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“Maloro” y Claudia: mantener bono democrático

POR Luis Alberto Medina

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El bono democrático es la aprobación de los ciudadanos a los gobernantes en los primeros años de su administración. Sea un gobierno municipal, estatal o federal. Es una opinión colectiva a favor de su gestión. De su persona. Es preguntar por el desempeño del mandatario en turno y aprobarlo. Decir que va bien. Que ahí la lleva. Que, lo que ha realizado, las bases que ha puesto para continuar durante su mandato, son convincentes.

El bono democrático es que en cualquier café, mesa de familia, grupos de discusión, en los medios de comunicación, los ciudadanos hablan bien de su presidente municipal, gobernador o presidente de la República. Se le perdona casi todo, en el primer año. Se puede hablar, especular, señalar corrupción y el ciudadano puede darle una oportunidad para equivocarse y enmendar error. Están a tiempo de corregir todo. Es parte de la luna de miel que el sector empresarial, social, educativo, mediático, otorgan al gobernante que se eligió. Es la confianza que se ganó. Salvo los ciudadanos que apoyaron al partido perdedor, que no lo eligieron en la urna, no se sienten identificados y, cualquier paso en falso, lo magnificarán y evocarán que la opción a la que ellos habían votado, lo haría o lo hubiera hecho mejor. Claudia Pavlovich y Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez, tienen un bono democrático… hasta hoy.

El riesgo

El doctor Nicolás Pineda, especialista en políticas públicas, intérprete del poder en Sonora, dijo algo la semana pasada en Proyecto Puente que advierte de los peligros en los que cae el gobernante al entrar en el segundo año del poder. Es cuando el mandatario en turno se siente sobre estimulado con una seguridad que lo rebasa y le hace entrar en la confianza de que, al tener la aprobación social mayoritaria, posee la facultad de ejercer decisiones de gobierno y política que lo hacen cometer excesos con magnitud de quiebre de su administración con los ciudadanos. El primer síntoma de lo que el médico alemán, David Owen detecta en el principio de la enfermedad de poder: “La historia lo dirá”.

¿Cómo perder el bono democrático?

Si los actuales gobernantes creen que pueden inventar un impuesto nuevo para capitalizar finanzas, o subirle a las contribuciones actuales.

Si son permisivos con la corrupción, dejando a los amigos y funcionarios hacer negocios. Si sus funcionarios se vuelven intolerantes a la crítica y quieren puras alabanzas. Si se cometen excesos gubernamentales y no se corrigen. Si sucede una tragedia que nos rebase a todos y se quiera estar del lado de los poderosos y no del ciudadano. Si se imponen candidatos impopulares en elecciones, por capricho del gobernante. Si la publicidad oficial, el mensaje que se dice a los ciudadanos, no es congruente entre el decir, el hacer y el vivir. Si se destapan actos de corrupción comprobados, no se corrigen y se ven como ataques. Si se deja de tener contacto con los ciudadanos en los pueblos, colonias, eventos o plazas públicas. Si no se le da una correcta lectura, atención y seguimiento a las redes sociales. Dividir a los críticos como estás conmigo o contra mí. Creer que las encuestas siempre dicen la verdad.

Para conservarlo

Entender que el poder es pasajero. Volver a leer, año por año, error por error, fracaso tras fracaso, la historia de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Eduardo Bours, María Dolores del Río, Alejandro López Caballero y Guillermo Padrés. Siempre habrá mucho que pensar de lo que NO se debe hacer en un gobierno. Escuchar voces externas. Es sano que el gobernante se apoye de asesores externos, que conozca otras experiencias. Pero, lo más importante: No perder el contacto con los ciudadanos. Aunque vengan las crisis, nunca dejar de ir a las colonias, a las plazas públicas, a las escuelas, universidades. El gobernante tiene que estar en una campaña permanente con el ciudadano. Regresar sólo por el voto cada tres años ya no sirve. Y, sobre todo, no huir a las crisis y enfrentarlas como se debe. Tenemos una gobernadora y a un alcalde que le entienden muy bien al tacto ciudadano. Claudia Pavlovich y “Maloro” Acosta arrebataron bastiones panistas en Hermosillo. Es la segunda Gobernadora mejor evaluada, Claudia, a nivel nacional, según estudios serios de opinión pública. El sonorense apoya su campaña de rendición de cuentas contra los padrecistas y panistas que desfalcaron al Estado. La gente la quiere. Está en su mejor momento. Ciertamente, el alcalde hermosillense ha tenido problemas serios de seguridad en su gobierno, pero ha empezado de cero en muchos rubros. Es muy fácil marearse en el poder. Pero a ambos les preocupa el séptimo y tercer año: El salir bien. Veremos qué dice el tiempo.

Luis Alberto Medina es periodista; director de Proyecto Puente, en Radio Fórmula Sonora; Premio Nacional de Periodismo 2014; colaborador de Denise Maerker, columnista en periódico El imparcial y coordinador de la Licenciatura de Periodismo en la Universidad Kino. @elalbertomedina

Columna tomada de periódico El Imparcial.

Acerca del autor

Luis Alberto Medina es director de Proyecto Puente, noticiero en Internet. Coordinador de Periodismo de la Universidad Kino. Premio Nacional de Periodismo 2014. Corresponsal nacional de Denise Maerker en Atando Cabos.

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