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El efecto de “la Pimentel”

POR Felipe Mora Arellano

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“La Pimentel” de Hermosillo (HMO) no estaba, ciertamente, entre las colonias de la ciudad clasificadas por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) con niveles significativos de incidencia delictiva, ni en los 10 polígonos identificados por la autoridad municipal como de mayor vulnerabilidad e inseguridad.

Sin embargo, el 1° de julio un hecho delictivo cambió el escenario. Una mujer de la tercera edad que vivía sola fue víctima de un robo. El joven ladrón al verse sorprendido la apuñala y le quita la vida. En su huida prendió fuego a la casa. El incendio es controlado y el cadáver descubierto. El joven, ahora asesino, fue capturado y espera sentencia.

La sorpresa de las autoridades no fue solamente porque el hecho haya ocurrido en una colonia aparentemente no conflictiva, sino por la manera en que reaccionaron los vecinos dispuestos a armarse para defender a sus familias y patrimonio y matar a quien los amenace.

Algunos vecinos informaron que los robos son frecuentes, que hay tiraderos de droga visibles a donde acuden personas de otras colonias y que lo que más les molesta, es que la policía no sólo sabe de esto sino que está coludida.

Cabe la posibilidad de que, en efecto, en “la Pimentel” ocurra una importante cantidad de incidentes pero que no se denuncian y pasan a formar parte de la cifra negra que rebasa con mucho los incidentes denunciados.

Las autoridades municipales y de seguridad pública acudieron al lugar y sostuvieron encuentros con los enfurecidos vecinos quienes no quitan el dedo del renglón en armarse en virtud de la deficiente seguridad que les brinda el gobierno.

En los medios se ha desatado una polémica sobre si armarse es legal y conducente. El efecto de “la Pimentel” ha hecho decir a la Gobernadora que no es la manera ni la forma en que deben actuar, refiriéndose a los vecinos.

El fusil hace el poder, decía el viejo Mao, pero no todos tienen la legitimidad, salvo el Estado, para hacerse de él y accionarlo, señalaría Max Weber. El problema está cuando la legitimidad se percibe desgastada y resulta inoperante si se le requiere.

El 19 de mayo pasado, a poco más de un mes de haber presentado los  programas Hermosillo Seguro y Escudo Ciudadano, el alcalde y las autoridades de seguridad municipal, daban cuenta que los índices de criminalidad en Hermosillo (incluían robos a casa habitación y a comercios, y personas lesionadas a causa de accidentes de tránsito) habían registrado un descenso en el periodo abril-mayo de este año.

La baja se atribuyó a la operación de los programas Hermosillo Seguro, Cuadrante Seguro, Hermosillo Mixto, Operativo Costa de Hermosillo, Operativo Némesis y Colonia Segura (Expreso viernes 20 de mayo 2016, 1 A).

En tres de los cuatro cuadrantes en que han dividido a la ciudad,  norponiente, nororiente y suroriente, la incidencia disminuyó en 24.8%, 32.12% y 27%, respectivamente. “La Pimentel” está ubicada en el cuadrante norponiente.

En esos cuadrantes está el 80.3% de las 619 colonias que registra la SSP. El cuadrante surponiente, con 122 colonias, registró, en cambio, un crecimiento de 16% en incidentes delictivos. En total se registraron en los cuatro cuadrantes mil 687 incidentes delictivos ocurridos en el periodo abril-mayo.

Con cifras tomadas de la página web de la SSP, se observa que los niveles de incidencia en Sonora y Hermosillo se mantuvieron si bien altos, estables de enero a diciembre de 2015. Como se observa en la figura, en la entidad se registró un pico en marzo de 2015 a partir del cual la curva descendió para dar un salto importante el fin de ese año, ya con el nuevo gobierno.

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En HMO, también se aprecia un pico en marzo 2015 con un descenso posterior y un comportamiento de incidencias que no rebasaron el número de mil (salvo en octubre 2015). En diciembre de ese año, igual que en la entidad, la curva emprendió el vuelo.

