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La Junta Universitaria, esa caja negra

POR Felipe Mora Arellano

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Mi colaboración anterior en este medio, “La Unison: el cambio ya inició”, despertó cierto interés en algunas personas y me hicieron llegar no sólo comentarios, sino observaciones y hasta confesiones, especialmente de esa caja negra que es la Junta Universitaria (JU) de la Unison.

En primer lugar, debo hacer una corrección pues entonces escribí que fueron dos los rectores elegidos con la Ley 4 Orgánica de la Unison. Alguien me dijo que el error de suprimir a uno podía tener explicaciones psicoanalíticas. Y me preguntó quién era ése.

Lo cierto es que fueron tres, a saber Jorge Luis Ibarra, Pedro Ortega y Heriberto Grijalva, el actual rector.  Todos ellos se reeligieron por lo que duraron en sus cargos ocho años cada uno. El año próximo toca cambio.

Este fue el punto de partida de mi anterior colaboración. Se anunció una próxima reunión de la JU, de donde saldrá una terna para sustituir a uno de sus miembros quien permaneció en ella por 14 años. Será el Colegio Académico quien lo elija.

Y así integrada la JU será esta quien elija al nuevo rector o rectora para el periodo 2017-2021. Decíamos que hasta ahora el procedimiento seguido es publicar una convocatoria donde se indica la manera en que se elegirá.

Hasta ahora la experiencia es que luego de registrados los aspirantes, la JU lleva a cabo una auscultación entre la comunidad universitaria. Hay una pasarela de aspirantes y son descartados algunos con quién sabe qué criterios hasta que finalmente eligen al ganador.

En la comunidad universitaria se dice que el rector en turno influye de manera determinante en la elección de su sucesor. Ha trabajado para colocar a los nuevos miembros de la JU –que son los que elegirán al rector- y maniobrado en el Colegio Académico para inclinar la balanza en favor de su aspirante a integrarse a la Junta.

Cuando me desempeñé como miembro del Colegio Académico, propuse que los aspirantes a miembros de la JU acudieran a ese órgano para dialogar y exponer su visión de la universidad. No era suficiente que presentaran su currículum y con base en él se eligiera.

Se argumentó que eso no sería posible entre otras cosas porque algunos de ellos tendrían su agenda muy cargada o que podría ofenderlos y hasta se señaló que eso politizaría el proceso.

A lo más a lo que se llegó fue a aceptar que presentaran por escrito su visión sobre la universidad y justificaran por qué estaban interesados en ser miembros de la JU. En una de las elecciones en las que participé me tocó leer las entregas para aspirantes en calidad de miembros externos locales.

Las aprecié sumamente vagas unas, y emotivas otras, con lugares comunes pero, en mi opinión, carentes de sustancia. Con excepción de una, que me reservaré el nombre, y que por cierto no ganó. Luego me enteré que el interesado volvió a apuntarse sin volver a ser electo y según se dice “suena” de nuevo entre los posibles integrantes de la próxima terna. Desconozco si ese acuerdo se sigue respetando, de que presenten sus visiones y justificaciones ante el Colegio.

De la JU se ha dicho, además, que existe una marcada diferencia entre los miembros locales y algunos que vienen de fuera del estado. Por ejemplo, que los primeros no gustan de analizar y discutir con profundidad los asuntos a tratar y que animan a la votación lo más pronto posible.

También se comenta que estar en la JU es participar de una serie de beneficios, por ejemplo, apoyos económicos, regalos, viajes, y lo que me tocó escuchar, que suena fuerte, es que se han otorgado plazas académicas dentro de la Unison a familiares, o que ellos mismos fueron “premiados” con estas al término de su desempeño. Todo ello a cambio de la lealtad y de aprobar sin más, las iniciativas que se les presenta. Una especie de trueque.

Nadie duda, sin embargo, de que algunos miembros actuales y pasados cuentan con destacadas curricula. De otros integrantes, me han dicho, se sorprenden de qué estén ahí. Con todo, se sabe bien poco de sus posturas, iniciativas o señalamientos hechos sobre el desempeño del rector en turno.

Existe la impresión de que los miembros de la JU, especialmente los externos a la Unison, suelen no estar informados de lo que en su interior sucede. La información la reciben del rector en turno, por lo que, se indica, es solo su versión y sus cifras.

No tengo conocimiento que en algún momento los representantes académicos en la JU hayan  promovido algún encuentro con miembros de la comunidad universitaria para escucharlos y contar con información adicional. O simplemente, para medir el “humor” universitario.

Menos ocurre con los miembros externos, cuyos tiempos son limitados y se concretan a venir a las sesiones trimestrales. Es raro, por ejemplo, que declaren a la prensa sus impresiones. Se ha llegado a decir que hay un pacto interno de no hacerlo alegando que no tienen facultades.

Hay un silencio sepulcral acerca de los criterios con los que se elige o relige al rector en turno. Y del uso que le dan a las auscultaciones de la comunidad. Hasta se ha llegado a decir que en esos momentos se han recibido mensajes de oficinas gubernamentales (los conocidos “telefonazos”) o incluso se han tenido enviados que habrían esperado ser recibidos en sus sesiones.

Eso y muchas cosas más se escuchan de la JU, especialmente cuando se avecina el proceso de cambio de rector. Algunas de ellas pueden ser exageradas, imprecisas o simplemente falsas, pero está en la percepción de muchos miembros de la comunidad.

Ahora bien, no solo está en las funciones de la JU nombrar al rector sino también a los vicerrectores –a partir de las ternas que le presenta el rector- y proponer ternas al Colegio Académico para la designación de los auditores externo e interno (un asunto muy interesante de observar en otro momento).

Asimismo, entre esas funciones están la aprobación del presupuesto anual de ingresos y el Plan de Desarrollo Institucional. Todos ellos asuntos de suma importancia para la vida institucional y comunitaria.

Por ello es que, desde hace tiempo, se viene insistiendo en que el proceso de elección tanto de los miembros de la JU como de rector, se abra a la comunidad. Abrirlo frente a la opacidad que deslegitima la forma de gobierno que tiene la universidad. Considero que los universitarios aprendieron la lección de hace 25 años cuando, por sus diferencias internas, se implantó la ley que ahora rige y que le arrebató la decisión de elegir.

Llegué a poner el ejemplo del Itson en mi colaboración anterior, quien dio el paso al abrir la participación de su comunidad en la elección de rector y que yo sepa no se autodestruyó ni su calidad académica decayó.

Considero que la JU está a tiempo de tomar la decisión de proponer una forma novedosa y acorde a los tiempos de transparencia, de convocar a la elección de rector.  Y adicionalmente, deberá tomar otra actitud para que la comunidad a la que gobierna no la siga viendo como esa extraña caja negra que pesa mucho pero que se ignora qué contiene.

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora. fmora@sociales.uson.mx

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

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COMENTARIOS

3 Comentarios

  • Francisco Gonzalez dice:

    Caja negra, intransparencia, opacidad, cinismo = poder corrupto.

  • MARCO ANTONIO VALLES GROSSO dice:

    Sin duda alguna el más grande organo antidemocratico de la Universidad de Sonora.

    Toda vez, que todos los demas tambien lo son en la actualidad.

    Organos de representación que nunca INFORMAN A SUS BASES NI LO MÁS MÍNIMO, NO PUEDEN SER DEMOCRÁTICOS.

    ES UNA VERGÜENZA DE SER UNA UNIVERSIDAD DE PROCESOS DEMOCRÁTICOS, HOY LO SEA DE AUTORITARISMO Y ARBITRARIEDAD. SIMULACIÓN Y ENGAÑO.

  • Dr. Darío Arredondo dice:

    Tras la imposición de la Ley 4, o “Ley Beltrones”, la institución transitó de los fines académicos a los de control y fiscalización burocrática del personal académico, sin necesariamente pretender mejorar la calidad ni mucho menos el progreso y bienestar de los profesores e investigadores. Actualmente es una institución generadora de imagen, pero sin contenido que justifique el despliegue publicitario. Existen, por fortuna y excepción, académicos y administrativos agrupados en los sindicatos respectivos que, a contrapelo, luchan por una mejor universidad.

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