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La culpa no la tiene Donald Trump

POR Nicola Origgi

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Ni la tiene el Brexit. Ni la tiene Deutsche Bank o los bancos italianos. Ni la tiene el precio del petróleo… ¡y menos la tienen el clima o las tensiones en Siria!

En los últimos meses difíciles que nuestro país ha estado viviendo, el discurso del día de nuestra clase política se ha volcado, con gran entusiasmo, a atribuir la culpa de nuestros males a factores internacionales, totalmente más allá de nuestro control. El gran culpable se ha vuelto la “volatilidad”, para usar un término muy usado en los medios de todos los colores.

Pues eso no es cierto… La “culpa” por los males que estamos viviendo es de nuestra clase dirigente, sea cual sea su color político. Así de simple, claro y sin rodeos.

Unos datos muy claros y objetivos lo refrendan: desde 2012 la deuda pública denominada en dólares incrementó del 10% al 30% del total.  Aumentó en 12 puntos del PIB. Por el otro lado, nuestros políticos redujeron el gasto en inversión de 4.8 por ciento del PIB, donde lo recibieron, a 2.8 por ciento, la proporción más baja desde 1939.

En 2017 se gastará, por primera vez en años, más en intereses que en inversión.

A nivel estatal el endeudamiento ha sido colosal.

Y la historia no termina aquí. La corrupción es nauseabunda. La falta de confianza vuela por todos lados. La inseguridad es un asunto grave. El entorno de los negocios es desfavorable. Las oportunidades se han ido. El empleo escasea y, cuando existe, se da con sueldos muy bajos y en condiciones muy precarias.

La discriminación y la exclusión se han vuelto el pan de todos los días. Son problemas de corto plazo: sólo es cuestión de tiempo que la bomba explote.

México en poco tiempo perderá la credibilidad económica que le ha costado décadas reconstruir. La Reforma Fiscal, si bien incrementó la recaudación, no ha resuelto los problemas estructurales: las mismas personas pagamos más impuestos. No se ha estimulado la inversión ni la creación de empleos bien pagados. Y tampoco se ha ampliado la base imponible.

La ciudadanía no se siente representada: ve a la clase política como un cuerpo extraño, alejado, cínico, depredador y desinteresado.

El reto de corto plazo es enorme, si no queremos terminar un sexenio desastroso con una aún más desastrosa crisis de fin de sexenio.

El consenso internacional de los analistas es unánime: México enfrenta una crisis de corrupción –más que evidente- , de gobernabilidad –la semana pasada suspendieron por falta de seguridad los servicios de autobús a Michoacán– y de confianza.

¿Qué hacer?

El recorte real del gasto público es inevitable y debe ser racional. No estamos hablando de recortar la inversión sanitaria ni la inversión en educación, sino el gasto clientelar, superfluo, absurdo. Congreso, INE, burocracia redundante, “programas sociales” que, de social, no tienen absolutamente nada.

El estímulo a la inversión productiva debe ser efectivo, rápido, claro, transparente y dirigido a todos.

El gobierno federal debe asumir un rol activo en incentivar y proteger al ahorro familiar, algo clave para la sustentabilidad del país en los siguientes años.

Se debe resolver la crisis de gobernabilidad, cada vez más evidente y dar un entorno de certidumbre y de legalidad a los negocios y a la población en general.

La educación y la innovación deben volverse la clave para la generación de nuevas oportunidades para una población en pleno bono demográfico.

La clase política necesita volver a ganar y generar confianza en la ciudadanía.

México está al frente de grandes desafíos, capaces de condicionar el futuro inmediato y quizás de una o hasta dos generaciones. Son retos de altura.

México necesita gente con perfil de estadista. Necesita gigantes.

Uno de los padres de la Europa Unida y quizás de los más grandes estadistas del siglo XX, el italiano Alcide De Gasperi, dijo lo siguiente: “Un político piensa en las siguientes elecciones, un estadista en la siguiente generación”.

Me temo que nuestros servidores públicos, en el gobierno y en la oposición, piensan más en las elecciones estatales en el Estado de México en el 2017 o en quedarse/regresare/llegar a Los Pinos. En México, políticos hay muchos, estadistas no.

Gigantes de la política tampoco hay, en cambio los pigmeos de la política sí abundan por doquier.

Nicola Origgi es consultor de Marketing 2.0, instructor de Educación Ejecutiva en el Itesm. www.norimkt.com  @Nicola_Origgi

Acerca del autor

Nicola Origgi es profesor de Marketing 2.0 en la Vicerrectoría de Educación Continua del Tecnológico de Monterrey.

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nicola.origgi@gmail.com

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@Nicola_Origgi

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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