail.com

Twitter

@Nicola_Origgi

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *