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¿Vive y deja morir?

POR Felipe Mora Arellano

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Hace unos cuantos días, la Policía Estatal de Seguridad Pública y el secretario de SP del estado, dieron un reconocimiento a un policía de Hermosillo por salvarle la vida a una mujer que había decidido suicidarse.

Al parecer, el policía no sabía de la decisión de la mujer de arrojarse a un canal y morir ahogada. Poco antes, había intentado quitarse la vida con un cuchillo y otros policías tampoco la dejaron matarse.

Del policía reconocido ha quedado la constancia de su heroísmo –pues se arrojó al agua de un canal de la presa-, de la mujer no se sabe algo. Había tomado la decisión de suicidarse pero al parecer su vida no le pertenece. Es probable que vuelva a intentarlo por lo que conviene que las autoridades correspondientes la atiendan y le ofrezcan alternativas a los problemas que la llevaron a tomar esa decisión.

Los diarios locales y estatales con frecuencia refieren acciones de personas que hacen público su deseo de morir ante lo cual acuden policías y otros cuerpos para convencerlas de no hacerlo. Otras, en cambio, se quitan la vida de manera reservada.

Quienes muestran en forma pública su deseo de morir quizá lo desean pero con su acción manifiestan una manera de pedir auxilio. Descartamos de esta situación a quienes lo hacen por problemas mentales o por efectos de alguna substancia. Esto en virtud de que el suicidio es un acto voluntario donde la persona sabe que, con su acción, habrá de producir su muerte.

Hace casi 120 años, Emilio Durkheim, uno de los fundadores de la sociología, escribió el libro El suicidio, y lo definía como todo caso de muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo o negativo, ejecutado por la propia víctima, a sabiendas de que habría de producir este resultado.

La mujer que se arrojó al canal cometió un acto positivo puesto que sabía que se ahogaría. Mas también podría calificarse como “suicida” la acción ejecutada por el policía pues podría haberlo llevado a la muerte al arrojarse al peligroso canal y morir ahogado.

De cumplir su propósito de muerte, el suicidio de la mujer hubiera sido calificado de suicido egoísta, movido por razonamientos y sentimientos individuales frente a situaciones particulares de su vida y sus problemas.

La sociedad, además de lamentar su deceso lo hubiera calificado, como suele hacerse, de una salida falsa. En cambio, si el policía hubiera muerto su acción sería valorada como heroica por su sacrificio en el ejercicio de su deber.

No entraremos en detalles pero en las sociedades las acciones voluntarias de morir o perseguir la muerte suelen ser valoradas de diferente manera: reprobables, necesarias, razonables, honrosas y loables.

En Sonora, según las cifras de 2014 que disponemos gracias al Inegi, 236 personas se produjeron la muerte, de las cuales 211 eran hombres (89.4%) y 25 mujeres (10.6%). Es decir, de cada 10 que se suicidan nueve son hombres. En México, en ese año, la proporción fue de ocho hombres y dos mujeres.

El ahorcamiento, estrangulación o sofocación fue el método más empleado por hombres y mujeres: 83.8% de los primeros y 68% de las segundas. En seguida, y solo empleado por ellos, fue mediante disparo de arma de fuego (9.5%), en cambio las mujeres fue por envenenamiento por medicamentos, drogas y sustancias biológicas (20%).

Los otros métodos en menor medida empleados son por envenenamiento por gases, vapores, alcohol y plaguicidas, objeto cortante, saltar de un lugar elevado y arrojarse o colocarse delante de un objeto en movimiento.

De haber consumado su muerte la mujer que fue salvada, su caso hubiera sido registrado bajo el concepto de Otros, donde se incluye lesiones autoinfligidas intencionalmente por ahogamiento y sumersión, entre otras.

Como el suicidio cabe dentro del rubro de muertes violentas, de 2004 al 2014 la proporción de aquel pasó de 8.0 a 9.5, y tratado por sexo en el mismo periodo la cifra en hombres fue de 8.5% a 9.5%. En cambio, para las mujeres fue de 6.3% en 2004 a 9.7% en 2014, 3.4 puntos porcentuales en apenas 10 años.

En Sonora, el comportamiento de las cifras fue de 11.3% (2004) y 11.5% (2014), donde para hombres en el periodo fue de 12.9% y 12.2%, y para mujeres de 4.4% y 7.9%, respectivamente.

tabla-f-moraFuente: Estadísticas de Mortalidad. Inegi.

Llama la atención que el porcentaje más elevado de suicidios respecto al total de muertes violentas ocurrió en 2008, uno de los años del contexto de la guerra contra el narcotráfico.

La tasa de suicidios estandarizada por cada 100 mil habitantes en 2014 en Sonora fue de 7.9, el quinto lugar del país. A su vez, la tasa de suicidios por cada 100 mil habitantes en la entidad en ese mismo año pero en la población de 15 a 29 años, fue de 8.7, ocupando la entidad el lugar 14.

En el país, el 21.7% de los suicidios ocurría entre personas de 15 a 24 años de edad en 2000. La cifra pasó a 29.7% en ese grupo de edad en 2014.

Llama la atención el grupo de 10 a 14 años que en el año 2000 representaba 6.9% de los suicidas y 14 años después aumentó a 19.4%

Tratado por sexo y tomando el grupo de edad de 10 a 24 años, los hombres pasaron de 25.7% en el año 2000 a 30.9% en 2014. Las mujeres, en cambio, registraron de 38.9% a 67.4% en ese lapso.

Son varios los posibles riesgos suicidas: desde la desesperanza, los problemas económicos y la soledad. Por las características de los grupos de edad observados, hay que incluir el acoso, el embarazo no deseado y lo clásico de esas edades, la incomprensión, las dificultades de integración social y la las problemas de expectativas al futuro.

Hacen falta más estudios sobre el fenómeno; al tratamiento que centra su atención sobre la persona es preciso incorporar, como lo hizo Durkheim en su tiempo, los contextos colectivos y las circunstancias sociales las cuales, como podemos apreciar, se tornan menos solidarias, muy individualistas y con inciertas expectativas.

Si la sociedad no es capaz de ofrecer alternativas para resolver los problemas que aquejan a quienes ven como solución quitarse la vida ¿quedará entonces decir, como cantaba McCartney, vive y deja morir? ¿Cambiará eso el mundo en que vivimos? Tal vez, sobre todo si reparamos en que son adolescentes y jóvenes en cuyos libros abiertos están dejando muchas hojas en blanco.

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora. fmora@sociales.uson.mx

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

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