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Del Ejército a la lucha social en las calles de Hermosillo: Rosa María O´Leary… #PersonajesdeSonora

POR Marlene Valero

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Subversiva. Ésta es la palabra con la que han calificado a Rosa María O´Leary toda su vida por defender los derechos de los más necesitados e ir en contra de los gobiernos destructores del pueblo.

Ha enfrentado a grandes consorcios mineros, a propietarios de confinamientos de tóxicos, al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y hasta al mismo expresidente de México, Carlos Salinas de Gortari.

Sus diferentes luchas sociales, han tenido como consecuencia su encarcelamiento en distintas ocasiones y el traslado a otras ciudades en sus diferentes trabajos, por no seguir la línea del sistema.

 

 

De sangre irlandesa y yaqui

Rosa María Catalina O´Leary Franco, nació el 19 de septiembre de 1951 en Magdalena de Kino. Su padre era hijo de inmigrantes irlandeses que llegaron a México para la construcción del primer ferrocarril. Su madre, hija de miembros de la tribu Yaqui que fueron llevados a Veracruz, “por rebeldes”.

Creció en Benjamín Hill y Nogales, pero a la edad de seis años se mudó con sus padres y sus tres hermanos a Hermosillo.

Ya en la capital vivieron en el centro de la ciudad, al lado del antiguo Cuartel Militar. No sabía que la vida la llevaría a ser teniente del Ejército.

Cuando Rosa María tenía 15 años su padre murió por problemas cardiacos. Por eso, durante toda su carrera de químico biólogo en la Universidad de Sonora, ayudó a su madre en el mantenimiento de una casa de estudiantes que llegó a albergar a más de 20.

“Trabajaba con mi madre, porque mi papá ya había muerto. Tenía una casa de estudiantes y ahí llegamos a tener hasta 20 estudiantes. Tenía que lavar, planchar y hacer de comer para poder estudiar, mi madre estaba enferma y así hice mi carrera”, recordó.

Eso no la detuvo para participar en el movimiento estudiantil de 1968. Aunque sus actividades no fueron muchas, apoyó en la redacción de documentos y propaganda, así como en la colocación de carteles con los mensajes de lucha.

Ya como profesionista su primera defensa en los derechos humanos fue en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cuando trabajaba en el laboratorio del Hospital Regional #4, en Hermosillo.

Ahí se dio cuenta que estaban haciendo a un lado a los pacientes por dar preferencia a quienes trabajaban en la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

El defender y aconsejar a los derechohabientes que se quejaran con los directivos, casi la lleva a un juicio de honor y justicia.

“Cuando empezaban a meter a los de la CFE empezaron a desplazar a los otros derechohabientes. Yo les decía que protestaran, que fueran con los directivos, que dijeran la verdad, que estaban en su derecho. Pues olvídate, dijeron que me iban a hacer un juicio de honor y justicia, y les dije que se estaban tardando”, comentó la activista.

El juicio no se llevó a cabo, pero sí la mandaron fuera. Rosa María O’Leary fue trasladada al Hospital Regional #1 en Benjamín Hill.

 

Rosa María: Teniente del Ejército

La luchadora social regresó a Hermosillo debido a que una de sus hijas enfermó de asma. Pero un año y medio después de laborar en el IMSS, ingresó a las filas del Ejército Mexicano, con el cargo de Teniente Auxiliar Química Bióloga.

Aunque Rosa María trabajaba en el laboratorio del hospital militar, debía seguir el adiestramiento, como cualquier soldado.

“La disciplina es dura y los castigos son fuertes. Para mí todo era fuerte, venía del medio civil y no estaba acostumbrada a gritos. Me tocó castigar a los soldados, regañarlos, ver como los castigaban”, expuso.

Su espíritu defensor no la dejó tampoco en ese lugar. Al ver que el hospital estaba en pésimas condiciones y los pacientes morían por falta de equipo médico, decidió enviar una carta al entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, para pedirle un hospital digno de los militares.