En marzo de 2016 tanto en la entidad como en HMO se alcanzó el mayor número de incidencias delictivas no registradas en los anteriores 15 meses.  En HMO, ocurrió 65.5% del total de los incidentes delictivos de Sonora, según se desprende de las cifras de la SSP.

La explicación de las autoridades sobre el incremento fue el inicio del nuevo sistema penal acusatorio cuyo procedimiento da entrada a cualquier denuncia sin tener la calidad de delito.

Si bien hay buenas razones para las autoridades de que las cifras fueron a la baja en el periodo abril-mayo, con todo, las registradas siguen siendo las más altas en los últimos 16 meses.

La respuesta de los vecinos de “la Pimentel” de armarse para defenderse no es sorpresa; en años pasados en varias colonias de la ciudad los habitantes formaron comités de auto-defensa ante la ola de robos y asaltos.

La figura organizacional evocaba, al menos de nombre, las autodefensas michoacanas que todo México conoció como respuesta de pobladores de comunidades a los cárteles de la droga.

El doctor Mireles, protagonista de las autodefensas, y ahora preso en HMO, declaró que luego de padecer agresiones, robos y muertes de parte de los cárteles, decidieron armarse cuando estos atacaron a sus mujeres, hijas y esposas, a su familia.

Durante los años 2014-2015, en HMO las colonias Real del Carmen, Quintas del Sol, Palo Verde (hoy entre las de mayor incidencia en el cuadrante surponiente de la SSP y las dos primeras entre las 10 colonias identificadas por el Operativo Cuadrante), Villas del Real (aún entre las de mayor incidencia en el Cuadrante Norponiente), las Amapolas (todavía una de las 10 colonias identificadas por el Operativo Cuadrante) y Mesa del Seri (no aparece identificada), fueron las primeras de la ciudad en donde grupos de vecinos se organizaron como comités de autodefensa y hacían rondines por las noches para cuidar por su seguridad. Pero hay muchas más, según el reportaje de Marlene Valero para Proyecto Puente.

Ante tales hechos, el alcalde de la pasada administración municipal declaró que permitiría las autodefensas vecinales pero sin que alteraran el orden público. En cambio, el Comisario en Jefe de la Policía Municipal las consideraba innecesarias y prometía resolver los problemas mediante reuniones y acciones conjuntas.

El fenómeno de la inseguridad y el hecho de que los habitantes se organicen para enfrentarla puso en el centro de la discusión la capacidad del gobierno de la ciudad (y de varias en la entidad) para resolver los problemas. Ausencia de gobierno se llega a decir.

De parte de las autoridades existe la convicción de que es necesaria la colaboración, organización y coordinación entre ciudadanos y gobierno para atender los problemas de inseguridad.

En días pasados, la coordinadora de Seguridad Ciudadana del ayuntamiento de HMO, Alba Celina Soto, declaró que, a la fecha, se han creado 600 comités en el casco urbano, casi uno por colonia, aunque con seguridad habrá colonias en donde hay varios de ellos y otras, quizás las más, donde no se hayan integrado.

Todos sabemos que no es suficiente con crear esos comités sin que se desarrolle un plan de acción encuadrado en una estrategia. Sabemos también que muchos de los que delinquen son víctimas de desigualdades, tuvieron falta de oportunidades, y vivieron y viven en la pobreza. Que las condiciones de sus entornos sumadas a las anteriores condiciones son propicias para convertirlos en delincuentes.

Durante dos días los diarios informaron de lamentables casos donde los jóvenes de esta ciudad fueron víctimas o victimarios: un cobrador de 24 años de edad fue asesinado por resistirse a un robo; quien dio muerte a la señora en “la Pimentel” tenía 27 años; un joven de entre 25-28 años se suicida al arrojarse de un puente. Todos ellos de la llamada generación millenial. Y estos casos abundan.

