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Los valores y el desarrollo (primera parte)

POR María Elena Carrera

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Bernardo Kliksberg, afirmó en una entrevista que dio a México Social en su más reciente visita a nuestro país, que existen serios agujeros éticos en la forma de conducirse en los gobiernos y empresas privadas en América Latina (AL).

Kliksberg, reconocido sociólogo, economista y contador; pero también un referente por sus aportes interdisciplinarios para entender el desarrollo en nuestro continente y quien, actualmente, se desempeña como asesor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), expresó entre otras ideas,  la necesidad de volver a lo básico en la práctica de los valores éticos que den sentido y rumbo a los gobiernos de todo el mundo, pero especialmente se refirió a los de América Latina.

Para exponerlo en cifras, el deterioro del nivel de vida que hoy padecemos en los llamados países en desarrollo ha impactado tan gravemente en cuestiones elementales como el derecho a la salud y la vida que, dice Kliksberg, estamos ante un modelo de desarrollo económico totalmente agotado.

Un modelo que ha permitido, con todas las reformas estructurales de los últimos años, una concentración inhumana de la riqueza en unas cuantas familias, a partir de la enorme pobreza de muchos.

Según un estudio De la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) “Horizonte 20–30, la igualdad en el centro del desarrollo sostenible”, el 20 por ciento de la riqueza que se genera en AL se concentra en el 1% de la población.

Y para ponerlo a nivel de nuestro país, la concentración de la riqueza es tal, que sólo cuatro familias son prácticamente las dueñas del 33 por ciento del Producto Interno Bruto y estas familias son: Larrea, dueña de Grupo México, esa que no se ha hecho cargo del mayor desastre ecológico por el derrame de tóxicos a los ríos Bacanuchi y Sonora; Carlos Slim, considerado por varios años por la revista Forbes como el hombre más rico del mundo; Familia Bailléres, dueños de Palacio de Hierro y grupo Peñoles en el negocio de extracción de plata; y la familia Salinas Pliego (grupo Salinas), que conglomera diversas empresas dedicadas a las telecomunicaciones, medios, transporte, servicios financieros y comercio especializado.

Es momento de poner en el centro del debate, afirma Kliksberg, a la ética, y abandonar lo que él llamó un egoísmo absoluto.

La ética es el primer mandato del género humano que lo obliga a preocuparse por los demás. La pobreza provoca que el consumo disminuya, es la causante de la poca productividad laboral, de la deserción escolar, de la salud cada vez más deteriorada, es madre del avance de la criminalidad y todo ello en su conjunto debilita la cohesión social.

La falta de ética en los gobiernos que se unen a los empresarios ha dado como resultado, que los agujeros éticos cada vez sean más peligrosos para la vida misma. Si se habla del cambio climático, lo que hay detrás de ello es justamente la desvalorización del espacio vital de todos nosotros: la tierra.

Lo que muestra estos agujeros éticos, dice Kliksberg, es la gran debilidad de nuestras instituciones por lo que habría que estar discutiendo ahora mismo el tema de valores como es el de la solidaridad, fraternidad, entre otros, para ir erradicando la enorme corrupción frente a la que estamos  y que hace posible que en AL se hayan incrementado las brechas de desigualdad.

La corrupción no tiene un origen cultural, pues no es innata del género humano y lo que propone es la necesidad de  cultivar la transparencia, legislar y aplicar la ley que no permita eliminar la impunidad y educar en valores.

Se requiere una institución escolar y familiar basada en el valor de compartir, de solidarizarnos y no en un sistema escolar basado en la competencia y en el deseo del consumo, sobre todo del consumo suntuario que ha crecido, también, de manera desproporcionada en nuestro planeta, pero muy visible en AL.

Hay una avidez de riqueza, sí pero también un deseo de mostrarla sin pudor ante millones de personas que nada tienen. El centro de cualquier estrategia de desarrollo deber ser hoy por hoy un comportamiento transparente y ético expresó este audaz asesor del PNUD.

Hay un crecimiento, como nunca antes, de la industria del lujo.

María Elena Carrera es licenciada en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantel Iztapalapa; experta en temas de seguridad; coordinadora nacional y fundadora de Mujeres y Punto A.C. e integrante del Comité Ciudadano de Evaluación al Desempeño Legislativo. @MariaElenaC5

Acerca del autor

María Elena Carrera es licenciada en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantel Iztapalapa; experta en temas de seguridad; coordinadora nacional y fundadora de Mujeres y Punto A.C. e integrante del Comité Ciudadano de Evaluación al Desempeño Legislativo.

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