El exmandatario federal visitaba Hermosillo, pero a los militares los dejaban en el cuartel, no podían salir, por lo que pidió el favor a Beatriz Estrada, una política priista, quien aceptó la encomienda y entregó el documento a Salinas.

Sin embargo, la respuesta que obtuvo no fue la esperada.  Rosa María O’Leary fue arrestada y retenida por 15 días en el cuartel militar, acusada de ser ‘subversiva’.

Después de cumplir con ese tiempo, la tropa que trabajaba en el laboratorio fue disipada, el hospital destruido y ella fue enviada a Chiapas.

“Pero lo que hizo Salinas es que mandó al secretario de la Defensa Nacional, Antonio Riviello Bazán, a que me diera una respuesta. La respuesta fue que me detuvieron y me mandaron a Chiapas, desbarataron el hospital”, lamentó la luchadora social.

Durante el tiempo que vivió en Tuxtla Gutiérrez, la policía militar rondaba por su casa, por lo que casi un año después solicitó su baja del Ejército. No podía vivir tanto tiempo alejada de su esposo y sus cinco hijos, el menor tenía sólo ocho años.

A pesar de toda la penumbra por la que pasó durante ese tiempo, a los dos años pudo presenciar, aunque de manera incógnita, la inauguración del nuevo Hospital Militar en Hermosillo: su lucha valió la pena.

“Sentí que las cosas se deben hacer, por difícil que creas. Cuando tú crees que es algo justo, tienes que hacerlo y va a tener un precio, pero al final, vale la pena. Sentí el aprecio de todos. Aprendí que mientras digas la verdad, no pasa nada”, resaltó.

 

Rosa María ambientalista

Sus actividades en la defensa del medio ambiente y en la salud de las personas inició con el confinamiento de tóxicos en Hermosillo, de la empresa TecMed, llamado Cytrar.

Se trata de un basurero de desechos químicos y de metales pesados que eran traídos de otros lugares del país y de Estados Unidos.

Por esta razón, en el año de 1998, grupos sociales y activistas realizaron una serie de manifestaciones y protestas contra la operación de Cytrar. Entre ellos dos plantones: uno frente a Palacio de Gobierno por 7 meses y otro en las instalaciones del confinamiento, que duró 30 días.

Uno de los hechos que más marcaron la historia de esta lucha social fue el 25 de abril de ese año cuando los activistas, tomados de las manos, eran retirados del lugar con el uso de la fuerza pública, en ese entonces, de la Policía Judicial del Estado (PJE).

En los periódicos del día siguiente se pueden observar fotografías del hecho. Hombres y mujeres por igual son arrastrados, jaloneados y hasta golpeados por los ‘judiciales’ para desalojarlos del lugar, entre ellos Rosa María O’Leary.

Después de todo el movimiento y bloqueos en la carretera para impedir que ingresaran los tráilers con tóxicos, el confinamiento cerró en noviembre de 1998.

Con este logro, las voces de los pueblos de Benjamín Hill, Carbó y Sonoyta también se levantaron para impedir que se instalaran depósitos de desechos tóxicos en sus municipios.

Pero la lucha en favor del medio ambiente no terminó ahí para esta activista. El siguiente frente en el que participó O’Leary Franco fue en el municipio de Cumpas, contra la empresa Molymex.

Este consorcio se dedicaba a la transformación de productos de sulfuros de óxido de molibdeno para la elaboración de aceros, pero contaminaba con los residuos tóxicos a la población.

Ahí también Rosa María sintió el uso de la fuerza pública. La activista fue encarcelada con tres compañeros más: Francisco ‘Chico’ Pavlovich, Armando Gallegos y Gabriela González.

Estuvieron presos por ocho días, acusados de secuestro, extorsión, asociación delictuosa y violación a otros derechos, al mantener un bloqueo y plantón en las instalaciones del grupo minero, donde participaron también pobladores afectados por la contaminación.