La deserción escolar, la urbanización horizontal, sin planeación y muy extendida, la falta de infraestructura y equipamiento urbanos e inadecuados en muchas colonias, las casas abandonadas y los lotes baldíos, viviendas pequeñas y deterioradas, transporte público deficiente que combinadas con el desempleo, la pobreza y el consumo de alcohol y drogas, la débil presencia de seguridad entre otros, son factores que contribuyen a la exclusión y al sentimiento de abandono de parte de sus moradores.

En la base de ello, encontramos en la historia de la ciudad factores precursores en lo económico, político, social y cultural que crearon condiciones propicias para la irrupción de diversas formas de violencia. Entre los factores de orden territorial se encuentran el crecimiento extensivo y fragmentado, la ausencia de suficientes espacios públicos y áreas verdes, segregación social, e insuficiencia de recursos de los gobiernos para la provisión de servicios urbanos.

Pero también hay factores de orden político, social y cultural que son precursores de la violencia y que trataremos en otro momento.

La participación ciudadana y los programas y políticas gubernamentales constituyen, por su parte, factores de contención de las violencias. Algunos organismos internacionales señalan la eficacia colectiva, una mezcla de capital social (relaciones, vínculos, acercamientos, acciones conjuntas entre vecinos) y expectativas compartidas para la acción, como medidas de contención.

Estas pueden fortalecer el tejido social y cambiar las normas sociales que toleran, producen y reproducen el uso de la violencia de género. Violencias entre hombres, y de estos hacia las mujeres y niñas, y entre mujeres.

Esperemos que el efecto de “la Pimentel” sirva más para detonar una respuesta eficaz de las autoridades y de la coordinación entre vecinos y gobierno, y menos para un tema de nota mediática amarilla y roja.

Si el alcalde y las autoridades de seguridad visitaron a los vecinos de “la Pimentel” seguramente no les alcanzará el tiempo para hacerlo en cada lugar donde sucedan estos incidentes en las más de 600 colonias que tiene la ciudad. Quizá sea preciso revisar la organización del aparato de seguridad para que, además de las visitas, se agilice la presencia de las policías cuando se les requiere.

Conviene que  también se dé amplia difusión –aunque mediáticamente no venda- a los casos eficaces de organización vecinal que con la intervención de las autoridades, sin ellas o a pesar de ellas,  lograron generar espacios de convivencia y tranquilidad para sus moradores.

Y desde luego, es necesario que la autoridad informe dónde sí y dónde no funcionaron los programas y valore a qué se atribuye el resultado positivo o negativo. Si esto se logra se habrá aprendido mucho del efecto de “la Pimentel”.

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora. fmora@sociales.uson.mx

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

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COMENTARIOS

2 Comentarios

  • Carlos Bonnafoux Gómez dice:

    Hay dos caminos para cambiar una comunidad en relación a seguridad, venta de droga y daño en propiedad privada y pública
    1- A corto plazo
    Organizarse los ciudadanos con alarmas colectivas, celulares , vigilancia y checar que exista vigilancia permanente. Además poner rejas o candados.
    2- A largo plazo
    Crear verdaderas comunidades de responsabilidad ciudadana que vayan subiendo la calidad de vida en cada colonia en que no se acepte ni la mínima violacion al bien común, es largo y de convencimiento
    En esta línea se deben reglamentar municipalmente los comportamientos de todos los vecinos y traunceuntes que si violan normas mínimas sean sancionados

    • Felipe Mora Arellano dice:

      Gracias por tu comentario, estimado Carlos. El camino en el corto plazo amerita llevar a cabo un diagnóstico hecho por los vecinos y con apoyo de las autoridades y académic@s y estudiantes de ciencias sociales. Hay importantes diferencias sociodemográficas entre colonias y eso es importante considerarlo para el desempeño de las organizaciones vecinales. El diagnóstico puede arrojar información valiosa para emprender el segundo camino que como bien dices, es largo y de convencimiento. Te mando y un abrazo.

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