“Era una cosa espantosa la contaminación, la chimenea pegaba al pueblo, la gente estaba muy enferma y nadie hacia nada. Era diciembre, hacía mucho frío, teníamos todo el día ahí. A las 5:00 de la mañana llegan como 300 policías y nos arrestan”, recordó.

Después de que habitantes de cumpas y líderes sociales se manifestaran en Palacio de Gobierno y la Casa de Gobierno, donde vivía el entonces mandatario, Armando López Nogales, los activistas fueron liberados sin cargo alguno.

Tiempo después de este acontecimiento, pobladores de Zimapán, en el estado de Hidalgo, buscaron a O’Leary Franco para que los apoyara en su lucha social contra una empresa española que mantenía un basurero tóxico que también contaminaba sus tierras.

“También fuimos a Hidalgo, donde había otro confinamiento. Iban a poner una macrocelda, iba a ser la más grande en Latinoamérica. Ahí el agua brotaba y estaban los tóxicos, estaba enseguida de la presa que surtía de agua a esos pueblos. Ya ni la chingan”, expresó.

Sus batallas por la defensa del medio ambiente y la salud de las personas la llevó a cumbres y asambleas en Bolivia, Chile, Canadá y a la Organización de las Naciones Unidas en Washington, Estados Unidos.

 

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Rosa María: Al pie de la lucha

A sus 65 años, Rosa María O’Leary sigue activa en las luchas sociales. En años recientes ha marchado, protestado y ‘echado madrazos’ contra funcionarios y empresarios que pisotean al pueblo.

Ha participado en las marchas para exigir justicia por las víctimas del incendio en la Guardería ABC. Esta tragedia es una de las que más la ha marcado como persona, por la lamentable muerte de 49 niños y los más de 79 que resultaron heridos.

“A mí me duele mucho lo de la guardería ABC, eso no lo he podido superar. No porque quiero el castigo así, sino porque tiene que haber algo para que esto no se repita”, mencionó.

O’Leary Franco también ha estado presente en el movimiento por la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa.

También en la lucha de los siete pueblos afectados por la contaminación del Río Sonora, causada por el derrame de tóxicos por parte de la empresa minera Grupo México, el 6 de agosto del 2014.

A pesar de que en ocasiones su salud se ve delicada y no puede salir de casa, la activista continúa con la batalla social desde las redes: manifiestos en su perfil de Facebook, correos electrónicos o post en otras páginas de internet.

“Cada día me siento inútil físicamente y mentalmente también, de repente se me va la onda. Pero ahí sigo jode y jode por internet”, declaró Rosa María.

En el año 2008, la Red Fronteriza de Salud y Ambiente creó el Premio Rosa María O’Leary para reconocer a líderes de la sociedad civil que hayan sostenido luchas ciudadanas por la conservación y respeto al medio ambiente.

En noviembre del 2011 ella recibió el premio “Benito Juárez” por su trayectoria el activismo y la lucha social.

La madre de familia

La luchadora social es madre de cinco hijos: Paloma, Jesús,  Rosa María, Irlanda y Rubén. La mayoría de ellos abogados de profesión.

Su esposo, Rubén Lizárraga Méndez, con quien lleva 43 años de matrimonio, fue magistrado del Supremo Tribunal de Justicia Judicial del Estado de Sonora. Él ha sido su pilar. Aunque temeroso, siempre la ha apoyado en sus batallas, igual que sus hijos.

“Le daba miedo, se preocupaba, pero siempre me ha apoyado. Siendo magistrado le dijeron que me callara, pero dijo que no, que decirme a mí que me callara, era callarse él”, dijo orgullosa.

Rosa María se siente satisfecha de la vida que ha llevado a sus 65 años. Disfruta la compañía de su esposo, de sus hijos y sus nietos.

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